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	<title>Frontera &#8211; Seis Grados &#8211; Experiencias que nos conectan</title>
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	<title>Frontera &#8211; Seis Grados &#8211; Experiencias que nos conectan</title>
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		<title>Reabren temporalmente frontera colombo-venezolana para el paso de vehículos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 30 Apr 2017 17:35:30 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[Periodismo]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Frontera]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Después de dos años del cierre absoluto de la frontera colombo-venezolana, la cancillería colombiana ordenó este sábado 29&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Después de dos años del cierre absoluto de la frontera colombo-venezolana, la cancillería colombiana ordenó este sábado 29 de abril la reapertura temporal para permitir el retorno de vehículos hacia su país de matrícula.</p>
<p>&#8220;El domingo 30 de abril se habilitará temporalmente el paso por el <strong>Puente Internacional Francisco de Paula Santander</strong> (que une a las ciudades de Cúcuta y Ureña) para que puedan pasar los vehículos que quedaron represados a uno u otro lado de la frontera con ocasión del cierre unilateral ordenado por Venezuela el pasado 19 de agosto de 2015&#8243;, informó la autoridad en un comunicado.</p>
<p>El presidente Nicolás Maduro, ordenó en 2015 el cierre en cuestión alegando problemas de contrabando, narcotráfico y seguridad. La frontera fue reabierta para peatones en agosto del año pasado, si bien todavía tiene algunas restricciones</p>
<p>El paso vehicular será habilitado temporalmente la tarde del domingo. El paso del Puente Internacional Francisco de Paula Santander, que conecta las ciudades de Cúcuta, en el departamento Norte de Santander (Colombia), y Ureña, en el estado Táchira (Venezuela), estará abierto entre la 1:00 pm y 6:00 pm. El objetivo es que puedan pasar los vehículos que quedaron represados a uno u otro lado de la frontera debido al cierre de 2015.</p>
<p><strong>Con información de Agencias</strong></p>
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		<title>Jauría de hienas</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2017/03/jauria-de-hienas/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 30 Mar 2017 19:29:24 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Colombia]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Frontera]]></category>
		<category><![CDATA[Inmigrantes]]></category>
		<category><![CDATA[Venezuela]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por María Cristina Martínez En una de las estrechas y pobres trochas que unen a Venezuela y Colombia,&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<div id="js_8" class="_5pbx userContent" data-ft="{&quot;tn&quot;:&quot;K&quot;}">
<p><strong>Por María Cristina Martínez</strong></p>
<p>En una de las estrechas y pobres trochas que unen a Venezuela y Colombia, por el Zulia, hay más de sesenta alcabalas improvisadas con madera y mecates que, a pleno sol, atienden ancianos y mujeres. Dos motorizados van delante del carro pagando los peajes para que el viaje se retrase menos. El hombre que conduce me dice: “Pa’ que veas flaca, a esta gente lo que le gusta es el cobre fácil”. He pagado 20 mil bolívares por mi pasaje, así que pienso- mientras me cubro el rostro del polvo del camino – que por este lado del mundo, el cobre le gusta a todos de la misma forma.</p>
<p>Los motorizados ejecutan el pago de manera decente (entregan el cometido en las manos), pero en ocasiones lanzan los billetes al suelo. La brisa los arrastra y de repente dos o tres niños se disponen a alcanzarlos, como si estuvieran volando cometas, corriendo varios metros. Ríen, dicen improperios y forcejean por ser el primero en atrapar esos papeles marrones.</p>
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<p>Es marzo de 2016. La frontera, después de varios meses, sigue cerrada. He ido a Colombia por asuntos de emergencia. El viaje de ida fue relativamente sencillo. Una semana después, regreso. Traigo en mi maleta lo indispensable. Una de las pasajeras pide que les paguemos a los guardias para que no revisen nada. “Cien por persona”, dice. Somos cinco en total. La mayoría está de acuerdo, yo me sumo.</p>
<p>A la salida de la trocha- lo que llaman La Raya- hay una alcabala de la Guardia Nacional. Un sargento nos pide documentos. Soy la única extranjera. Me manda a bajar. El sargento habla aparte con el chofer. Parece que estoy en problemas. Los veo mascullar una y otra vez. Luego el chofer me informa: “El sargento Parra dice que le des 50 mil bolos”. Respiro hondo y digo: “No soy indocumentada, no tengo que pagar nada&#8221;.</p>
<p>El sargento interpela a otros viajeros. Camino hacia él. Le pregunto cuál es mi problema. Es ilegal lo que estás haciendo. Es cierto, contesto, pero por aquí pasa mucha gente, y si la frontera está cerrada es para todos, para los venezolanos, para los colombianos, para cualquier extranjero, y usted solo me está pidiendo dinero a mí. Yo no te estoy pidiendo dinero. El chofer dijo que me está pidiendo 50 mil. No quiero seguir hablando contigo, ponte lejos de mí, ponte allá – señala la acera contraria- hasta que te devuelva el pasaporte.</p>
<p>El chofer baja mi maleta de su carro, dice que no puede esperar. La situación empeora: ahora estoy sin pasaporte, sin transporte y con poco dinero. El sargento vuelve a acecharme enviando a dos de sus secuaces a que me hagan ofertas: “Dale aunque sea treinta mil, dale lo que tengas porque si no te va a romper el pasaporte”. Pasa más de una hora para llegar a un acuerdo bochornoso: 3500 para el sargento y 1000 para un motorizado que me llevará a Paraguaipoa, donde podré subirme a un carro, destino a Maracaibo.</p>
<p>En Paraguaipoa, el tipo de la moto me dice que el pasaje a Maracaibo cuesta dos mil bolívares, pero que yo debo evitar más problemas con la Guardia, que es mejor que le pague un poco más al conductor. ¿Cuánto es más? Cinco mil bolívares. Acepto sin chistar . A lo lejos veo que con mi dinero intenta hacer un acto de magia: saca rápidamente unos cuantos billetes, se los mete en su bolsillo y le da el resto al conductor. La frontera no es una línea imaginaria, no es un centro de control de migración, es una jauría de hienas.</p>
</div>
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		<title>Sí, soy veneca</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2017/01/si-soy-veneca/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 29 Jan 2017 17:34:10 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Colombia]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Frontera]]></category>
		<category><![CDATA[Migración]]></category>
		<category><![CDATA[Venezuela]]></category>
		<category><![CDATA[Xenofobia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Cristina Martínez En el año 2008 hubo inundaciones en Caracas. En ese entonces yo trabajaba en el&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Cristina Martínez<br />
</strong></p>
<p><strong>E</strong>n el año 2008 hubo inundaciones en Caracas. En ese entonces yo trabajaba en el Ministerio de Vivienda. Algunos funcionarios fuimos enviados a prestar apoyo a los afectados, quienes fueron trasladados a unos edificios dentro del Fuerte Tiuna. Durante varias semanas cumplí mis ocho horas laborales viendo cómo aquellas familias trataban de aliviar el dolor de sus pérdidas.</p>
<p>Entre las víctimas de la inundación había personas de nacionalidad colombiana. Recién llegados al refugio fueron atendidos con el mismo trato amable y acogedor que se les daba a los nacionales. Recibían todos los enseres básicos y sus hijos asistían a una sala improvisada –pero amplia– donde dos o tres voluntarios los animaban a leer cuentos, ver teatro o jugar.</p>
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<p>Después de que se realizara un censo, el sentido de solidaridad se diluyó. La jefa encargada de aquella loable tarea, al enterarse de que un porcentaje de los afectados eran extranjeros indocumentados (también cuatro haitianos figuraban en la lista), dijo que llamaría al Saime para que los deportara. Lo dijo tan alto en una reunión que al final no tuvo que materializar sus intenciones. Los mismos refugiados indocumentados, a tempranas horas del día siguiente, abandonaron el sitio sin previo aviso. Yo también lo abandoné. Renuncié al Ministerio.</p>
<p>Recientemente el vicepresidente colombiano Germán Vargas Lleras no contuvo –en acto público mediante– el desprecio que le produce la migración de venezolanos en su país. “Esto no es para los venecos”, dijo refiriéndose a un programa social de casas gratuitas. “Esto es para la población desplazada (…) no vayan a dejar meter aquí a los venecos, no, por nada del mundo, esto no es para los venecos”, solicitó el mandatario a los pobladores de un municipio llamado Tibú.</p>
<p>En el Sur es Vargas Lleras quien atiza contra los venezolanos. En el Norte Trump contra los mexicanos. Y así vamos. Dirigentes de países del Tercer Mundo y del primero coinciden en sacar sus banderas para humillar al forastero. Veo en Vargas Lleras, con diferencia de poder y de clase, a la mujer del Ministerio que quería contactar al Saime. ¿Cosas cómo estas es lo que llaman democracia?, ¿progreso?, ¿civilización?</p>
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<p>Explica el periodista Víctor Hugo Majano, que el término veneco aplica a colombianos con mucho tiempo establecidos en Venezuela o a hijos de colombianos que tienen nacionalidad venezolana. Es una forma acortada de venezolano-colombiano. Es despectivo pues intenta descalificar el carácter colombiano de la persona aludida”.</p>
<p>Ahora noto que soy perfectamente veneca: colombiana, con muchos años viviendo en Caracas, hija de colombianos nacionalizados en Venezuela. Como arepas en el desayuno y en las fiestas bailo vallenato. Esa mezcla es lo que soy. Esa me representa. Decía Lezama Lima: “cada palabra tiene preludios, huellas de dedos anteriores, cada una trae su desgaste”. Entonces, de las palabras ofensivas podemos ser carne atenuante. Con las palabras hirientes también podemos reiventarnos.</p>
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