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	<title>España &#8211; Seis Grados &#8211; Experiencias que nos conectan</title>
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	<title>España &#8211; Seis Grados &#8211; Experiencias que nos conectan</title>
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		<title>El VAR atenta contra el bar</title>
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		<dc:creator><![CDATA[wmseisgrados]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 30 Jun 2018 00:37:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[La vida después del fútbol]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El fútbol ha sido considerado durante años un deporte de pillos. Uno de los pocos contextos donde engañar&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h4 id="el-futbol-ha-sido-considerado-durante-anos-un-deporte-de-pillos-uno-de-los-pocos-contextos-donde-enganar-a-la-autoridad-es-bien-visto"><span style="color: #6e4d8b;">El fútbol ha sido considerado durante años un deporte de pillos. Uno de los pocos contextos donde engañar a la autoridad es bien visto</span></h4>
<p><strong>Por Lizandro Samuel</strong></p>
<p>Podía haber sido un bar, pero en realidad era una pastelería. Todos estábamos expectantes viendo el penal que se había pitado a favor de <strong>Senegal</strong> pero que ahora era revisado por el ya famoso <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/%C3%81rbitro_asistente_de_video">VAR</a>. “Es que no fue nada”, dijo un moreno flaco. “Nah, eso no es penal: lo van a anular”, insistió otro, que engullía una trufa de chocolate. El árbitro los escuchó: rectificó la decisión y <strong>Colombia</strong> se salvó de lo que muy probablemente hubiese significado un gol senegalés. Al final, los cafeteros ganaron el partido, 0-1.</p>
<p><em>La columna tecnológica: Fútbol y ciencia </em>es un cuento de <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Roberto_Fontanarrosa">Roberto Fontanarrosa</a>, en el que el rosarino relata cómo en un partido se estrena una nueva forma de arbitraje: desde una torre, equipada con más de treinta pantallas con tomas distintas, un juez controla el devenir del cotejo. La idea, dice el narrador, es que con esto acaben las largas polémicas y sesiones de reclamo dentro de las canchas: cuando un afectado insista en que el árbitro y la tecnología se equivocan, las dos pantallas gigantes de dentro del estadio reproducirán la acción al detalle para acabar con las dudas.</p>
<p>No solo no hubo debates en la pastelería, sino que tampoco los hubo sobre la cancha. El fútbol ha sido considerado durante años un deporte de pillos. Uno de los pocos contextos donde engañar a la autoridad es bien visto. Los suizos que pagan sus impuestos a tiempo fingen que recibieron una patada dentro del área rival para conseguir un penal, y sus compañeros les festejan la mentira. El fútbol no inventó la artimaña, solo la normalizó: acaba con la hipocresía que reina en tantas sociedades, partiendo de aquél viejo dicho de la prestidigitación: la mano –la caída, el pie– es más rápida que el ojo.</p>
<figure id="attachment_5662" aria-describedby="caption-attachment-5662" style="width: 620px" class="wp-caption aligncenter"><img class="size-full wp-image-5662" src="http://www.seisgrados.com.ve/wp-content/uploads/2018/06/el-comercio-colombia.jpeg" alt="colombia" width="620" height="356" srcset="https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/06/el-comercio-colombia.jpeg 620w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/06/el-comercio-colombia-300x172.jpeg 300w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/06/el-comercio-colombia-600x345.jpeg 600w" sizes="(max-width: 620px) 100vw, 620px" /><figcaption id="caption-attachment-5662" class="wp-caption-text">Foto El Comercio</figcaption></figure>
<p>Pero cuando el árbitro –un tipo estudiado, preparado, que se sabe las reglas mejor que cualquiera de nosotros– ve en una pantalla, desde diferentes ángulos y en cámara lenta, lo que sucedió se pierde todo el derecho a reclamar, se diluye cualquier engaño: lo que el colegiado decide es y no se diga más.</p>
<p>Son tantos los periodistas, entrenadores, futbolistas y hasta directivos que han construido su carrera alrededor de la polémica. Tantos los que tapan sus incapacidades con horas y horas de despotricar contra decisiones arbitrales. Tantos los goleadores que se benefician de penales inexistentes. Ahora todos los que vivimos del fútbol estamos obligados a mejorar: ya no se le puede echar la culpa al otro. O no, al menos, al error humano del árbitro.</p>
<p>Resulta sospechoso que la FIFA haya puesto tantos peros para ayudar a los vilipendiados jueces. El espray se tardó en universalizarse: esa espuma que ahora se rocía para marcar desde dónde se debe cobrar una falta y dónde se debe ubicar la barrera. Recuerdo tantos partidos, pero tantos partidos, en los que el cobrador ponía la pelota donde le daba la gana y la barrera irremediablemente se adelantaba. A mí, de chico, me enseñaron mis entrenadores a dar pasitos hacia adelante cuando formase la barrera. Hoy día eso es imposible: todos se dan cuenta si borras la espuma rociada sobre el piso.</p>
<p>Luego fue el <strong><em>Goal-line technology</em></strong>, ese chip que avisa al reloj del árbitro si la pelota traspasó la línea de gol. Y así, de repente, los bares se quedaron sin la posibilidad de debatir si un gol fue o no. Los programas de TV, resignados, tuvieron que empezar a buscar contenido verdadero para rellenar sus dos horas al aire. Se acabaron los goles fantasmas y con ellos una rara forma de injusticia. En el Colombia vs Japón, el portero nipón detuvo el disparo de Quintero dentro del arco, sacó el balón y luego dijo que no, que no había sido gol. Todos lo vimos con desdén: hoy día no hay forma de engañar a los colegiados con esas cosas. Los vivos o se hacen más sofisticados o tendrán que dedicarse a una ardua labor: ser mejores futbolistas.</p>
<p>El VAR, espero, llegó para quedarse. Es raro pensar en los <em>hubiese</em>. A Alemania la dejó fuera del Mundial una decisión corroborada por el video, mientras que una situación similar metió a España en octavos. Y el destino de portugueses e iraníes cambió hasta tres veces en 90 minutos: las tres veces que el colegiado decidió recurrir al VAR.</p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-5663" src="http://www.seisgrados.com.ve/wp-content/uploads/2018/06/var-room-rusia-2018.png" alt="var-room-rusia-2018" width="820" height="460" srcset="https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/06/var-room-rusia-2018.png 820w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/06/var-room-rusia-2018-300x168.png 300w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/06/var-room-rusia-2018-768x431.png 768w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/06/var-room-rusia-2018-600x337.png 600w" sizes="(max-width: 820px) 100vw, 820px" /></p>
<p>Es obvio lo que pocos se atreven a decir: si un comité de árbitros revisase al detalle todos los partidos de la historia del fútbol, es probable que el 70% de los campeones serían distintos.</p>
<p>Pero pasado pisado. Hay que poner el reloj en cero y hacer una marca en la línea de tiempo. Hasta ahora, la historia del fútbol se dividía en dos eras: Antes de la regla del <strong><em>offside</em></strong> y Después del <em>offside</em>. Habrá que agregar una nueva: Después del VAR.</p>
<p>Quizá llegó el momento de civilizarnos: de que el fútbol deje de ser el deporte de los bárbaros y empiece enseñorearse como el rugby, un juego en el que árbitros y jugadores llevan micrófonos para que todos –por TV– escuchen lo que dicen. Si eso no es transparencia, díganme qué es.</p>
<p>Los bares se calmarán, los “periodistas” tendrán que volver a hablar del peinado de los jugadores y los reclamos bajarán su intensidad. También, supongo, será cada vez más difícil recurrir al amaño de partidos. Quizá no en lo concerniente a jugadores y entrenadores, pero sin duda sí en lo que respecta a los árbitros: ya no existirá la excusa de “es que no lo vi”. A veces me pongo mal pensado y sospecho que por eso hay directivos que se oponen con tanta fuerza al <strong>VAR</strong>. Luego recuerdo cómo termina el cuento de Fontanarrosa: un par de misiles destruyen la torre y con ella al árbitro que estaba dentro. Todos intuyen que el acto terrorista es obra de un equipo “perjudicado” por la justicia del video. “Ellos también han progresado mucho”, dice, entonces, el propulsor del novedoso sistema.</p>
<p>Releo el cuento y siento escalofrío: temo que <em>ellos</em> también hayan progresado mucho.</p>
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		<title>Las canas del mago</title>
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		<dc:creator><![CDATA[wmseisgrados]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 21 Jun 2018 14:34:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[La vida después del fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[Ándres Iniesta]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Él, que se ha quedado calvo y canoso a punta de torear con el fuego del fútbol, no&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h4 id="el-que-se-ha-quedado-calvo-y-canoso-a-punta-de-torear-con-el-fuego-del-futbol-no-encuentra-todavia-la-manera-de-enardecer-unas-brazas-que-en-los-ultimos-diez-anos-han-bailado-a-su-antojo" align="justify"><span style="color: #6e4d8b;">Él, que se ha quedado calvo y canoso a punta de torear con el fuego del fútbol, no encuentra todavía la manera de enardecer unas brazas que en los últimos diez años han bailado a su antojo</span></h4>
<p align="justify"><strong>Por Lizandro Samuel</strong></p>
<p style="text-align: left;" align="justify">Andrés Iniesta, el segundo manchego más famoso de la historia, camina hacia la línea de banda con la parsimonia del que ya no tiene nada que perder y reflexiona sobre si le queda algo por ganar. Lo hace con cierta melancolía en los ojos, con unas bolsitas bajo los parpados un poco hinchadas. Con ese cúmulo de leña en la mirada que quiere ser fogata pero que aún, en Rusia 2018, no lo consigue. Y él, que se ha quedado calvo y canoso a punta de torear con el fuego del fútbol, no encuentra todavía la manera de enardecer unas brazas que en los últimos diez años han bailado a su antojo.</p>
<p style="text-align: left;" align="justify">Andrés Iniesta camina hacia la línea de banda porque, al igual que en el encuentro versus Portugal, está siendo sustituido. No para una ovación, no porque esté lesionado, no porque haya que cuidarlo. Sino porque, y he aquí lo más doloroso, era necesario: el partido lo pedía.</p>
<p style="text-align: left;" align="justify">España no logra ser tan dominante como debería ante la oficiosa Irán y el Mago, el Don, el Gasparín, no hace magia. No puede o no lo dejan.</p>
<p style="text-align: left;" align="justify">Sí es verdad que de sus botas, pinceles que han pintado los cuadros más favorables de la historia del fútbol español, salió un pase a control remoto que se coló entre la marea de piernas iraníes que ahoga los nados españoles hacia el arco rival. Un pase que tuvo la buena fortuna de estrellarse contra un par de piernas rivales, para luego rebotar contra otro par de piernas españolas y acabar, casi como una broma del destino, dentro del arco. Si el Olimpo existe, no queda duda de que se decidió a premiar (¿a salvar?) a uno de sus principales consentidos: un Andrés Iniesta que cada día está más cerca de abandonar el campo terrenal del presente para entrar a vivir con los Dioses que aún lo miman.</p>
<p style="text-align: left;" align="justify">El caso es que el manchego, en lo que va de Mundial, a veces es menos Don Quijote y demasiado Sancho Panza. Tiene esa lucidez que saca lustro a las ideas que fecundan en su cabeza, pero la barita mágica está apagada y no logra encenderla.</p>
<p style="text-align: left;" align="justify">Don Andrés juega su último Mundial y es imposible no acordarse de ese chiquillo de tez de papel y perfil bajo que se colaba entre el aura de maestros de Pep Guardiola, Xavi Hernández y Luis Enrique. Ese chiquillo de tez de papel que hablaba con fútbol y demudaba a los tres anteriores, que bien atinaron a predecir que ese chaval de intrascendente caminar sería lo más trascendental que vería el fútbol español en mucho tiempo.</p>
<figure id="attachment_5626" aria-describedby="caption-attachment-5626" style="width: 640px" class="wp-caption aligncenter"><img class="size-full wp-image-5626" src="http://www.seisgrados.com.ve/wp-content/uploads/2018/06/xavi-iniesta-messi-que-es.jpg" alt="xavi-iniesta-messi-que-es" width="640" height="407" srcset="https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/06/xavi-iniesta-messi-que-es.jpg 640w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/06/xavi-iniesta-messi-que-es-300x191.jpg 300w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/06/xavi-iniesta-messi-que-es-600x382.jpg 600w" sizes="(max-width: 640px) 100vw, 640px" /><figcaption id="caption-attachment-5626" class="wp-caption-text">Foto Que.es</figcaption></figure>
<p style="text-align: left;" align="justify">Andrés Iniesta cumplió todas las profecías y las superó. Se asoció con Xavi para escribir a cuatro patas el mejor libro de la historia del fútbol español y darle vida a la imaginación loca de un argentino que encabezó en la cancha la mejor época del Barcelona. Lo hizo con gracia y con maestría, sin meterse en líos, salvando de problemas a los demás, y superando dramas personales tan grandes que parecían molinos de viento al lado de los pucheros que suelen hacer tantos futbolistas profesionales.</p>
<p style="text-align: left;" align="justify">Hablar de todo esto resume, quizá, el <i>quid</i> de la situación: es más lo que tiene Iniesta para recordar sobre el césped que lo que le queda por soñar. Pero viene de hacer una temporada tan destacada, que jugó con la calma de los sabios para seguirle enseñando al planeta de qué va eso de jugar al fútbol. Y todos, españoles o no, esperamos que uno de los rostros más queridos del balompié mundial se retire de los grandes escenario con partidos a la altura de su leyenda. Partidos que no termina de cuajar.</p>
<p style="text-align: left;" align="justify">Iniesta se sienta en el banco, bebe agua, echa la cabeza hacia atrás. Otra vez, como tantas veces, su calva recuerda un poco a la de Zidane. Y quienes quieren ver a España alzando la Copa del Mundo no dejan de pensar en Alemania 2006 y cómo jugó aquella vez el otro mago.</p>
<p style="text-align: left;" align="justify">Ojalá la leña termine de encenderse.</p>
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		<title>La fe del Cristiano</title>
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		<dc:creator><![CDATA[wmseisgrados]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 16 Jun 2018 15:43:58 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[La vida después del fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[Cristiano Ronaldo]]></category>
		<category><![CDATA[España]]></category>
		<category><![CDATA[Lizandros Samuel]]></category>
		<category><![CDATA[Mundial de Rusia 2018]]></category>
		<category><![CDATA[Portugal]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Cuando marcó el tercero de sus goles, con el que puso el 3-3 definitivo, abrió los brazos para&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h4 id="cuando-marco-el-tercero-de-sus-goles-con-el-que-puso-el-3-3-definitivo-abrio-los-brazos-para-que-sus-companeros-corrieran-a-abrazarlo-como-un-elegido-que-se-ofrece-a-los-no-creyentes-para-hacerlos"><span style="color: #6e4d8b;">Cuando marcó el tercero de sus goles, con el que puso el 3-3 definitivo, abrió los brazos para que sus compañeros corrieran a abrazarlo, como un elegido que se ofrece a los no creyentes para hacerlos entrar en razón</span></h4>
<p><strong>Por Lizandro Samuel</strong></p>
<p>El último nivel del cambio de cualquier persona es el de sus creencias espirituales. Si un hampón modifica su peinado, aprende matemáticas o descubre que hay gente que lo quiere, es menos probable que altere sus conductas o su modo de ganarse la vida que si se convence de que es un siervo de Dios. La fe mueve montañas. Eso dice el lugar común. Yo no he visto a una montaña moverse solo porque alguien se convenció de que era posible. Pero sí he visto, y más de una vez, a un hombre con posibilidades finitas romper sus límites y enfrentarse –con éxito– a un ejército mejor preparado.</p>
<p>Ese hombre es <strong>Cristiano Ronaldo</strong>.</p>
<p>Todavía no he leído el primer relato de su vida que ahonde en lo más profundo de su persona. Cuando un escritor se proponga a desnudarlo, tendrá que convertirse en un Sherlock Holmes a la caza del sino del portugués: esa marca, o ese momento, en el que el niño se convenció de que por sus venas corría la sangre de los Dioses. Antes de que sus pies fueran tan letales como el martillo de <a href="https://lizandrosamuel.wordpress.com/2018/06/12/la-humildad-del-gigante-egolatra/">Thor</a>, hubo de creerse el relato de que su destino era el de un Dios nórdico.</p>
<p>Aunque pocas veces habla de sus creencias espirituales, su nombre deja claro que es cualquier cosa menos ateo. ¿A qué le reza? Los hechos demuestran que se ora a sí mismo.</p>
<p>La prensa en España pasó del optimismo bobo del amante adolescente al que la más guapa del colegio le rinde devoción, al desconcierto pesimista del matrimonio que descubre que ya solo los une el desprecio mutuo. La situación con <strong>Julen Lopetegui</strong>, el Real Madrid, Florentino Pérez, Jorge Méndez, la Real Federación Española de Fútbol y Luis Rubiales, ha sido un pasticho cuyo principal afectado fue la selección de España. Tanto alboroto nos recordó que en Europa también son humanos. Lo vanguardista que es el fútbol español no lo protegió de caer en las tonterías que a(r)mamos en Latinoamérica.</p>
<p>Me imagino que Cristiano habrá escuchado la polémica junto a sus compañeros y se habrán visto entre sí como lobos que olfatean sangre. Martín Caparrós escribió que el fútbol ayuda a desmantelar las ficciones: una de las que podría venirse abajo con España, si gana el Mundial, es la de que los gobiernos son un mal necesario. A mí me parece, más bien, que los cuerpos técnicos no son gobiernos sino líderes comunitarios.</p>
<p>España jugó ante Portugal tan aceitada como puede hacerlo un combinado que rema para el mismo lado y que tiene tanto talento como líderes que saben ponerse de acuerdo. No es ahí donde Fernando tendrá que hacer valer su mano de Hierro, sino cuando los partidos empiecen a requerir de la intuición del DT para alterar la hoja de ruta. En su debut en Rusia 2018, España jugó contra lobos hambrientos y, de a ratos, usó la pelota para amaestrarlos.</p>
<figure id="attachment_5614" aria-describedby="caption-attachment-5614" style="width: 996px" class="wp-caption aligncenter"><img class="size-full wp-image-5614" src="http://www.seisgrados.com.ve/wp-content/uploads/2018/06/luis-rubiales-fernando-hierro-elconfidencial.jpg" alt="" width="996" height="560" srcset="https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/06/luis-rubiales-fernando-hierro-elconfidencial.jpg 996w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/06/luis-rubiales-fernando-hierro-elconfidencial-300x169.jpg 300w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/06/luis-rubiales-fernando-hierro-elconfidencial-768x432.jpg 768w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/06/luis-rubiales-fernando-hierro-elconfidencial-600x337.jpg 600w" sizes="(max-width: 996px) 100vw, 996px" /><figcaption id="caption-attachment-5614" class="wp-caption-text">Foto El Confidencial</figcaption></figure>
<p>Pero enfrente se consiguió con la fe del más creyente de los futbolistas. Acaso porque este cybor no está programado para la duda, <strong>Cr7</strong> recuperó su aura de semi dios para convertirse en figura de un partido en el que ya había demasiados candidatos –todos españoles– a los que aplaudir.</p>
<p>Cuando marcó el tercero de sus goles, con el que puso el 3-3 definitivo, abrió los brazos para que sus compañeros corrieran a abrazarlo, como un elegido que se ofrece a los no creyentes para hacerlos entrar en razón. En el 2004 lo veían raro cuando se sentía el mejor jugador de una selección que comandaba Luis Figo. En el 2006 todos sabían que era de lo mejor de la Premier pero pocos creían que sobre su espalda cupieran todas las esperanzas de un club que juega en un estadio al que apodan El teatro de los sueños. Cuando llegó al Madrid, pronto quedó claro que sus aspiraciones por alcanzar al Pep Team y a Lionel Messi eran ingenuas. Y casi todos asumimos que probablemente se retiraría sin ganar un título con Portugal.</p>
<p>Cristiano se tiene más fe a sí mismo que incluso los más leales de sus compañeros. Aunque hay logros que se escaparán de sus botas, nadie podrá decir que no lo intentó hasta el final.</p>
<p>A ver si entendemos la fuerza de su relato. A estas alturas, solamente él puede creer que su nivel es comparable –o incluso superior– al de Lionel Messi, mientras en los bares de todo el mundo el único debate viable es el de si Lio es solo el mejor de los últimos 20 años o es el mejor de la historia. Mientras todos dicen que el argentino compite contra Pelé y Maradona, Cristiano solo piensa en sí mismo. En ese afán, Cr7 hoy día podría retirarse con más Balones de Oro y Champions que la Pulga. Que es como decir que Metallica ganó más premios que The Beatles.</p>
<p>Después de vibrar como niño con el empate a tres entre Portugal y España, no puedo dejar de hacerme una pregunta: ¿cómo sería mi vida si fuese un poco más como Cristiano? No me refiero a depilarme, broncearme, sacarme las cejas o regodearme en mi ego; sino a convencerme de mis posibilidades con la fe ciega del fanático religioso. Mientras trato de encontrar una respuesta que me convenza, me topo en Internet con las declaraciones que dio Cr7 al finalizar el partido. <em>“Siempre creí en mí”,</em> dijo.</p>
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		<title>(Des)enterrar a los muertos</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2017/11/desenterrar-los-muertos/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 22 Nov 2017 15:06:34 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Reportajes]]></category>
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		<category><![CDATA[Pinochet]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El ‘caso Neruda’ –cuya muerte apunta a la mano del régimen de Pinochet– arroja, como el de Lorca&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h5 id="el-caso-neruda-cuya-muerte-apunta-a-la-mano-del-regimen-de-pinochet-arroja-como-el-de-lorca-y-el-de-los-desaparecidos-de-la-guerra-civil-una-zona-de-sombra-que-co"><strong>El ‘caso Neruda’ –cuya muerte apunta a la mano del régimen de Pinochet– arroja, como el de Lorca y el de los desaparecidos de la Guerra Civil, una zona de sombra que contagia el relato colectivo de toda la comunidad</strong></h5>
<p><strong>Por </strong><a href="http://ctxt.es/user/profile/miguelangelortegalucas"><strong>Miguel Ángel Ortega Lucas / Ctxt.es</strong></a></p>
<p class="p1"><em>“Más vale que no tengas que elegir / entre el olvido y la memoria”</em>, dicen dos versos de una vieja canción de Sabina. Pero ahí nos encontramos, demasiadas veces; en esa batalla sorda sobre la almohada que se debate entre recordar o no, entre querer saber, o no (pues nunca se sabe qué nos encontraremos si abrimos  finalmente esa puerta al final de pasillo). Saber, por ejemplo, cómo sucedió aquello que nos marcó de manera irreparable, para bien o para mal, y que decidió en gran parte lo que somos; cómo fue aquello, en qué circunstancias, <em>por qué. </em></p>
<p class="p1">Ese enigma puede tener que ver sólo con nuestra historia, pero también con la Historia, en mayúsculas; trenzadas ambas de manera inextricable, pues la segunda no puede entenderse sin las millones de historias de cada uno de nosotros.</p>
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<p class="p1">“&#8230;La cuestión radica ahora en saber si las bacterias tóxicas detectadas en la pulpa dentaria corresponden a una cepa de laboratorio o a una contaminación posterior del organismo, a una infección normal en el caso de un cáncer avanzado&#8230;”.</p>
<p class="p1">Aurelio Luna es médico forense de la Universidad de Murcia; desde allí nos habla, sobre el enigma de una historia (médica, humana, política y novelesca) que saltó al dominio público hace ahora seis años: las circunstancias de la muerte del legendario poeta chileno, premio Nobel en 1971, Pablo Neruda. La fecha y el lugar de su defunción (el 23 de septiembre de 1973, en la Clínica Santa María de Santiago de Chile) siempre han estado claras; la causa parecía estarlo también: Neruda sufría un cáncer de próstata, y habría muerto a consecuencia de ello. Pero el súbito testimonio, casi cuarenta años después, de su chofer y secretario particular, Manuel Araya, hizo disparar otra hipótesis.</p>
<p class="p1">raya consiguió hacerse oír en 2011. (La revista mexicana <a href="http://www.proceso.com.mx/269909/269909-neruda-fue-asesinado"><em>Proceso </em>fue la primera en recoger su testimonio</a>. También denunció –<a href="https://www.youtube.com/watch?v=25X_7cP8ynk">en este vídeo por ejemplo</a>– la presunta ignorancia voluntaria respecto al tema por parte de los medios de comunicación de su país). Según él, Neruda se encontraba perfectamente hasta el mismo día de su muerte, con el cáncer “controlado” para “años vista”. Y su traslado a la Clínica Santa María no fue por motivos médicos sino de seguridad: tras el golpe de Estado militar del 11 de septiembre, el hostigamiento a su casa de Isla Negra fue en aumento. El escritor estaba resuelto a exiliarse en México de manera inminente para liderar desde allí la oposición internacional a Pinochet –más por su poderosa influencia que por su militancia en el Partido Comunista de Chile–, y fue la Embajada mexicana la que le consiguió una habitación en la mencionada clínica. Lo trasladaron el día 19.</p>
<p class="p1">Tenía pensado salir del país en muy escasos días, y un avión disponible enviado por el gobierno mexicano. El día 23 pidió a Araya y a su mujer, Matilde Urrutia, que fueran a recoger a su casa varias cosas de importancia (objetos y algún manuscrito). Pero esa misma tarde, sobre las cuatro, les llamó alarmado diciéndoles que alguien (“un médico”) le había puesto una inyección en el estómago mientras dormía: “Vénganse rápido”. Cuando volvieron lo encontraron afiebrado, con la piel rojiza. A Araya –cosa extrañísima– un médico le pidió, al parecer, que saliera a comprar a la calle cierto fármaco. En la calle fue atacado por un grupo de individuos que le habían seguido en coche, y acabó torturado, pero no muerto, en el Estadio Nacional. Neruda murió ese mismo día, sobre “las ocho de la tarde”.</p>
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<p class="p1">A raíz de la denuncia de Araya, el juez Mario Carroza –cuya tenacidad está resultando clave para no cerrar el proceso en falso– dispuso la exhumación del cadáver dos años después, con el fin de esclarecer las causas de su muerte. Los análisis comenzaron en abril de 2013, a cargo de un cuadro de expertos internacionales entre los que se encuentra Aurelio Luna. En este tiempo pudieron hallar restos de estafilococo dorado –una bacteria potencialmente letal–, pero concluyeron que se trataba de una “contaminación posterior” del cadáver. Los últimos trabajos concluyeron el pasado octubre, pero el equipo continúa indagando la existencia de gérmenes o toxinas bacterianas que pudieran proceder del exterior (de la supuesta inyección denunciada por Araya).</p>
<p class="p1">Algo que está claro, “descartado al cien por cien”, dice Luna, es que Neruda muriera en última instancia por “caquexia cancerosa”, que es lo que figuraba en el certificado de defunción: los últimos análisis no han confirmado ninguno de los elementos que permitirían establecerlo así (Neruda sobrepasaba los 100 kilos de peso en el momento de su muerte). Lo que sí pudo sufrir es “una infección derivada de otra cosa”; ahí entrarían esas bacterias halladas ahora en la región dental. Se trata en este momento de saber, por exámenes de genómica bacteriana, si las produjo su propio organismo, como el estafilococo, o venían de afuera, en cuyo caso podría suponerse “la intervención de un tercero en el fallecimiento”.</p>
<p>Según el forense, las probabilidades de saber a ciencia cierta las causas de la muerte del chileno apenas alcanzan el 25%, debido al tiempo transcurrido desde entonces, al deterioro de los restos. De no establecerse con certeza lo que sucedió, “todas las opciones permanecerían abiertas”.</p>
<h4 id="construir-el-relato" class="p1"><span style="color: #48296b;"><strong>“Construir el relato”</strong></span></h4>
<p class="p1">Pero existe, en este tipo de asuntos, una pregunta previa, mayor, que engloba a todas las demás: ¿por qué queremos saberlo?; ¿a qué obedece esa obsesión? ¿De dónde nace esa necesidad de desentrañar lo que sucedió, hasta el último aliento, hasta alcanzar eso –tan resbaladizo– llamado <em>certeza</em>? Como si ese enigma no tuviera ya en realidad que ver con los protagonistas del misterio sino con quienes quedan después velándolo: a Neruda (y a Federico García Lorca, y a todo <em>desparecido</em> en cualquier tiempo y latitud), una vez muerto, no es probable que le importe mucho ya. ¿Cuál es el motor originario, entonces, que nos lleva a querer saberlo, no por ellos, sino por <em>nosotros</em>?</p>
<p class="p1">“Nosotros somos nuestra historia”, responde Luna. En la búsqueda de nuestra identidad (la mayestática pregunta anterior a todas: quiénes somos, y para qué lo somos) “necesitamos certezas”, “las máximas evidencias posibles sobre cómo ocurrieron las cosas”. Algo que “trasciende las repercusiones jurídicas”. “Gran parte de lo que somos” como especie se explica por “la capacidad de indagar sobre el pasado, y a esa luz intentar comprender el presente y planificar el futuro. Eso requiere no sólo recoger evidencias, sino también integrarlas en el relato con los datos más consistentes posibles; buscar la verdad. Desde las pirámides y las civilizaciones perdidas”. Y desde el origen de <em>todo</em>: de ahí las cosmogonías, la mitología, el relato místico o religioso. <em> </em></p>
<p class="p1">Ese relato, personal y colectivo, es con lo que tratamos cada día de “dar sentido a lo que hacemos: nuestra pequeña historia es una pieza del puzle global de la Humanidad. Tratamos de colocarnos en una foto más grande. Y la foto tiene que ser lo más nítida y coherente posible porque nos da miedo la incertidumbre, las zonas borrosas de la historia que no percibimos con la suficiente nitidez. Ahí es donde entra gran parte de la necesidad de reconstruir lo que pasó”.</p>
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<p class="p1">Y <em>ahí al fondo está la muerte, </em>que escribió Cortázar. Si la vida es el relato, la muerte es su cierre, lo que sella y cristaliza todo lo vivido: y si tratamos de dar sentido a nuestro propio puzle, a nuestro propio relato como una foto fija y nítida, también intentaremos dárselo al de aquellos que más influyen en el <em>puzle global, </em>colectivo. La nueva zona de sombra que ha arrojado el <em>caso Neruda </em>en el relato contemporáneo de Chile puede acabar asemejándose a su propia (gigantesca) figura: “Claro”, dice el forense; “para construir su relato, el pueblo chileno necesita aclarar también esa zona de incertidumbre”. “Dar una respuesta”, de nuevo, “a algo que queda en la indefinición”.</p>
<p class="p1">No soportamos esa indefinición (<em>“La imprecisión es el infierno conocido”</em>, escribió Luis Rosales.) En lo que se refiere a las cuestiones esenciales de la historia de aquellos que amamos, como su muerte, cómo acabó su historia, mayor infierno es el <em>no saber, </em>el laberinto interminable de las posibilidades, que la certeza de algo que fue atroz, pero de lo que al menos podemos estar seguros; la imaginación es mucho más peligrosa, en general (en general), que lo que realmente puede ocurrir.</p>
<p class="p1">Raúl de la Fuente es psicólogo social, dedicado sobre todo al acompañamiento en duelo de familiares de desaparecidos, colaborador de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica. Para que los que les lloran puedan cumplir su duelo, en el caso de los desaparecidos, dice, aquéllos “necesitan saber lo que pasó”, lo cual incluye inexorablemente “saber dónde está ese cuerpo”. Es esencial para poder “interiorizar la pérdida” y por ende “la despedida”. Sin saber cuál fue el final (peor: sin saber si <em>ya ha habido </em>un final, en el caso de los desparecidos recientes por otras causas), no podemos construir el relato, y entonces la caja de tortura de la mente dando vueltas al asunto no es capaz de sanar, de cerrar el círculo: “No puedes hacer un punto y aparte para continuar con tu vida”. Con una historia nueva que permita seguir viviendo.</p>
<p class="p1">Según De la Fuente, algo común en todos los familiares de desaparecidos es tratar de reconstruir la historia desde el punto en que no se supo de él. Por eso, “unos huesos” perdidos en una cuneta, o en un monte, no son sólo unos huesos: son el último vestigio, el único vínculo tangible (el ser humano necesita ver y tocar) que queda “entre el muerto y el que queda aquí”. Y más: ese cierre del relato es lo que después permite contarlo a los descendientes, dar respuestas a las inevitables preguntas futuras.</p>
<p class="p1">El psicólogo recuerda una anécdota concreta: con la apertura de una fosa de asesinados durante la represión franquista en Granada, la ARMH exhumó dos cuerpos. Sólo entonces, y a través del relato de los otros descendientes, la hija de uno de ellos pudo saber finalmente (o aproximarse algo mejor a saber) quién fue su padre en realidad: toda la vida había escuchado que “lo habían matado porque <em>algo habría hecho, </em>porque era muy malo”. Esta mujer había vivido siempre, al parecer, a la sombra de “una historia manipulada”. Se fue con el alivio de haber conocido mejor la verdad.</p>
<p class="p1">Porque en ese caso la nueva versión de los hechos pudo ser positiva, pero no es lo relevante; también pudo ser lo contrario: lo importante aquí –conviene destacarlo– es que no es la <em>buena</em> o <em>mala</em> versión lo que libera, sino la verdad, sea cual sea ésta: “Siempre, siempre”, asegura De la Fuente; “aunque fuera un criminal, necesitas saber la verdad. Lo malo es la rumorología, el no saber a qué atenerte”, con lo cual “no se puede elaborar nada” real. La incertidumbre, de nuevo.</p>
<p class="p1">Producto en muchos casos del miedo, y la vergüenza: muchas veces, cuenta el psicólogo, “cuando vas a un pueblo donde se sabe que hay una fosa común, el primer comentario es rechazarlo”. Los vecinos dicen que no, que allí no hay nada. “Es como una mancha; les cuesta asumir que allí se produjo una matanza. Antes negarlo mil veces que reconocerlo&#8230;”. Porque “si tiras de los hilos familiares”, nunca se sabe (o sí&#8230;) lo que puede salir a la luz. O lo que podría recordarse en voz alta. Y aquí entra otra zona de sombra a la que no se suele prestar atención: no son sólo los descendientes de las víctimas los que pueden cargar con el peso irresuelto de lo sucedido; también las de los verdugos (en ocasiones, además, pueden darse las dos categorías en un solo individuo, si se lee la situación con honestidad).</p>
<p class="p1">Secretos a voces sobre “lo que hizo tu abuelo”, por ejemplo; casos en los que también hay que recordar a los descendientes que ellos “no tienen la culpa”, no son responsables de ello. La tristeza del descendiente de un asesinado no tiene, en puridad, de qué avergonzarse; la de quienes cargan con pecados familiares notorios sí. (Habrá quien se enorgullezca de ciertos actos de barbarie de sus ascendientes; otros muchos no).</p>
<h4 id="salir-del-laberinto" class="p1"><span style="color: #48296b;"><strong>“Salir del laberinto”</strong></span></h4>
<p class="p1">En cualquiera de los casos, “todos sabemos”, dice De la Fuente, o deberíamos saber, “que el silencio” sobre ciertas cuestiones, la represión sobre lo que quiere emerger, “hace pus”. Aunque sea de manera inconsciente, existen llagas que pueden heredarse por muchas capas de sombra que se les eche encima. Sólo la revelación sana. Y esa sanación no es, al menos en lo relacionado con nuestra guerra civil, algo que ataña exclusivamente a las piezas particulares del puzle: con el dolor, la vergüenza, la tristeza de todas esas piezas pequeñas, es como llegamos al dolor y la vergüenza, el resentimiento, el miedo y la tristeza del <em>puzle global </em>del que habla el forense; llámese aldea, nación o especie.</p>
<p class="p1">Por eso, lo referido a la Guerra Civil española, lo que sucedió antes, durante y después de ella, debería abordarse como una cuestión urgente de sanación colectiva; de salud cívica, moral y psicológica de toda la comunidad. No es una cuestión de bandos políticos, sino de “empatizar”. “No es hablar con un familiar de <em>éstos </em>o de los <em>otros</em>; es un relato humano”, dice el psicólogo. La historia de alguien que sufre: nada más. Y nada menos. “Pero aquí pesa más la confrontación. No se puede hablar de derechos humanos sin que alguien le ponga una etiqueta”. Etiqueta de color y siglas concretas, se entiende (tampoco en esto soportamos la <em>indefinición</em>).</p>
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<p class="p1">El científico Aurelio Luna ahonda también en esto, al preguntarle por el caso de <a href="http://ctxt.es/es/20160921/Culturas/8556/donde-estan-los-huesos-de-Lorca-Federico-Garcia-Lorca-asesinato-fosa-memoria-historica.htm">Lorca [el último intento de encontrar sus restos también resultó infructuoso]</a>, símbolo universal no sólo de esta guerra sino de la concatenación de infortunios y de infamias a que puede llevar cualquier guerra entre <em>semejantes</em>: “Una incertidumbre más a la hora de contextualizar nuestra historia. El problema de nuestra guerra civil es que está demasiado próxima en el tiempo. Todavía despierta gran carga de <em>anticuerpos, </em>en un sentido y en otro. Y el análisis de la realidad necesita de un entorno más sereno”. Esa serenidad es difícil porque, en su opinión, habría que situarse al menos “a 100 años del tema”.</p>
<p class="p1">El problema es que han pasado ya ochenta, y la tormenta no parece amainar. “El componente emocional no se va a perder nunca. Pero no es lo mismo el que recuerda un amor reciente que el que recuerda uno a cincuenta años vista. Desde esa perspectiva es fundamental descifrar qué ocurrió. Cada país tiene sus propios fantasmas, y España ha sido un país muy turbulento siempre. Desatar los nudos del resentimiento de manera completa no es posible, aunque sí aflojarlos”. Pero “no hemos hecho una psicoterapia de liberación todavía”.</p>
<p class="p1">Y no ayuda en absoluto la atmósfera política: “Quizá por insuficiencia de su relato ideológico”, opina Luna, “mucha gente ha tenido que construirlo sobre lo que sucedió en 1936. Hay gente que ha sido incapaz de salir del laberinto. Un psicoanalista te diría que se han quedado en una fase de regresión.  El relato político sigue ahí, con anclajes en muchas cuestiones que no se han resuelto. La evolución ideológica de la mayoría de los partidos”, de uno y otro espectro, indica para él “que no es que no hayan asimilado el conflicto, sino todo lo contrario”. De ahí la incapacidad, entonces, de “construir un horizonte” que trascienda lo que sucedió.</p>
<p class="p1">Pero para eso, como apuntaba el psicólogo, hay que reconocer lo que sucedió. No para ajustar cuentas, sino para sanarlo, “poner un punto y aparte”, poder seguir de una vez con la vida; no con otra, pero sí con otra manera de vivirla. Reconocer no es vindicar, y tampoco ignorar: la Ley de Amnistía para los presos políticos de la dictadura franquista, aprobada hace ahora cuarenta años, amnistiaba también “los delitos cometidos por funcionarios y agentes del orden público contra el ejercicio de los derechos de las personas”. Es decir, los cuarenta años anteriores de violación de derechos humanos en España pasaron entonces al limbo. Al limbo jurídico, que no al psicológico y moral de toda una sociedad que pretendió abrirse al futuro escondiendo al mismo tiempo el pasado en el sótano.</p>
<p class="p1">Pero sólo la revelación, el <em>re-conocimiento, </em>sana, y permite articular limpia y coherentemente el relato de quiénes somos. Muchos “necesitan saber” qué ocurrió con Neruda, con Lorca, con los desaparecidos en la Guerra Civil y con los desaparecidos antes de ayer a la vuelta de la esquina (<a href="http://ctxt.es/es/20171018/Politica/15774/entrevista-Diego-Ancalao-mapuche-Chile-Santiago-Maldonado.htm">Santiago Maldonado</a>, por ejemplo, este mismo año en la Patagonia); no para <em>reabrir heridas</em>, sino justo para lo contrario: cerrarlas de una vez, permitir que cicatricen, curarlas. Por muchas incomodidades, vergüenzas o miedos cervales que emerjan en el camino –más peligrosos que los mismos fantasmas que se trata de conjurar–: la muerte es el final del relato. Y aunque rara vez, en realidad, podamos llegar a saber qué fue <em>exactamente </em>lo que sucedió (ni siquiera en nuestra propia vida sabemos tantas veces cómo y por qué sucede lo que nos sucede), el afán por saberlo parece ser invencible.</p>
<p class="p1">Quizás porque, justo un paso más allá de ese final, aguarda el enigma mayor: para qué nos morimos. “Qué sentido tiene”, dice Aurelio Luna, “que un ser no pueda seguir viviendo”. La ironía está en que es precisamente la muerte –el final– lo que da sentido a todo este relato.</p>
<p><strong>Fuente: <a href="http://ctxt.es/es/20171115/Politica/16118/memoria-historica-neruda-lorca-desaparecidos-guerra-civil-ortega-lucas-ctxt.htm">Ctxt.es</a></strong></p>
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		<title>“Soy antisistema, no escribo novelas de la equidistancia”</title>
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		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 20 Nov 2017 12:41:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Dictadura]]></category>
		<category><![CDATA[España]]></category>
		<category><![CDATA[Franquismo]]></category>
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		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Silvina Friera / Página 12 En Los pacientes del doctor García, cuarto título de la serie Episodios&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<div class="article-author"><strong>Por Silvina Friera / <a href="https://www.pagina12.com.ar/77095-soy-antisistema-no-escribo-novelas-de-la-equidistancia">Página 12</a></strong></div>
<div></div>
<h5 id="en-los-pacientes-del-doctor-garcia-cuarto-titulo-de-la-serie-episodios-de-una-guerra-interminable-se-da-la-situacion-de-personajes-que-son-sobrevivientes-de-la-guerra-civil-espanola-la-dictadura-fr">En Los pacientes del doctor García, cuarto título de la serie Episodios de una Guerra Interminable, se da la situación de personajes que son sobrevivientes de la Guerra Civil Española, la dictadura franquista y la última dictadura argentina.</h5>
<p>“Los muertos no pueden emborracharse”. La frase podría ser el bellísimo y certero estribillo de Los pacientes del doctor García (Tusquets), la cuarta novela de la serie de Episodios de una Guerra Interminable que está escribiendo Almudena Grandes. Ser sobrevivientes de la Guerra Civil Española, la dictadura franquista y la dictadura cívica militar, no es una misión imposible. Aunque lo parezca. Las documentaciones falsas y las identidades “prestadas” o suplantadas atraviesan los itinerarios de dos amigos republicanos: el médico Guillermo García Medina, que luego de la victoria de Francisco Franco no puede exiliarse y sigue viviendo en Madrid con otro nombre; y Manuel Arroyo Benítez, un diplomático que logra infiltrarse en una organización clandestina de evasión de criminales de guerra y prófugos del Tercer Reich, dirigida por Clara Stauffer desde Madrid, que se extiende hasta la Argentina, donde transcurre una parte significativa de la novela.</p>
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<p>Almudena recibe a los periodistas en el Café de los Angelitos, uno de los lugares donde transcurre Los pacientes del doctor García. “Yo no lo elegí, me lo eligieron. Cuando la novela llegó a Buenos Aires, me di cuenta de que la ciudad que mejor conozco es una ciudad de ricos, porque la editorial me lleva siempre a Recoleta o a la Plaza San Martín y yo pensaba: los nazis tenían que vivir en los sitios que conozco, pero cuando necesitaba llevarme a Manolo Arroyo, a mi agente secreto, y despegarlo de los nazis, no me valía el Buenos Aires que conocía -advierte la escritora en la entrevista con PáginaI12-. Hablé con una amiga, Elena Boledi, una profesora retirada muy estudiosa de la literatura española, y le dije: ‘necesito un barrio popular y populoso, donde un personaje se pueda perder y no llame la atención porque hay mucha gente siempre’. Ella me recomendó su barrio, Balvanera, me recomendó una calle y me dijo que mejor viviera en una pensión que podía estar en la calle Combate de los Pozos. Me eligió todo. Dos horas después de mandarme aquel mensaje, me mandó otro en el que me decía que al lado de la casa donde había puesto la pensión hay un café de tango antiguo, muy famoso, que se llama Café de los Angelitos. Como soy española, me parecía una cursilada, qué nombre más feo, ¿no? Pero cuando entré a Internet y leí la historia del lugar me encantó”.</p>
<p><strong>–¿Por qué Los pacientes del doctor García es su novela más argentina?</strong></p>
<p>–En ninguna novela mía ha habido otra ciudad que compita con Madrid como Buenos Aires. Es mi novela más internacional porque mis personajes llegan mucho más lejos que las anteriores; los dos polos de la novela son Madrid y Buenos Aires. En esta novela decidí que iba a incorporar la variante del español que se habla aquí. Entonces decidí que mis argentinos iban a vosear y para mí fue divertido y emocionante en una novela tan complicada, donde he tenido que sudar tanto para documentarla, y que me ha costado tanto trabajo. Cuando me tocaba vosear, me ponía como loca: ¡ay qué bien, qué alegría, voy a vosear! Cuando terminé la novela, se la mandé a Paola Lucantis para que me la corrigiera y me corrigió muchas cosas, pero voseos solo siete.</p>
<p><strong>–Al compararla con las anteriores novelas, Los pacientes del doctor García abarca un período de tiempo más largo, da la impresión de que es una novela que muestra las dos caras de la moneda: la esperanza y el fracaso&#8230;</strong></p>
<p>–Si, y pasa algo más que tengo muy meditado. Cuando empecé a pensar en escribir esta serie, que para mí ha sido un privilegio, me di cuenta de que tenía un problema: seis novelas seguidas sin finales felices para un novelista son un poco complicadas. Y estas iban a ser seis novelas sin final feliz, la crónica de un fracaso que el lector ya sabe que es un fracaso anunciado desde antes de empezar a leer. Entonces decidí que, en la medida de lo posible, iba a intentar regalarles un poco de felicidad a mis personajes. Por un lado, todos sobreviven al dictador, es muy poca felicidad, pero es un principio. Ellos tienen hijos, que para los izquierdistas de los años 40 era muy importante, construyen una familia, prosperan de alguna forma. El fracaso es compartido en todas las novelas de la serie. Lo que pasa es que estos pican muy alto, la ambición de ellos es muy elevada y es como el último cartucho, porque la próxima novela se sitúa en los años 50, cuando ya no había esperanza. En Los pacientes del doctor García, llegan a Buenos Aires y logran infiltrar una organización criminal, tienen en sus manos las pruebas y no le valen de nada. Entonces se caen de muy arriba. No es que fracasen más que los otros, pero como su ambición es mayor se hacen más daño.</p>
<p><strong>–¿Por qué hay una fascinación y repulsión por Clara Stauffer en esta novela?</strong></p>
<p>–Clara fue el motor de esta novela. Yo descubrí a Clara en un libro sobre Franco y los nazis, en aquella época en la que leía sobre Franco y cualquier cosa: Franco y las matemáticas, Franco y el dólar… Lo primero que me impresionó de Clara fue que viviera en Galileo 14, tan cerca de mi casa, y la cantidad de veces que yo pasé por delante de la suya. Luego empecé a buscar información sobre ella y ya se apoderó de mí. Como personaje, es un tesoro. No es nada fácil de definir, tiene muchas capas, muchas dimensiones: es una mala que tiene luces.</p>
<p><strong>–No es una mala tosca.</strong></p>
<p>–No. Y es una mala con sentimientos, aunque sus sentimientos vayan dirigidos a gente de lo peor. Esa especie de ambigüedad moral del personaje es fascinante.  Ella fue la fundadora de la Sección Femenina de la Falange, que fue el organismo que decidió la vida de las mujeres españolas durante la dictadura. Ella nació en España, se fue a dar el bachiller a Alemania, se hizo nazi, volvió a España cuando se proclamó la República; entonces ella se hizo a sí misma gracias a las libertades republicanas. Y lo primero que hizo cuando Franco ganó la guerra fue prohibir a todas las mujeres españolas la condición que a ella la había convertido en lo que era. Me llama la atención su eficacia, porque su trabajo lo hizo muy bien. Aunque trabajó para la flor y nata del mal, los criminales nazis, fue una mujer tremendamente abnegada, sacrificada, entregada a su causa. Para los nazis de toda Europa, Clara Stauffer era un nombre mítico, como una hada madrina. Me parece que para que los malos funcionen bien en una novela tienen que tener luces. Y Clara traía las luces de fábrica.</p>
<p><strong>–Un tema que la sensibiliza es la historia de los republicanos en el exilio y sus empresas locas o sus intentos vanos de tratar de volver o de infiltrarse en alguna organización. </strong></p>
<p>–En España, hay mucha gente que cree que los exiliados se exiliaron para exiliarse. Muchos no pararon de maquinar y de intentar por todos los medios que la ONU no admitiera a Franco. Y lo consiguieron hasta los 60. Cuando (Dwight) Eisenhower le abrió los brazos a Franco, ya no hubo nada que hacer. Pero intentaron que hubiera sanciones, que no admitieran a España en los organismos internacionales. Estuvieron haciendo esa guerra que parecía que estaba perdida durante muchos años. Los españoles no somos conscientes de lo que significa decir Luis Buñuel, cineasta español, Luis Cernuda, poeta español, Max Aub, narrador español. A lo largo del siglo XX, exilios mucho más cortos que el español han acabado con la nacionalización instantánea de los exiliados. Pero los exiliados republicanos fueron pesadísimos y ellos fueron españoles hasta el final. Murieran adentro o murieran afuera, ellos murieron como españoles. La riqueza que representa eso para los españoles es descomunal. Yo creo que la democracia española nunca ha agradecido, ni los españoles son conscientes de lo que significa eso. ¡Claro que me enternece el exilio, cómo no me va a enternecer! Una periodista argentina, a lo mejor fuiste tú, cuando vine a presentar Inés y la alegría me preguntó: “¿no vas a escribir nada sobre los reemigrados?” ¿Reemigrados? ¿Qué son los reemigrados? “Que hubo muchos republicanos que hicieron su vida aquí y se tuvieron que volver a España con el golpe de Videla”, me dijo esa periodista. Es una realidad que, desde España, no la había pensado. Y eso que el exilio me enternece. Entonces empecé a pensar en tratar el tema seriamente. En medio de mi intento de darles un futuro feliz a mis personajes, a Manolo se lo doy pero regular porque tiene que volver a su país con las manos vacías. Pero me apetecía contar esa historia por la ternura que me dan los exiliados y también para contar la historia del cónsul que no sabe qué hacer con Manolo porque los exiliados no salían en la casilla.</p>
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<p><strong>–La ventaja para ese cónsul es que Franco ya está muerto.</strong></p>
<p>–Si. Y los diplomáticos del PSOE ya están en las embajadas. En esta novela se ve muy bien también lo que fue el exilio interior. Guillermo es un ejemplo perfecto del exilio interior: no se exilia porque no pudo, porque sólo pudo intentar exiliarse la gente que estaba cerca de las fronteras. Guillermo tiene que vivir como exiliado en su propio país durante toda la dictadura. Él encuentra un camino para reunirse consigo mismo cuando puede volver a trabajar como médico para el partido comunista de España. Esa es otra historia que me gustaba mucho contar: la del estado paralelo que montó el PC en España durante la dictadura.</p>
<p><strong>–Son las vidas clandestinas adentro y afuera, ¿no?    </strong></p>
<p>–Sí, es lo mismo: el exilio y la clandestinidad adentro y afuera. Manolo y Guillermo son compañeros de viaje, pero no son militantes, no tienen un partido detrás que les proteja porque Manolo es diplomático y los diplomáticos no se pueden afiliar a ningún partido. Guillermo es médico y en la guerra está tan obsesionado cortando piernas que tampoco se moviliza porque bastante tiene con lo que tiene. Me gustaba contar cómo dos compañeros de viaje, o sea dos republicanos sin partido, son capaces de comprometerse hasta el final y se convierten en héroes accidentales, héroes por azar. Lo que les lleva a afrontar peligros y riesgos que algunos héroes profesionales quizá no habrían afrontado es el tipo de cosas que nos lleva a la gente normal a comprometernos, porque tú en la vida te involucras siempre por amistad, por lealtad, por gratitud, por cariño, y eso es lo que hace que ellos se metan en un laberinto considerable del que salen bien de milagro, pero no enteros por completo… No vamos a hacer espoiler, pero tienen que hacer cosas que luego les marcarán toda la vida… Me gustaba escribir una novela de espías que no pertenecen a ningún organismo oficial, que no tienen detrás ninguna estructura.</p>
<p><strong>–El abanico temporal de la novela, desde la Guerra Civil hasta la dictadura cívico militar, muestra también algo que sucedió: cómo personas de izquierda en general, republicanos en el caso de la novela, huyen de una dictadura para después, a la larga, terminar cayendo en otra.</strong></p>
<p>–¡Tuviste que ser tú la de los reemigrados! (risas). En España decimos salir de Málaga para caer en Malagón. Para los españoles lo que pasó es que después de la Guerra Mundial los aliados decidieron que Franco les gustaba más que los demócratas españoles. Entonces los que vivían afuera se quedaron completamente desprotegidos y a merced de los vaivenes de la historia. Los nazis perdieron la guerra, pero ganaron la posguerra y convencieron a los aliados de que se habían equivocado de enemigo y de que ellos podían ayudarles a luchar contra Stalin. El abandono de España en manos de Franco en el 45 es el principio de la Guerra Fría. Los golpes de Estado de las dictaduras Latinoamericanas de los 70 son el final de la Guerra Fría; son el principio y el final de lo mismo. Los republicanos españoles que vinieron a Argentina están al principio y al final de una goma que se tensa y se destensa. Y al final se rompe, ¿no? Una cosa que me gustaba meter de la figura de Manolo como reemigrado es que nosotros los españoles cuando miramos para atrás las dictaduras de los 70 nos espeluznan mucho porque nos recuerdan al golpe de Estado del 36, porque hay ahí una especie de parentesco que algunos dictadores latinoamericanos reconocieron abiertamente. Pinochet decía que Franco era su ídolo. (Juan María) Bordaberry se definía como franquista. Y luego está la parte hipersiniestra de la represión, de la que España fue pionera, y es repugnante decirlo. Lo de concentrar a gente en estadios en España. En la Guerra Civil, las concentraban en las Plazas de Toros. Lo de robar niños a las presas es una especialidad española cien por cien. Es una especie de bucle de horror: no solamente nos une el idioma y la cultura, sino también el terror.</p>
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		<title>La guadaña de la natalidad</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2017/11/la-guadana-la-natalidad/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 19 Nov 2017 14:17:13 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[España]]></category>
		<category><![CDATA[Feminismo]]></category>
		<category><![CDATA[Mujer]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Anita Botwin / Ctxt.es Esto que escribo no es una oda a la no maternidad, sino un&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Anita Botwin / <a href="http://ctxt.es/es/20170927/Firmas/15251/maternidad-feminismo-natalidad-anita-botwin-ctxt.htm">Ctxt.es</a></strong></p>
<h5 id="esto-que-escribo-no-es-una-oda-a-la-no-maternidad-sino-un-canto-a-la-igualdad-y-a-la-libertad-de-decidir-lejos-del-estigma-y-la-presion-social">Esto que escribo no es una oda a la no maternidad, sino un canto a la igualdad y a la libertad de decidir, lejos del estigma y la presión social</h5>
<p>Tienes 33 años y no eres madre. Despierta: ¡se te va a pasar el arroz!, ¿es que no quieres ser madre?, ¿a qué estás esperando?, ¿y tú, para cuándo? Esas son algunas de las perlas que tienes que aguantar si entre los 30 y los 40 no eres madre AÚN. Los ojos se posan sobre ti. Tu posas tus ojos sobre todas tus amigas o familiares que han sido madres. Hacía dos días que estabas con ellas jugando a la rayuela. Sientes de pronto que tú te has quedado en ese patio de recreo, mientras otras mujeres han sido lo que se espera de nosotras. Madres. Y te entra un poco de pánico. Como si llevaras mal preparado un examen. Como si hubieras estudiado el temario incorrecto.</p>
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<p>A veces te entran ganas de ser madre sólo para que no te pregunten más cuándo vas a ser madre. Es curiosa la preocupación que despierta socialmente que las mujeres nos quedemos embarazadas. ¿No deberían preocuparnos más los niños que ya existen y viven bajo el umbral de la pobreza?</p>
<p>No deja de sorprenderme que las mujeres estemos en todos los focos, como si los hombres no tuvieran que ver con esto, como si nos quedáramos embarazadas rezando tres avemarías. Ellos no sienten nuestra presión ni de lejos. Son libres para tener o no hijos y hacerlo cuando quieran. La construcción de la maternidad es algo que a ellos no les ha afectado. Mientras nosotras jugábamos a darle el biberón a horribles bebés con ojos saltones y pestañas, ellos eran los mejores construyendo o derribando castillos de Playmobil.</p>
<p>Tenemos todo el derecho a decidir no ser madres o incluso aún deseándolo no poder serlo. La opción de tener o no hijos debería pertenecernos a nosotras desde siempre y para siempre. No es una decisión que una pueda tomar a la ligera o deprisa y corriendo como quien cambia de melodía en el móvil o de filtro en Instagram. No falta quien te dice: “Nunca es buen momento para tener hijos. Si te pones así, nunca vas a tenerlos”. Bien. ¿Y si fuera así, qué ocurriría? ¿Nos quedaríamos para vestir santos o poner cascabeles a nuestros gatitos? Esa parece la única opción para las mujeres sin hijos, cuando más bien es todo lo contrario.</p>
<p>Entre los 30 y los 40 es nuestra mejor etapa profesional. Es cuando estamos en nuestro apogeo creativo o laboral. Es el momento de brillar y de crecer interior y exteriormente. No es sencillo tomar la decisión de engendrar en medio de todo esto. Es como decir, “ey, esperad, estoy escribiendo la novela de mi vida, pero enseguida lo retomo, sólo van a ser nueve meses y seis años”. Las mujeres estamos sometidas a un doble temor: el no quedarnos embarazadas nunca o el quedarnos embarazadas y perder todo lo demás. El reloj biológico y la fertilidad son como la guadaña de la natalidad. Cada vez que aparece, una se echa a temblar –a no ser que tenga claro que no desea ser madre-. Y ocurre que a veces, por esa prisa, por ese temor, una se precipita y hace lo que se espera de ella.</p>
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<p>Quizá sea por la inexistencia de este reloj en el mundo de los hombres la razón por la que ellos pueden seguir realizándose y continuar con sus vidas. Obviamente, muchos de ellos comparten los cuidados al 50% y una recobra la esperanza en la humanidad y en el feminismo. Cuando me entra ese miedo y se acerca la guadaña me imagino a Emma Goldman o a Simone de Beauvoir mirándome fijamente a los ojos y diciéndome: “¿Es que no has aprendido nada de nosotras?, ¿hemos estado perdiendo el tiempo?”. Ninguna de las dos, ambas feministas, decidieron ser madres. Tenían muy claro cuál era su objetivo en sus vidas y la maternidad les hubiera sido un obstáculo.</p>
<p>Esto que escribo no es una oda a la no maternidad, sino un canto a la igualdad y a la libertad de decidir, lejos del estigma y la presión social. Citando a Caitlin Moran: “El feminismo necesita tolerancia cero con la angustia de tener hijos, en el siglo XXI no podemos seguir pensando a quién podríamos crear”. Tomemos nota.</p>
<p><strong>Fuente: <a href="http://ctxt.es/es/20170927/Firmas/15251/maternidad-feminismo-natalidad-anita-botwin-ctxt.htm"><strong>Ctxt.es</strong></a></strong></p>
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		<title>¿A quién estamos juzgando?</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2017/11/quien-estamos-juzgando/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 18 Nov 2017 16:31:58 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[España]]></category>
		<category><![CDATA[Feminismo]]></category>
		<category><![CDATA[Mujer]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Las violaciones nos incumben a todas las mujeres. Esta todavía más: está en juego la cultura de la&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h5 id="las-violaciones-nos-incumben-a-todas-las-mujeres-esta-todavia-mas-esta-en-juego-la-cultura-de-la-violacion">Las violaciones nos incumben a todas las mujeres. Esta todavía más: está en juego la cultura de la violación</h5>
<p><strong>Por Beatriz Gimeno /</strong>  <strong><a href="http://ctxt.es/es/20171115/Firmas/16201/">Ctxt.es</a></strong></p>
<p>Una violación no es nunca sólo una violación por más que la víctima la viva lógicamente como única y absolutamente personal. Una violación, y el consiguiente juicio y tratamiento social son un reflejo de la historia de las relaciones entre hombres y mujeres y un reflejo social, simbólico, material, jurídico, mediático etc., de la posición de mujeres y hombres en una sociedad dada. Se podría hacer una historia de las relaciones entre los sexos y de la posición social de las mujeres simplemente haciendo un seguimiento de los casos de violación conocidos, de cómo se juzgan, de cómo se tratan socialmente, de cómo se castigan o no se castigan y también de a quién se castiga. Por eso el juicio que se está celebrando en Pamplona por la violación múltiple de una chica durante los San Fermines de 2016 es histórico en muchos sentidos, más allá de lo que signifique para la víctima, que esté en juego su propia vida, su necesaria reparación y, a partir de ahí, su curación futura. Si todas las violaciones nos incumben a todas las mujeres, esta nos afecta especialmente, al venir acompañada de otros elementos que la han convertido en un compendio de lo que significa la cultura de la violación y al ocurrir en un momento en el que las mujeres estamos abandonando el silencio habitual frente a las agresiones sexuales que todas vivimos por el hecho de ser mujeres. Lo que está ahora en juego es la respuesta que el Estado va a dar a una agresión especialmente brutal y si la cultura de la violación va a salir reforzada o fragilizada de este juicio. Su tratamiento, su castigo, su reparación, nos incumbe a todas porque el tratamiento judicial, social y mediático que se le dé a esta violación nos va a mostrar si el contexto de legitimación en el que los agresores se sienten impunes y culturalmente adaptados está siendo cuestionado o no.</p>
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<p>La violación, como sabemos, no siempre ha sido un delito y aun cuando lo fuera no siempre ha sido un delito grave. En muchas ocasiones lo que se castigaba era el uso del cuerpo femenino entendido como propiedad de un hombre y no como la vulneración de nuestra libertad y de nuestra dignidad. Para que pudiera ser considerada un ataque a nuestra libertad y dignidad tuvimos primero que constituirnos como sujetos con derechos, con libertad y dignidad, ciudadanas, cuestión esta que nos ha llevado siglos y que es un proceso que está lejos de haber concluido. Durante toda la historia, además, la violación ha sido un comportamiento masculino naturalizado, algo que estaba en el orden normal de las cosas. Por eso no es como cualquier otro delito y por eso no es nunca fácil castigar a los culpables. Cierto que existe también para los violadores, como para cualquier delincuente, la presunción de inocencia, pero cuando hablamos de violación los términos se invierten siempre. No creo que haya ningún otro crimen en el que la víctima tenga que demostrar no que los acusados son culpables, sino que ella misma es inocente. Esa exigencia planea siempre sobre cualquier caso de violación y si no es en el tribunal, será en los medios o en la sociedad en su conjunto. La víctima de una violación tiene primero que demostrar que es inocente para poder condenar a los culpables. ¿Inocente de qué? Pues de ser una mala mujer, es decir, una mujer que merecía ser violada.</p>
<p>Para empezar, la víctima tendrá que demostrar que no tiene parte de culpa en lo que ha pasado. La primera culpa es estar donde no debía; ponerse a tiro de los irreprimibles y naturales deseos masculinos. Los hombres son así y si no quieres que te violen no estés donde no debes: no estés sola, no estés en la calle a horas tardías, no te sientes en un banco como si esperaras algo, no te vayas con ningún hombre, no entables conversación con desconocidos, no te vayas con él o ellos a un bar. Es decir, fundamentalmente no seas como ellos, que pueden hacer todas esas cosas tranquilamente. No olvides que el sitio de las mujeres no es la calle, ni andar sola, ni olvides que los hombres son siempre un peligro; si lo olvidas… es cosa tuya. La segunda cuestión es demostrar que verdaderamente no querías que te violaran. No hay que demostrar que ellos te violaron, sino que tú no querías que tal cosa ocurriese. Se da por hecho que lo normal &#8211;si has transgredido las normas del punto 1&#8211; es que ellos lo intenten. Lo masculino es tener siempre ganas de meter la polla en cualquier orificio de una mujer, piense lo que piense ella del asunto. Y lo normal es también tratar de vencer la primera negativa femenina, que se supone que es, también, lo normal en las mujeres. Una negativa no es bastante. Se exige siempre una especie de negativa cualificada que queda a criterio de los que juzgan. Porque volvemos a lo anterior, el comportamiento de ellos es lo normal, eso queda fuera del foco. Si la mujer no se resiste lo bastante &#8211;y aunque explique hasta la saciedad que no quería&#8211; el comportamiento de ellos no merecerá reproche. ¿Y cuánto es bastante, mucho, poco? Nunca se sabe, eso queda a juicio de los que juzgan e intervienen muchas variables. En principio parece que hay que arriesgarse a un daño mayor, porque se supone que una mujer decente ha de preferir cualquier cosa a ser violada. Eso suele ser un criterio. Porque ser violada es lo peor y la que piense que peor es morir o sufrir más daño físico, esa ya entra en la categoría de sospechosa. Antiguamente, las mujeres se quitaban la vida antes de permitir que las violaran. De esas no quedaba duda de que verdaderamente no querían ser violadas, de todas las demás nunca está claro.</p>
<p>La tercera cuestión es que se trata de la palabra de una contra la de otro(s). No hay testigos. ¿Cómo se va a creer a las mujeres si hasta hace poco (y aun en muchos lugares) nuestra palabra valía la mitad que la de un hombre ante un tribunal? Un hombre siempre tiene presunción de verosimilitud, nosotras no y mucho menos cuando con nuestra sola palabra podemos hundir la vida de unos chicos normales y socialmente adaptados. La víctima de una violación muy a menudo sólo tiene su palabra, y eso en un contexto cultural en el que abrumadoramente se considera que las mujeres somos mentirosas, y así lo atestiguan refranes, frases hechas, personajes que pueblan obras de teatro, novelas, películas. Mentirosas y, además, odiamos a los hombres y queremos hacerles daño. El hecho de que una mujer decida denunciar una violación sabiendo que eso significa exponer su intimidad, su vulnerabilidad, ser juzgada, arriesgarse a ser cuestionada, rememorar el suceso en lugar de olvidarlo… eso no da apariencia de verosimilitud a la cuestión, más bien al contrario. Exponerse a pasar por todo ello también es sospechoso.</p>
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<p>Y por último, la respuesta que se tenga a la violación influye en la consideración de la misma. Es decir, para que sea verdadera violación tienes que hundirte después y ya no levantarte; tienes que decretar que tu vida se ha roto de manera irremediable, cualquier otra reacción te convierte &#8211;también&#8211; en sospechosa. Si tan grave es… ¿cómo es que no te mueres? ¿Cómo es que no te tiras a la pira? ¿No será que, en realidad, no te ha desagradado tanto como dices? Y así, volvemos al principio en un bucle de imposible resolución. Esto es lo que ha debido pensar el juez cuando ha admitido como prueba una investigación sobre la vida de la víctima. ¿Qué tiene que ver la vida anterior o posterior de la víctima con lo que ocurrió en aquel portal? ¿Qué más da, a la hora de juzgar si hubo o no agresión,  que la chica se recuperara pronto o tarde? ¿Qué más da si recuperó su vida normal o no pudo hacerlo? ¿Qué relación tiene con el delito que después del suceso ella se divirtiera con sus amigas o se fuera de viaje? En definitiva:  ¿a quién se está juzgando?</p>
<p>En cambio, la vida de ellos sí que tiene importancia. En este caso, en cambio, el juez ha considerado que el siguiente mensaje no tiene nada que ver con el asunto: “Tengo reinoles [rohypnoles] tiraditas de precio. Para las violaciones”. “Hay que empezar a buscar el cloroformo, los reinoles, las cuerdas… para no pillarnos los dedos porque después queremos violar todos”. “Violaría una rusa que vea despistada y palizón a un niño de 12 años inglés. 2-0 y pa casa”. Que en su vida anterior los agresores hablaran repetidamente de que se estaba preparando para violar a una mujer no lo admite el juez como prueba, debe ser el comportamiento masculino habitual; que haya sobre ellos una denuncia por otra violación no importa, los hombres son así; que su comportamiento y su actitud ante las mujeres sea de un machismo insoportable no cuenta porque, ya sabemos que las violaciones no tienen nada que ver con el machismo y que todos los hombres hacen chistes sobre la cuestión. Ellos, machistas, agresores confesos, presuntos violadores, llegan al juicio siempre impolutos. Son hombres. Ella, en cambio, llega cargando una maleta de descrédito, sospechas, acusaciones, es una mujer y sólo por eso tiene mucho que demostrar. Queda mucho juicio por delante, es cierto. Ojala que no se cumplan algunos malos presagios.</p>
<p><strong>Fuente: <a href="http://ctxt.es/es/20171115/Firmas/16201/">Ctxt.es</a></strong></p>
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		<title>“Somos tan generosas que pedimos igualdad, cuando deberíamos exigir compensación”</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2017/11/somos-tan-generosas-pedimos-igualdad-cuando-deberiamos-exigir-compensacion/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 15 Nov 2017 12:56:09 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[España]]></category>
		<category><![CDATA[Feminismo]]></category>
		<category><![CDATA[Girls]]></category>
		<category><![CDATA[Isa Calderón]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Pilar Ruiz  / Ctxt.es Podría ser la Lena Dunham española. Como la creadora de la serie Girls,&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Pilar Ruiz  / <a href="http://ctxt.es/es/20171108/Culturas/16074/isa-calderon-entrevista-ctxt-humor-cultura-series-feminismo.htm"><strong>Ctxt.es</strong></a></strong></p>
<p>Podría ser la Lena Dunham española. Como la creadora de la serie <em>Girls</em>, tiene todo lo necesario para atrapar a una nueva generación de espectadores televisivos, esa que pide a gritos un espejo en el que mirarse. Isa Calderón (Madrid, 1983), guionista, humorista y reina de las <em>Reviews</em> de cine, ha creado un personaje divertido y provocador al que pasea por el mundo con desparpajo castizo. Un personaje que se parece mucho a ella: divertida, talentosa, inteligente, sin miedo a contarse y a contarnos.</p>
<p>Conversamos con Isa sobre sobre el humor, el machismo, el caso Weinstein o su polémico despido de <em>El Español.</em> Sobre hombres y sobre mujeres.</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p><strong>Con todo lo que está ocurriendo respecto a la situación de la mujer en el mundo, esta toma de conciencia feminista, ¿es necesario un nuevo punto de vista en el mundo de la ficción? </strong></p>
<p>Hay un proyecto de televisión que estamos desarrollando. Soy una kamikaze y me han dado libertad para ser arriesgada, con feminismo a tope, con un realismo radical. Creo que es muy interesante desde muchos aspectos, incluso el antropológico, presentar otro punto de vista femenino en este país. Hay grandes directoras y guionistas que llevan en la ficción desde hace mucho tiempo, pero necesitamos más, más miradas sobre la situación de la mujer en la actualidad. Fíjate si es necesario, que de pronto se convierte en portada de todo el mundo el caso Weinstein y todo lo que se ha destapado alrededor, con Woody Allen, el cinismo de este señor, que habla de caza de brujas… Y Weinstein ahora se va a un centro de desintoxicación, a un <em>spa</em> en Arizona: mira, no eres un adicto sexual, eres un violador. Habéis dominado esta industria desde siempre, y ahora ¿estáis oprimidos? Como dije de Pérez Reverte cuando publicó aquel artículo tremendo sobre Cristina Hendricks y su cena en Casa Lucio: ¡Pero si sois el<em> establishment</em>! Vosotros sois los opresores y cuando alguien os acusa de ello os ponéis nerviosos.</p>
<p><strong>Asia Argento, una de las primeras en acusar a Weinstein, ha tenido que abandonar Italia por la  campaña de la prensa contra ella. La acusan de promiscua y de ejercer la prostitución. Hay que recordar que hasta 1996, la violación en Italia era considerada un crimen contra la moral, no contra la libertad sexual del individuo.</strong></p>
<p>Muchos se preguntarán por qué no lo han denunciado antes, como han dejado pasar tanto tiempo, que hay que llevarlo a juicio, y mientras las víctimas se convierten en un <em>punching ball</em> para todos los machistas misóginos que justifican comportamientos delictivos. Es tan vomitivo… Que igual te tienen que capar, Harvey.</p>
<p><strong>¿Has visto <em>The keepers</em>? [Serie documental de sobre el encubrimiento de las violaciones y posibles asesinatos en un colegio femenino católico de Baltimore]</strong></p>
<p>Bueno, este tema en este país no se puede ni tocar. A mí me echaron de un medio [<em>El Español</em>] por hacer un chiste <em>naif</em> que no atacaba la religión: comparaba la Biblia con libros de la literatura universal, pero ya digo que de eso no se puede hablar. Fui una inconsciente por meterme a hacer lo que yo hago en un periódico ultraliberal, tan alejado de mi ideología. Pero no creo que vuelva a sucederme más. Cometí un error, tonta de mí, que fue ir a Twitter a decir que si el PP se carga sistemáticamente las humanidades, yo me cagaba en la Biblia. Bueno, mal; quizá no tenía que haber escrito eso y lo quité en cuanto me di cuenta, a los 10 segundos, pero ya era tarde.</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p><strong>¿Si fueras un humorista, por ejemplo, Ignatius Farray, podrías haberlo dicho sin consecuencias?</strong></p>
<p>Sí, yo creo que sí, podría haberlo dicho y no hubiera pasado nada. Porque si Ignatius Farray fuera mujer… se la cargarían. Sería imposible que existiera como humorista. Él juega a epatar, y como en el humor no hay límites, puede decir lo que le dé la gana y si le linchan se la suda.  Un señor puede resultar estrafalario, extravagante, exótico. Se le permite. Si salgo yo a decir las cosas que dice este tío… No, no es mi rollo. Yo hago humor con cosas obvias, de esas que todo el mundo sabe y que defienden una causa y fíjate lo que pasa. Porque claro, una tía, que encima en el vídeo dice que la Biblia no es feminista… Yo soy de izquierdas, atea, republicana y feminista… ¿Qué futuro tengo en este país? No lo sé. Pero es que yo ya no me puedo callar, ya lo he dicho todo.</p>
<p><strong>¿Existen límites del humor o ponen límites al humor?</strong></p>
<p>¡Mi límite es ser una mujer! Es mi límite completamente, lo tengo estudiadísimo: es ser tía. Ya está. Si fuera un hombre podría decir las cosas que digo con total tranquilidad. Y encima en la manera que las digo: a veces me pongo muy chula, muy redicha, muy <em>snob</em>… El personaje tiene que resultarles asqueroso a estos tíos.</p>
<p><strong>¿Es una provocación?</strong></p>
<p>Absolutamente. Aunque no empecé haciéndolo así: yo hablaba de forma ingenua riéndome de lo obvio y resulta que los ataques fueron a degüello desde el principio. Ahora ya me pueden llamar desde puta a feminazi malfollada, es que ya no me afecta, ¡me da absolutamente igual! (Ríe) Sé de dónde viene y por qué lo dicen.</p>
<p><strong>¿En qué quedarán todos estos escándalos que han salido a la luz?</strong></p>
<p>Pues esperemos que haya cambios. Pero yo no he vivido una época tan ultraconservadora como ésta. Con tanto gilipollas. En mis 34 años no he conocido etapa más involucionada. Fíjate lo que ha pasado con el festival Ñ con media mujer invitada o el cartel del columnismo en León. Creo que en el festival Ñ del año pasado con una mujer como directora, había paridad. Cambiaron de director: ya no.</p>
<p><strong>¿Nos han obligado a ser feministas?</strong></p>
<p>Totalmente. Lo que ocurre es que no es tan fácil darse cuenta de la violencia contra las mujeres y puedes pasarte la vida así. La desigualdad está maquillada de forma muy sutil, crecemos con ella: esta mierda está incrustada en tu cerebro. Menos mal que unas nos podemos despertar a las otras.</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Has dicho en varias ocasiones que hay una toma de conciencia feminista que, aunque haya estado siempre ahí, aparece en forma de c<em>lick.</em> ¿Cuándo tuviste ese <em>click</em> del feminismo?</strong></p>
<p>Cuando empecé a trabajar. Mis padres son feministas, los dos trabajaban, repartían las tareas domésticas, era todo equitativo… Hasta que salí fuera de mi ámbito inmediato. En el mundo del guión siempre hay menos mujeres que hombres: en una sala de guionistas de 20 personas, estamos dos mujeres de media. Entonces descubrí que no me escuchaban, mis ideas las hacían suyas otros, me interrumpían constantemente, no eras una más porque estabas fueras de ese compadreo entre ellos. Y ese tono siempre condescendiente y paternalista: qué bonita, qué maja…</p>
<p><strong>¿Y las directoras?</strong></p>
<p>En el <em>set</em> tienes que tomar el control, es el rol de director. Entonces eres la mandona: qué genio tienes, qué te has creído. Cariño, tengo una responsabilidad y soy mandona igual que tú. El problema de fondo es que a las mujeres no se nos permite ser narcisistas ni ególatras, cosa que está implícita en los creadores; ellos sí lo dan por hecho. Incluso lo consideran necesario en esta profesión. Pero ¿una mujer? En seguida viene un hombre a explicarte lo que eres, por si no lo sabías. Lena Dunham recibió miles de ataques de sus propios compañeros porque cuenta su vida: la acusaron de egotista, de narcisista… Pues qué bien, qué maravilla;  si a mí me interesa saber su punto de vista pues que lo sea, que nos cuente si engorda, si adelgaza, si se enamora… Que nos lo cuente todo. Menos mal que está esta tía. Mira, sobre esto: en el día del estreno de <em>Deforme Semanal,</em> el <em>show</em> teatral que hacemos en el Teatro del Barrio, me di cuenta de que todos los chistes que hacíamos Jelen Morales, Lucía Lijtmaer y yo eran contra nosotras mismas: siempre con el síndrome de la impostora, eso de que no te puedes creer mucho lo que haces. Siempre autocríticas.</p>
<p><strong>¿Una autodefensa?</strong></p>
<p>Claro, antes de que lo hagan los demás, ya lo hago yo. Nacemos en una sociedad que nos machaca constantemente, así que vamos a reírnos de ello. En el <em>show</em> nos reímos de nosotras mismas atacándonos. En un espectáculo de tíos esto es mucho más raro.</p>
<p><strong>Que el humor femenino tenga éxito es más difícil, ¿está mal vista una mujer humorista?</strong></p>
<p>Cada vez funcionan más los espectáculos de mujeres, pero sí, es verdad: a muchos hombres les molesta el sentido del humor femenino. Y, sobre todo, no les hacemos gracia a los señores que no han escuchado nunca a mujeres que hacen chistes sobre sus situaciones. Eso cambiará en el momento en que se liberen de su posición de privilegio. Haz una introspección sobre los privilegios que tienes sobre nosotras y luego, te relajas: ya sabes que voy a atacar a tu sexo, porque voy a darte caña hasta que te acostumbres y me conozcas, pero a priori no te voy a hacer gracia, al revés.</p>
<p><strong>Porque tienes infinidad de <em>haters</em>, todos esos señores que se sienten en la obligación de “opinarte”. </strong></p>
<p>Estamos enseñadas desde niñas a agradar, cuando no lo haces… En el fondo les da un miedo impresionante descubrir que una mujer les está cuestionando. En cambio nosotras estamos acostumbradas porque siempre se nos ha cuestionado y desde todos los ámbitos, por el mero hecho de ser mujer. El primero, el físico. Luego está internet: ese espacio fundamentalmente machista. Youtube, Facebook, Twitter… todas las redes sociales son un campo abierto para que los anónimos insulten, y sí, para gente que considera que su opinión es importantísima y que necesita que te enteres bien de ella.</p>
<p><strong>Es que la opinión es una cosa muy viril. Y cuanto más afirmativa mejor.</strong></p>
<p>Pues resulta que nosotras también tenemos opinión, aunque yo reivindico que se puede cambiar de opinión y no pasa nada. Eso también es muy de mujeres. No me importa cambiar o contradecirme, dudar… Pero luego llegan todos los que consideran absolutamente necesario decir si lo haces bien o mal, si eres graciosa o no, si eres buena o mala feminista, si tu tono es… Me da igual: yo soy muy libre, pero eso es muy arriesgado y les jode mucho. Siempre hay alguien que te dice: “No puedes salirte del carril, querida.”</p>
<p><strong>¿Una humorista, aunque no quiera y no sea consciente, siempre es feminista? Es decir: el humor tampoco era patrimonio femenino. Si eres mujer y estás haciendo un espectáculo humorístico, utilizas una herramienta de visibilización, una apropiación del protagonismo en un campo muy concreto. Por ejemplo, Lina Morgan, un personaje con tanto éxito durante tanto tiempo, que hacía esos personajes ridículos muy populares y un humor costumbrista tradicional, ¿sería una pionera?</strong></p>
<p>Sí, claro. Ella jugaba a ser grotesca, era una <em>clown</em> perfecta, una de las primeras mujeres en España que hacía eso. Ahora que venga el Javier Marías de turno a decir que no tenía gracia, como lo de que Gloria Fuertes no era buena poeta.</p>
<p><strong>Lo has dicho en muchas ocasiones: todo es machista.</strong></p>
<p>¡Por supuesto! Son siglos de sometimiento y desde ese punto de vista todo es parodiable. Y me lo llevo al terreno amoroso, porque me considero víctima de esa cultura del amor romántico, de lo que me han hecho creer que debería ser el amor, o sea: lo más importante. El amor es mucho más importante para mí que para él porque hemos sido educados en modelos diferentes, y yo tengo inculcado el mito del príncipe azul y claro, ahí chocamos: un hombre no suele tener el amor como <em>leitmotiv.</em></p>
<p><strong>¿Y dónde quedaría la tiranía machista sobre los hombres obligados a encajar en un modelo impuesto por su propio contexto cultural?</strong></p>
<p>Esos sufren como perras, claro. Se esconden… Pero es que ese tipo de masculinidad impuesta desde fuera está resquebrajado. Porque nosotras ya llegamos fuertes y no vamos a seguir compartiendo la vida con desahuciados emocionales. Eso no dura. A mí me atraen los tíos que no están en ese rollo rancio, jodiendo a las tías, con esa figura antigua que emocionalmente es una ameba.</p>
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<p><strong>¿Hay muchos heteruzos en rehabilitación?</strong></p>
<p>Sí, sí. Mucha gente alrededor nos pregunta todo el rato eso de “oye, ¿esto es machista?”, porque ya nos tienen miedo. Y sí que veo un interés en una nueva educación. Claro que también están los que hacen diferencias –con unas sí, con otras no-; porque sigue habiendo mujeres que no les cuestionan, porque cada una llega al feminismo cuando llega. Mujeres sumisas con la sociedad tal y como sigue siendo, de las que no plantean conflictos. Ellas también tendrán que hacer su trabajo de introspección, todas nos tenemos que cuestionar.</p>
<p><strong>También existe el feminismo censor, intolerante y corto de miras respecto a la libertad ajena, especialmente contra la libertad de expresión y el arte. Por ejemplo, respecto al desnudo femenino.</strong></p>
<p>Cuando yo hice ese<a href="http://www.lavanguardia.com/de-moda/feminismo/20170509/422417199097/video-isa-calderon-respuesta-perez-reverte.html"> video en <em>La Vanguardia</em> en respuesta a la columna de Pérez Reverte</a> en el que decía que yo no estaba invitada a esa cena porque no tenía un rabo de aquí a San Sebastián de los Reyes, y que si lo tuviera, pues sí, vino un grupo de trans a señalarme a través de las redes. Estas señoras me acusaron de machista, transfóbica y de todo. Casi las denuncio, porque me pareció una vergüenza lo que me hicieron. Si encima no estamos todas juntas en esto, pues apaga y vámonos. Tenemos que ir unidas, si no, no lograremos nada. Porque los términos se confunden demasiadas veces: Paula Vázquez recibió muchísimas críticas de este estilo por posar desnuda. Pues esta señora con su cuerpo y su imagen y su sexualidad hace lo que le sale de las narices. Es libre de hacer lo que quiera, como enseñar una teta, porque en eso precisamente consiste el feminismo.</p>
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<div class="cs-embed cs-embed-responsive"><iframe title="LaVanguardia.com: Isa Calderón a Pérez-Reverte" width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/3CDrsvhJBt8?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe></div>
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<p><strong>Habría que explicarles, por ejemplo, que el burlesque es un arte.</strong></p>
<p>Exacto. También es cierto que hay muchas ramas del feminismo y posturas distintas sobre temas como la prostitución, la maternidad subrogada… Que está muy bien que haya debate, aunque cada una tengamos nuestra perspectiva y opinión. Y no vamos a negar que vivimos en un universo capitalista y el mercantilismo existe. Pero eso de atacarnos las unas a las otras… Un error.</p>
<p><strong>¿Es la independencia de Cataluña machista o feminista?</strong></p>
<p>¡Ostras! (Ríe) Creo que tanto el nacionalismo español como el independentismo catalán, llevados por sus líderes intrínsecos, por supuesto que es machista y es un duelo de pollas.</p>
<p><strong>¿Incluso con Anna Gabriel?</strong></p>
<p>Seguro que está sufriendo con todo esto… Un duelo de pollas, así de claro.</p>
<p><strong>¿Qué hacen las mujeres con cargos políticos en materia de igualdad?</strong></p>
<p>Muchas políticas del PP juegan a las mismas dinámicas que sus compañeros de partido. A mí no me vale, pero claro; qué les vas a pedir a unas señoras que son de un partido de derechas… ¡Encima ellas se catalogan como feministas! A mí no me representan. Y qué desperdicio, porque podríais estar haciendo tantas cosas, queridas, tantas cosas…</p>
<p><strong>¿El feminismo tiene que ser de izquierdas?</strong></p>
<p>El feminismo debería ser patrimonio de las izquierdas y tampoco lo es, porque cuando tratas a compañeros votantes o simpatizantes de estos partidos, te das cuenta de que son igual de machistas que los de derechas.</p>
<p><strong>Tras el desastre de los incendios de Portugal, la ministra de Interior Constança Urbano dimitió de su cargo. ¿Es casualidad que sea mujer?</strong></p>
<p>Es lo que decíamos antes: somos tan autocríticas… El síndrome de la impostora es tener que pedir permiso o estar dando las gracias eternamente por llegar a donde llegamos. Trabajamos el triple para demostrar que un puesto lo ganamos con todas las de la ley. Y a ellas les llega la culpabilidad antes y dimiten. Pero esto aquí, en España, no sé yo si pasaría: creo que ni unos ni otras. Aunque Colau y Carmena me encantan, ¿eh? Estas señoras son intachables.</p>
<p><strong>Artistas, novelistas, guionistas, humoristas, periodistas… ¿Qué podemos hacer?</strong></p>
<p>Es que estamos atravesando una precariedad tan impresionante… La crisis nos ha golpeado más. ¿Y dónde quedamos nosotras? En un lugar oscuro y muy en la penumbra. Porque el poder sigue estando en manos de hombres, no hay más que ver el número de directoras de medios de comunicación y el de directores.</p>
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<p><strong>Se podría decir que vivimos la era de las series de televisión. ¿Qué le falta al audiovisual español para entrar en ella?</strong></p>
<p>Que se apueste por la originalidad. Hay una explosión de  creatividad en todo el mundo, y aquí los capítulos de las series siguen teniendo una duración excesiva y continúa esa política de “series para toda la familia”. ¿Por qué? Yo respeto mucho a ese público, pero esas series pueden coexistir con otros productos destinados a otro <em>target,</em> más creativos. El <em>loop </em>del que no salimos, donde además la series que se ven están pocas escritas por mujeres, dirigidas o producidas por mujeres. Y son necesarias. Además, nosotras consumimos más ficción. En EEUU ya se están poniendo las pilas: que en <em>Girls</em> una señora rellenita salga desnuda y hable de sexo como habla, donde todos follan mal, en un mundo laboral precario, en un mundo emocional precario…  ¡Ya era hora! Es la serie que más me ha gustado en una década.</p>
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<div class="cs-embed cs-embed-responsive"><iframe title="Girls - Tráiler (VOS)" width="1200" height="675" src="https://www.youtube.com/embed/EQ7MSCKQVfY?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe></div>
<p><strong>¿Es tu recomendación para enganchar a los espectadores al feminismo?</strong></p>
<p>Por supuesto. Nunca antes hubo un producto audiovisual con la mirada, la presencia y el físico de Lena Durham. La recomiendo a todos porque cuenta esa humanidad necesaria, esas vidas de esas mujeres normales en un momento contemporáneo. Y de cine recomiendo mi última <em>Rewiev Fuertecita</em> con Agnes Vardá; esa señora militante, artista, tan libre… <em>Cleo de 5 a siete</em> es un alegato absolutamente feminista y una película maravillosa.</p>
<p><strong>Está también ese prejuicio que decreta que las mujeres solo podemos contar cosas íntimas, cotidianas o románticas, alejadas de la acción, la épica y la espectacularidad.</strong></p>
<p>¡Pero si nosotras disfrutamos igual de <em>Los Soprano</em> o de <em>Juego de Tronos</em>! ¿Qué es eso de que los productos hechos por mujeres solo pueden ser de determinada manera y ser consumidos por otras mujeres? Esto es una chorrada y una memez… ¡Si somos la mitad de la población del mundo! Podemos contar cualquier tipo de historia y conseguir que los hombres se interesen por ello. A mí me encantaría escribir una serie política. Porque podemos y queremos hacer de todo, nos lo hemos ganado. Y por justicia poética… ¿Feminismo radical? Si somos tan generosas que pedimos igualdad, cuando deberíamos exigir compensación.</p>
<p><strong>Fuente: <a href="http://ctxt.es/es/20171108/Culturas/16074/isa-calderon-entrevista-ctxt-humor-cultura-series-feminismo.htm">Ctxt.es</a></strong></p>
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		<title>“La nueva misoginia es hacer creer que las feministas son violentas ‘feminazis&#8217;”</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2017/11/la-nueva-misoginia-creer-las-feministas-violentas-feminazis/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 12 Nov 2017 23:05:10 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Almudena Grandes]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[España]]></category>
		<category><![CDATA[Feminismo]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Almudena Ávalos / Elpais.com Las últimas novelas de Almudena Grandes (Madrid, 1960) se componen de las historias&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Almudena Ávalos<time class="entry-date published" datetime="2017-09-21T07:14:38+00:00"></time> / <a href="https://smoda.elpais.com/feminismo/la-nueva-misoginia-creer-las-feministas-violentas-feminazis-se-moderen/">Elpais.com</a></strong></p>
<p>Las últimas novelas de<strong> Almudena Grandes</strong> (Madrid, 1960) se componen de las historias que ya no cuentan los abuelos. Para esta madrileña, su ciudad siempre tiene un papel destacado en sus creaciones, por eso no es difícil encontrársela paseando por las calles del centro buscando detalles que después pueda incorporar en sus libros. Camina la ciudad con ojos de guerra y transforma la mirada de sus lectores. “Me gusta andar un par de horas diarias. Por las tardes hago los recados caminando y si no tengo, me voy a patear mi novela. Me digo, hoy voy a buscar la casa de tal personaje, y elijo edificios que no hayan cambiado con los años, para escribir con más precisión. Mi madre era una madrileña típica a la que le encantaban los portales y busco los que le gustarían a ella. Y luego me hago las rutas que hacen mis personajes”. Tiene una disciplina férrea. Trabaja seis horas diarias “sábados y domingos incluidos”, desde que termina de desayunar hasta que se pone a cocinar. “Es mi oficio. Me levanto y escribo”, afirma.</p>
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<div id="pbs_dbase-INTEXT" data-google-query-id="CL_n19GRutcCFcwmHwodVNMBlA"></div>
<p>Acaba de salir a la venta <em><a href="https://www.amazon.es/Los-pacientes-del-doctor-Garc%C3%ADa-ebook/dp/B073YHGGD2/ref=sr_1_1?ie=UTF8&amp;tag=smoda-21" target="_blank" rel="noopener">Los pacientes del doctor García</a>,</em> la última entrega de su serie Episodios de una Guerra Interminable, donde vuelve a dar una exhibición de ardua labor de documentación. En esta ocasión la trama gira alrededor de una red de nazis por la que, una vez perdida la guerra, escapaban a Argentina vía Madrid. Concretamente, vía Clara Stauffer y, más concretamente, vía Galileo 14. Clara Stauffer Loewe existió y su domicilio en esta calle también. Hay poca documentación sobre ella (una entrevista publicada en el Daily Express y poco más) pero Grandes ha logrado recomponer su historia y su personalidad. “Clara es un personaje lleno de contradicciones. Fue deportista de élite, nadadora y esquiadora, en una España en la que el deporte femenino era prácticamente inexistente, pero se benefició de los derechos y libertades de las mujeres en la república para lograrlo. Tras ganar la guerra (civil) funda la sección femenina e inmediatamente priva a todas las mujeres de las condiciones que le habían permitido a ella ser lo que es. Ella, que se había fotografiado en bañador y mono de esquí en 1931, después de 1939 impone los pololos a las niñas pequeñas cuando hacen gimnasia para que no se le vean las bragas en el colegio. Pero también se desvivió por todos los criminales de guerra nazis. Fue el hada madrina de los peores criminales que había producido Europa hasta la fecha pero también hay que reconocer que fue una mujer abnegada, que se entregó en cuerpo y alma a su causa, que su casa siempre estaba abierta, que se desvivió por ayudar. Es un personaje muy complicado e irresistible y se convirtió en el motor de la novela.</p>
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<p><strong>La documentación es clave en sus novelas, ¿la disfruta?</strong></p>
<p>Me fascina. Estudié Historia en la Universidad y pensé que no me valdría de nada. Pero la vida te acaba poniendo en tu sitio. Yo no hubiera podido escribir estas novelas si no hubiera estudiado esa carrera y si no hubiera aprendido algunas cosas que me enseñaron en la facultad. Aprendí que la objetividad no existe, que es una quimera. También, que la honestidad de un historiador no es ser neutral sino no manipular los datos ni retorcerlos. Que no se puede exigir que alguien renuncie a su ideología y sentimientos cuando mire a la historia. Que los historiadores tienen imaginación y además, aprendí a documentar.</p>
<p><strong>¿De dónde surgen sus novelas?</strong></p>
<p>De taquicardias. En una temporada que me leía todo lo que tenía que ver con el franquismo me leí La guarida del lobo, una investigación del periodista Javier Juárez. Ahí me enteré que había una red de nazis en la calle Galileo,14 y descubrí a Clara Stauffer. Vi una foto de Clara en bañador y me fascinó. La taquicardia me dio al pensar que tan cerca de mi casa, en un portal por el que he pasado tantísimas veces, había sucedido eso.</p>
<p><strong>¿Y por dónde empiezas?</strong></p>
<p>Me puse a buscar toda la información posible y descubrí que había muy poco escrito sobre ello. Tuve que recurrir a mis amigos historiadores, a los que doy mucho el coñazo, como Ángel Viñas, que me recomendó: España refugio nazi. En España no encontré mucha información pero en Argentina sí. La red Stauffer no fue una red clandestina sino hermética. La dictadura jamás reconoció que tuviera relación con ella pero en Argentina, Perón fundó un organismo oficial para acoger refugiados nazis. Cuando se abrieron los archivos de ese organismo, un investigador argentino, el periodista Uki Goñi escribió: La auténtica Odesa y Perón y los alemanes. Gracias esos libros he podido rastrear algunos criminales de guerra que luego en Wikipedia decían que emigraron a España. De ahí fui tirando y tirando. Si vieras mis anotaciones… Trabajo con muchos cuadernos repletos de organigramas, flechas por todos los lados uniendo nombres, lugares, hechos.. .</p>
<p><strong>¿Internet es clave en su trabajo?</strong></p>
<p>Totalmente. Me dedico a buscar ciertos nombres históricos en internet como quien entra todos los días en idealista a buscar piso. A Clara Stauffer la persigo desde 2006. Y de repente, en junio de 2013, encontré en una página un álbum de fotos suyo de viaje por Sudamérica pero estaba vendido. Mi marido Luis, que es bibliófilo como puedes comprobar (dice señalando todas las estanterías de los pasillos habitadas por centenares de libros), llamó al librero de viejo que ponía que lo había vendido y éste nos dijo que lo había comprado un joven pagando en metálico. Si hubiera sido con tarjeta de crédito, por el nombre, lo hubiera buscado, pero ni por esas.</p>
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<p><strong>Al igual que en una cena en la que hay un médico y la gente acaba contándole sus dolencias, ¿a ti te cuentan las dolencias históricas familiares?.</strong></p>
<p>Mucho. Y se me acercan amigos de mis amigos, de mis hermanos, gente por la calle, etc. Y es complicado porque todo el mundo cree que tiene una historia buenísima para que yo la cuente. Pero, a veces, la gente anónima te regala grandes cosas. Hubo un hombre que contactó a mi marido por Facebook y quedé con él en el Café Comercial. Me contó que la mili de su padre consistió en estar siempre disponible y vestido de paisano para acudir a la sacristía de la iglesia de la Glorieta de Iglesia (Madrid) a recoger certificados de bautismo con nombres alemanes y llevárselos a una señora que vivía en el centro de Madrid. Eso es oro.</p>
<p><strong>Después de tanta documentación, ¿cuál es tu mejor tesoro testimonial?</strong></p>
<p>El de Miguel, el hijo Manolita del Arco, la presa que más tiempo estuvo encerrada en las cárceles de Franco. Era una mujer admirable por su vitalidad, como dice su hijo: “A mi madre la metieron en la cárcel con 18 años, salió con 40, en un año se casó y me tuvo a mi”. El padre de Miguel también había sido preso político y Miguel cuenta algo muy emocionante: “Los dos celebraban meriendas en casa. Cuando se juntaban los amigos de mi padre estaban todos fatal, pesimistas, contando las putadas que les hacían. Cuando se juntaba mi madre con sus amigas empezaban: “Te acuerdas cómo nos reímos en Ocaña, anda que cuando Menganita se hizo pis encima…”. Y era todo lo mismo pero ellas tenían esa alegría. Pues cuando salió mi novela <em>Las 3 bodas de Manolita</em>, Miguel me dio un pañuelo con una “M” bordada que le habían regalado las presas a su madre.</p>
<p><strong>¿Considera que estamos viviendo una revolución feminista?</strong></p>
<p>Ojalá. Estamos viviendo en el siglo XXI una resurrección de demonios del pasado que creíamos enterrados para siempre. Y no vuelven con los ropajes del pasado sino con carcasas 3.0. Trump es el regreso de fascismo pero se presenta como un empresario neoliberal que toma decisiones para el bienestar de sus ciudadanos. Marine Le pen es una racista, pero llora en televisión cuando dice que no quiere que se mueran los argelinos. En el fondo es partidaria del exterminio porque está a favor de que se queden en su país, que nadie invierta allí y se mueran de hambre. El machismo se ha rearmado de una forma extraordinaria, envuelto en una cáscara teóricamente progresista y de la libertad de la mujer. Se supone que tenemos que aplaudir porque Apple deja que sus trabajadoras congelen sus óvulos para ser madres a los 40 años cuando las eche para contratar a becarias de 22 años a las que les va a pagar el 15% del sueldo y las va a animar a congelar sus óvulos entonces. Me parece escandaloso cómo se ha vendido la gestación subrogada, como un ejemplo de creer en la libertad de las mujeres. No imponer un permiso de paternidad obligatorio porque cómo vamos a privar a las mujeres de la felicidad de amamantar… todo esto es un machismo nuevo envuelto en una cáscara progresista. Y frente a ese machismo es razonable, justa y saludable la reacción del feminismo.</p>
<p><strong>¿Y cómo lo valora?</strong></p>
<p>El feminismo está en una encrucijada y hay muchas mujeres que no se dan cuenta. Ha sido la única revolución del siglo XX que ha triunfado. La única que ha logrado de verdad cambiar los condiciones de vida de la gente. Pero en su triunfo está implícito el fracaso porque la meta del feminismo clásico –crear un estatuto jurídico igualitario y leyes igualitarias– se ha conquistado y no ha traído igualdad. Hay que darle una vuelta a todo esto y repensarlo. Yo que no soy nada partidaria del “pos”, sí me parece oportuno el posfeminismo. Y es fundamental que las mujeres asumamos de una vez que somos la mayoría de la sociedad y no podemos seguir aceptando que nos den trato de minoría. Somos mayoría aritméticamente. En ese sentido esa arrogancia de las nuevas feministas tiene sentido. Yo tengo dos hijas más feministas que yo. Y me corrigen porque inevitablemente digo cosas que tienen que ver con lo que me han enseñado y ellas me dicen: estás siendo machista. Y a veces tienen razón. Este nuevo feminismo es un movimiento que está en construcción y cómo se tiene que repensar es lógico que busque tantos caminos paralelos y deje de ser monolítico. Es razonable que haya varios movimientos feministas, que se pudieran reunir o no. Es legítimo que cada uno busque su camino. Pero me parece mal que ahora resulte que las feministas son una turba, violentas, agresivas, feminazis… eso es una estrategia de la nueva misoginia. Lo que no puede ser es que en un país que después de 40 años de democracia todavía no se da la igualdad de salario ni igualdad de trabajo, pidan moderación, ¡que se moderen ellos!.</p>
<p><strong>Sus novelas tienen enganchados a miles de lectores del mismo modo que hacen las series de televisión. ¿Le gustan las series?</strong></p>
<p>Mucho. Creo que su éxito tiene que ver con que el proceso es muy parecido al de leer una novela. Soy de<em> Juego de Tronos</em> porque me leí las novelas antes de la serie y lo único que le reprocho a George R. R. Martin es que haya dejado de escribir. Y lo digo sin complejos. Es un cabrón que se ha forrado y no quiere trabajar. El quinto tomo salió hace muchos años… <em>Juego de tronos</em> además es muy interesante como proceso narrativo. No solo por las lideresas y heroínas femeninas, sino por cómo modernizan el genero de aventuras. Pero también veo otras series como la <em>Bron / Broen, Ocupados, A dos metros bajo tierra</em> o<em> Sé quién eres</em>. Me he hecho de HBO</p>
<p><strong>¿Por <em>El cuento de la criada</em>?</strong></p>
<p>Qué va. Llevo 20 años recomendado<em> El Cuento de la criada</em>. Cuando le dieron el Nobel a Alice Munro pensé: “Qué pena. Ya no se lo van a dar a su compatriota Margaret Atwood”. Me he acordado de ese libro tanto en los últimos tiempos… Se habla mucho de 1984, de<em> Un mundo feliz</em>, pero cómo presintió ella que la fertilidad iba a ser una de las crisis del mundo futuro y cómo la convirtió en la herramienta de un sistema totalitario, me parece de una clarividencia increíble.</p>
<p><em>* En esta<a href="https://librotea.elpais.com/inspiradores/almudena-grandes/estanteria/maternidades?id_externo_promo=elpais_smoda_almudena_grandes" target="_blank" rel="noopener"> ‘estantería’ de Librotea </a>puedes descubrir las recomendaciones de libros de Almudena Grandes sobre el tema de la maternidad.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Fuente: <a href="https://smoda.elpais.com/feminismo/la-nueva-misoginia-creer-las-feministas-violentas-feminazis-se-moderen/">Elpais.com</a></strong></p>
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		<title>A veces sucede que hoy es siempre</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2017/11/veces-sucede-hoy-siempre/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 10 Nov 2017 11:50:42 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Música]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[España]]></category>
		<category><![CDATA[Isamel Serrano]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Roberto López legaban a la ciudad en autobuses verdes, se esperaban en los andenes y faltaban a&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Roberto López</strong></p>
<p>legaban a la ciudad en autobuses verdes, se esperaban en los andenes y faltaban a clase para estar juntos. Escuchaban a Ismael Serrano y se impregnaban de esa triste belleza de sus canciones, de ese ansia brutal de volar por cualquier cosa, del desgarro y el secreto.</p>
<p>Ismael Serrano acaba de cumplir 20 años de carrera con un doble disco en directo, “Hoy es siempre”, que incluye un DVD de un concierto en Madrid. Uno de esos trabajos cuidados con sumo gusto, de producción sofisticada y creativa, y con un Serrano maduro, revivido, entiendo que en su mejor momento. En un punto, pasado y presente.</p>
<p>“Vértigo que el mundo pare, que corto se me hace el viaje”, musitaba él, y ella sonreía y se encendía un cigarro, y se abrazaba a su cuello susurrándole: “no te dejaré marchar”. Eran los días de vino y rosas, antes del resto de la vida y de las despedidas en los aeropuertos.</p>
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<p>Un resumen, una idea, una parada solicitada: no se trata de un recopilatorio convencional sino de una multiplicación, actualizando sus mejores canciones (Papá, cuéntame otra vez, Vértigo, Pequeña criatura…), temas inéditos (Ven, Agua y aceite, Busco una canción…) y maravillosas versiones (Ojalá de Silvio, Las cuatro y diez de Aute, Y sin embargo, de Joaquín Sabina, esta última por encima de la media…)</p>
<p>Una vez le vieron en directo. Les pareció que Ismael Serrano estaba tocando en el salón de su casa, su primera casa, y se daban la mano, y se miraban, y sonreían, y a lo lejos creyeron oír a los Parra, cantando para ellos será mejor, que me vaya, ahí quedé, solo gritando y sin ti, y terminaban juntos cantando: “te recuerdo, Amanda”.</p>
<p>Ismael Serrano, con 43 años, lleva una carrera de escalonado ascenso, tranquila evolución paciente, algo muy difícil, para cualquiera, tras dos década de trabajo. Muchos de los de su generación se quedaron en el camino. De la canción de autor tipo, con sus dejes a lo Serrat, a cantarle a cajeras del super, desde la guitarra española a mezclarse sin prejuicios con la cumbia, el candombé y el reguetón.</p>
<p>A él le ponía al borde del precipicio escuchar sus canciones, con esa triste belleza premeditada, y se sumergía en una decadencia urbana, como versos de Rubén Darío, y optaba por apagar el radio-cassete del coche y marcharse. A ella, más práctica, todo le daba igual y le seguía. Y así pasaron un tiempo.</p>
<p>La vuelta de Ismael Serrano es la vuelta de un colega del barrio que empezó a tocar en el parque y ha terminado triunfando en América. Una carrera coherente, auténtica, con una voz propia forjada en el tiempo -es curioso escuchar cómo ha ido madurando la voz de Ismael hasta llegar a ser más áspera, arenosa, mejor…- La vuelta de un colega, ya digo.</p>
<p>Dejaron de verse como dejaron de escuchar los discos de Ismael Serrano. Llegaron los aeropuertos, las despedidas y, por último, una ausencia eterna. Él, lejos, en otro continente; ella de cajera en el Zara del centro.</p>
<p>Permeable, sensible, claro, activista, poeta… “Hoy es siempre” el título del disco es una cita de Antonio Machado -su obra está llena de referencias, citas y homenajes-. Y ahí sigue, hoy como siempre, en la agotadora y exitosa lucha por preservar ciertos sueños, la ilusión por cantar, los nervios al salir al escenario, la emoción del principio de algún modo que sigue presente…</p>
<p>Varias veces, desde entonces, han coincidido. Han hablado de cómo les va, de sus matrimonios, de sus benditas rutinas y se han reído recordando el pasado, los andenes y el secreto. La última vez que se vieron, terminaron haciendo el amor, porque a veces sucede que hoy es siempre, e impregnados de una belleza triste que aún les mantiene despiertos.</p>
<p>Escuchen a Ismael Serrano porque al paso del tiempo, a la nieve, siempre sobreviven las buenas canciones…, y, después, lo comentamos.</p>
<p><strong>Fuente: <a href="http://mas.laopiniondemalaga.es/blog/control-c-v/2017/11/10/veces-sucede-hoy-siempre/">La Opinión de Málaga</a></strong></p>
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