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	<title>Hijos &#8211; Seis Grados &#8211; Experiencias que nos conectan</title>
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	<title>Hijos &#8211; Seis Grados &#8211; Experiencias que nos conectan</title>
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		<title>Chicharrón</title>
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		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 16 Jan 2018 13:30:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Collage]]></category>
		<category><![CDATA[Abuela]]></category>
		<category><![CDATA[Amor]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Julio Blanco La nostalgia nos evoca sentimientos, olores e incluso sabores. El habitual vacío de recuerdos que&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Julio Blanco</strong></p>
<p>La nostalgia nos evoca sentimientos, olores e incluso sabores. El habitual vacío de recuerdos que representa mi niñez se dibuja, y trae de vuelta aquellos días en que mi abuela me cuidaba y yo feliz la acompañaba.</p>
<p>Ahora que soy un sujeto cada vez más cerca de los 30, me he dado cuenta de lo afortunado que fui en vivir muchos momentos de mi pronta vida junto a mi abuela. Porque al final de cuentas y de la existencia misma, parece natural que mientras se va creciendo uno se va distanciando de sus antecesores, hasta encontrarse un día sin ellos, anhelando cada segundo perdido, cada abrazo dado.</p>
<p>Pero ella me &#8220;alcahueteaba&#8221;, era mi cómplice perfecto desde aquel momento en que mi mamá decidió prescindir de mi tetero, y ella continuó preparando y dándome aquel dulce atol, limitando la bebida a la taza, convirtiendo la ley de mi madre en una excepción bastante amigable.</p>
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<p>Yo la acompañaba curiosamente durante cada semana en su expedición por el pueblo, para comprar los víveres y enseres del hogar. El pueblo no contaba con muchos lugares destacables, pero tenía la impresión de ser un mercado gigante que ofrecía lo que cada habitante necesitara. Y mi abuela esporádicamente requería de algo llamado chicharrón.</p>
<p>No comprendía esa palabra compleja de pronunciar y no sabía lo que era. Solo recuerdo que lo vendían en una pecera con ruedas donde uno podía ver y escoger lo que compraba. Ella le exigía al vendedor ambulante una prueba de fe, en forma de un pedazo dorado y después de probarlo le pedía sin faltar que incluyera en su pedido &#8220;pedazos que tuvieran carne&#8221;.</p>
<p>Sin saber a qué me enfrentaba, ella disponía de una parte en mis manos, y mientras caminabamos de regreso a casa, peleaba con mis dientes de leche por arrancar un tajo de aquella piel de cerdo frita, envuelta en una bolsa de papel marrón ya traslúcida.</p>
<p>Recuerdo que era crujiente, salada, deliciosa y como pude ver en mis dedos brillantes, grasienta. En el rostro de ella era evidente la contradicción que el consumirlo le acarreaba a su salud, pero solo esgrimía una sonrisa y una pregunta: ¿Sabroso verdad? Y desde entonces comprendí que seriamos gustosos, cómplices de por vida.</p>
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		<title>Pequeña</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2017/01/pequena/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 17 Jan 2017 00:12:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Amor]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Hijos]]></category>
		<category><![CDATA[Madre]]></category>
		<category><![CDATA[Padre]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Eileen M. Quizás en mi ignorancia por mi corta edad y con un largo camino aún por&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Eileen M.</strong></p>
<p>Quizás en mi ignorancia por mi corta edad y con un largo camino aún por recorrer, te anhelaba mucho.  En uno de esos días cuando lo imaginé te llamé Victoria. Y entre chanchas y juegos te convertiste en realidad.</p>
<p>Quizás en ese momento Dios quería enseñarme ese inexplicable amor que solo una mujer puede sentir y que tú, mi pedacito de vida, podías hacer cambiar mi mundo en un instante. Imaginé tantas veces como serías, a quién te ibas a parecer, que cambios iban a seguir pasando ya que en unos meses más solo tu serías mi prioridad, la razón de mi vivir.</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>Mi instinto maternal se activaba al cien por ciento. No me explico por qué llegaste justo cuando no te podía tener, solo sé que lo poco que viví contigo, dentro de mi, cambió mi mundo. Mamá olvidó peinarse, maquillarse, hasta hizo a un lado la ropa que ya no iba a poder usar. Y las veces que provocaste nauseas, te decía: “pequeña, mamá te ama, no le hagas sentir mal, pórtate bien”. Aunque ella se sentía muy sola porque tu papito no podía estar. Tú eras mi motorcito.</p>
<p>Pequeña, aunque mis ganas de tenerte eran inmensas esta vez no era el momento. Tú estabas cubierta de un medicamento que causaba daños mortales en tu formación. Un ochenta por ciento de ti no estaba sano y me tocó tomar una cruel decisión: desprenderte de mí, pedacito de mi vida.</p>
<p>Durante cuatro meses de tu existencia pude ver tu figura dos veces y me desbordaba la felicidad, pero esta vez no pude conocerte y aunque no te lograste formar bien sabes que serás siempre mi Victoria, mi ángel por siempre.</p>
<p style="text-align: center;">Mamá</p>
<p>&nbsp;</p>
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