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	<title>Día Internacional del Libro 2018 &#8211; Seis Grados &#8211; Experiencias que nos conectan</title>
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	<title>Día Internacional del Libro 2018 &#8211; Seis Grados &#8211; Experiencias que nos conectan</title>
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		<title>Empuñar los libros</title>
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		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 24 Apr 2018 17:42:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[David Foster Wallace]]></category>
		<category><![CDATA[Día Internacional del Libro 2018]]></category>
		<category><![CDATA[Karla Souza]]></category>
		<category><![CDATA[La ciudad y los perros]]></category>
		<category><![CDATA[Leila Guerriero]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura Venezolana]]></category>
		<category><![CDATA[Lizandro Samuel]]></category>
		<category><![CDATA[Vargas Llosa]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Una forma de absorber la experiencia es a través de la narrativa. En las civilizaciones antiguas, un viejo&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h4 id="una-forma-de-absorber-la-experiencia-es-a-traves-de-la-narrativa-en-las-civilizaciones-antiguas-un-viejo-se-reunia-alrededor-de-una-fogata-junto-a-los-mas-jovenes-de-la-tribu-su-experiencia-se-cond"><span style="color: #6e4d8b;">Una forma de absorber la experiencia es a través de la narrativa. En las civilizaciones antiguas, un viejo se reunía alrededor de una fogata junto a los más jóvenes de la tribu. Su experiencia se condensaba en historias</span></h4>
<p><strong><br />
Por Lizandro Samuel / @LizandroSamuel<br />
</strong></p>
<p>Quizá mi problema es que nunca he leído para evadir. Hasta en la más absurda de las ficciones puedo encontrar paralelismos con eso que llamamos realidad. Y las pocas veces que esto no ocurre noto poca magia y demasiado plástico en palabras que por falta de artificio lucen artificiales.</p>
<p>Para evadir, supongo, encontré el fútbol, luego el tenis y por último el baloncesto. Pero hasta en eso fracasé. La historia de superación de cualquier jugador me aleccionaba sobre cómo vivir. Y el consejo más útil de mi vida lo escuché en la conferencia de un entrenador sobre el que disfruto leer. “No le hagan caso a nadie”, dijo Pep Guardiola. No supe si hacerle caso o no. Por las dudas, seguí mi instinto cuando mi madre, viendo que mi biblioteca crecía más rápido que mi armario, me preguntó si yo planeaba comer libros o usarlos para vestirme. “Ni lo uno ni lo otro, solo planeo ser feliz”, pensé.</p>
<p>Y la felicidad, en mi opinión, poco tiene que ver con mirar para otro lado. Mientras escribo esto están asesinando a alguien en Caracas, un niño de seis años tiene sexo con un viejo gringo rubio a cambio de tres dólares y en la India un tipo con más barriga que corazón viola a una mujer por no considerarla ser humano. Sé que vivo en un planeta así. Mi desafío es ser una flor de loto: construir una parcela de felicidad en medio de la mierda.</p>
<p>Tímido por naturaleza, un día me asomé a ver la luna. Sentí que el paisaje me superaba. ¿Por qué mis abuelos discutían tanto?, ¿por qué mi mamá llegaba tarde del trabajo y mi abuelo salía temprano a buscar los resultados de la lotería? ¿Qué hacía que millones de personas deliraran por un calvito que sabía patear un balón? Demasiadas dudas para alguien que tan solo tenía un lustro de vida.</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>Fue entonces cuando empecé a encontrar significados en las caricaturas que me leía mi mamá. Si Trucutú se subía a su dinosaurio y seguía de largo cuando veía a una pareja de desconocidos discutiendo, quizá yo debía salir del cuarto cuando mis abuelos comenzaran a gritarse.</p>
<p>Mi mamá destacaba una enseñanza de todos los cuentos que me leía. Y nunca salíamos del cine sin que me preguntara qué fue lo que más me gustó y qué aprendí de la película. Cuando ya estuve demasiado grande para esos juegos, seguí leyendo con una insistencia que en algún momento la preocuparía. Supo que había creado un monstruo cuando empecé a hallar en libros y películas contradicciones a cosas que ella y mis profesores daban por hecho.</p>
<p>Ahí entendí que también leía para que otros no me impusieran su mundo: yo quería construir el mío.</p>
<p>Una serie que me gustaba cuando era un niño se llama <em>Boy meets world</em>, que en Latinoamérica la traducían como <em>Aprendiendo a vivir</em>. Los protagonistas viajan desde la infancia hasta la adultez sin que el argumento se agote. El mensaje resulta obvio: quienes estamos vivos seguimos aprendiendo a vivir.</p>
<p>Una forma de absorber la experiencia es a través de la narrativa. En las civilizaciones antiguas, un viejo se reunía alrededor de una fogata junto a los más  jóvenes de la tribu. Su experiencia se condensaba en historias. Hoy día tenemos la literatura, el cine y la música. Absorbemos conocimiento, emociones y dudas no desde la imposición sino mediante relatos. La narrativa nos muestra posibilidades infinitas para que cada uno decida qué pregunta hacerse.</p>
<p>La actriz mexicana Karla Souza desde niña quería ser un fenómeno de la actuación: alguien que realizara performances inexplicables. Un día, ya hecha actriz, quedó muda durante tres meses. Ningún doctor ni ella misma entendían lo qué sucedía: Karla no podía hablar. Se convirtió en un fenómeno médico.</p>
<p>Al darse cuenta de que estaba escenificando el más difícil de sus dramas, buscó dentro de sí. Quiso aferrarse al amor a su familia, su determinación y su fe en Dios. Abrió la alacena de sus recursos para automotivarse y lo que vio la habría dejado muda de no haberlo estado ya: nada.</p>
<p>Encerrada en su silencio, solo logró observar su dolor en las pinturas, películas y obras de arte. Se enfrentó a un poema de Silvia Plath: “Me inclino a ti, entumecido como un fósil, dime que estoy aquí”. Se conectó con los libros de Jack Kerouac y comprendió el sufrimiento de las pinturas de <strong>Frida Kahlo</strong>. Con su lengua fallando, las emociones lograron expresarse en el lenguaje del arte.</p>
<p>Karla entendió que cosas como la literatura dicen lo que las palabras convencionales son incapaces de explicar. Todavía no sabe adónde fue de vacaciones su voz durante esos tres meses, solo comprende que en ese tiempo aprendió a hablar.</p>
<p>Lejos de vivir traumas semejantes, mi vida ha estado llena de desafíos y algún drama. Si en la adolescencia buscaba mensajes superficiales en la literatura y el cine, empecé a hacerme hombre cuando distinguí lo que los libros susurraban a mi inconsciente.</p>
<p>Podría mencionar una lista de títulos. Ante cada nuevo desafío, me convierto en un caballero de la edad media que empuña un libro. Nada ni nadie me ha dado lo mismo que la literatura. Tener un hombro sobre el que llorar es a veces menos útil que una página que comprenda tus lágrimas.</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>Podría mencionar una lista de títulos, decía, pero empezaré con uno que me dio impulso hace un par de años. Llegué a <em>Cosas que los nietos</em> <em>deberían saber</em> habiendo escuchado poco la música del autor, <strong>Mark Oliver Everett</strong>. La cantidad de reseñas positivas que leí me sedujeron. Nunca un “abuelo” sin nietos –ni hijos– había tenido tanta publicidad.</p>
<p>Me bastaron 20 páginas para comprender que los libros pueden trascender a los autores. Lejos de querer conocer a Mark, entendí que su obra tenía mucho más para decirme que cualquier consejo que él u otra persona pudiera darme.</p>
<p><em>Cosas que los nietos deberían saber</em> es uno de los libros que más veces he releído.</p>
<p>Desde niño me consideré un bicho raro. En el colegio era el gordito alto al que le buscaban pleito y respondía preguntándole al agresor si podían ser amigos. En las fiestas familiares me iba a una esquina a leer mientras mis primos movían sus cinturas al ritmo del merengue. Me llevaría tiempo comprender que todos somos raros y que no hay nada más destructivo que pretender ser normal. <strong>Leyendo a Mark me identifiqué con lo solo que se llegó a sentir: ser comprendido es un privilegio tan alto que la mayoría ni siquiera alcanza a comprenderse a sí mismo.</strong></p>
<p>Por esos días también me aferraba a decisiones contraculturales que me asilaban hasta del apoyo de las personas que me querían. Leer <em>Cosas</em>… fue instalar una idea en mi inconsciente: si él pudo, ¿por qué yo no?</p>
<p>Liado además en relaciones sentimentales infructuosas, asumí que no tenía sentido ligarme con alguien que no pudiera comunicarse conmigo en ese espacio en el que las palabras convencionales no son suficientes. Hay mujeres que no conciben tener un novio que no use celular. Yo no podría compartir mi vida con una chica que no sepa expresarse a través del arte.</p>
<p>¿Así se sentiría estar drogado? Si yo era capaz de alucinar de esa forma, de moverme entre una paleta de colores emocionales tan intensa, entendía entonces por qué algunos no podían vivir sin estupefacciones. Lamenté que no todos aprendieran desde niños a valorar los libros.</p>
<p><em>La ciudad y los perros</em>, <em>Cien años de soledad</em>, <em>Instrumental</em>, <em>Todas las batallas perdidas</em>, <em>La huella del bisonte</em>, <em>Liubliana</em>, <em>La eterna parranda</em>, <em>Retratos y encuentros</em>, <em>Los culpables</em>, <em>La</em> <em>fiesta del chivo</em>, <em>Pistorius. La sombra de la verdad</em>, <em>Terapia para el emperador</em>, <em>La guerra del fin del mundo</em>… los libros son espejos con la doble propiedad de enfocar hacia dentro de mí y hacia el exterior. No leo para evadir la realidad, leo porque necesito saber dónde estoy.</p>
<p>Aunque a veces duela.</p>
<p>Distanciado de poses intelectuales, lo más importante para mí antes que pensar es sentir. A riesgo de parecer cursi, diría que soy de los que antes de leer con la cabeza –que también– leen con el corazón.</p>
<p>David Foster Wallace escribió que “la función de la literatura es darle calma a los perturbados y perturbar a los que están en calma”. Cuando hice como Fito y me fui de casa para tocar <em>rock and roll</em>, sabía que siempre podría encontrar un brazo dispuesto a ayudarme. Pero mi mayor fortaleza iba en mi bolso: mis libros. Un tiempo más tarde noté mi error: el papel, como las personas, también se extravía, se ensucia, se rompe y desaparece. No son los libros en físico –o digital– lo importante, sino lo que ellos dejan en mí. Eso es una de las pocas cosas que nadie me puede quitar. Entonces recordé a una de esas autoras cuya obra la trasciende.<strong> Leila Guerriero</strong> escribió: “El arte es más grande que la vida, y la incomodidad que producen sus preguntas hace que uno sepa que ha entendido cosas que no podría explicarle (a) nadie”. Suscribo.</p>
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		<title>Buscando las letras hundidas en el aguacero</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2018/04/buscando-las-letras-hundidas-en-el-aguacero/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 22 Apr 2018 23:32:18 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónicas]]></category>
		<category><![CDATA[Arturo Uslar Pietri]]></category>
		<category><![CDATA[Barquisimeto]]></category>
		<category><![CDATA[Crisis]]></category>
		<category><![CDATA[Día Internacional del Libro]]></category>
		<category><![CDATA[Día Internacional del Libro 2018]]></category>
		<category><![CDATA[José Samuel Olivares]]></category>
		<category><![CDATA[Libererías]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Venezuela]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>No queda más que pensar y abrazar la idea de que está prohibido olvidar cómo lo dijo una&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h4 id="no-queda-mas-que-pensar-y-abrazar-la-idea-de-que-esta-prohibido-olvidar-como-lo-dijo-una-vez-ruben-blades-cada-nacion-depende-del-corazon-de-su-gente-y-a-un-pais-que-no-se-vende-nadie-lo-po" dir="ltr"><span style="color: #6e4d8b;">No queda más que pensar y abrazar la idea de que está prohibido olvidar cómo lo dijo una vez Rubén Blades <strong><em>“Cada nación depende del corazón de su gente. Y a un país que no se vende, nadie lo podrá comprar!  ¡No te olvides!”</em></strong></span></h4>
<p dir="ltr"><strong>Por José Samuel Olivares</strong></p>
<p dir="ltr"><strong>1</strong></p>
<p dir="ltr">Luego de desayunar y leer los mensajes que tengo en el teléfono decido salir y enfrentar la calle. La épica de hoy es comprar un libro en socialismo. En 2016 adquirí el último ejemplar. Al menos en la Venezuela actual. Un título de mucho contraste y remembranza: <strong>País Archipiélago,</strong> de Elías Pino Iturrieta.</p>
<p dir="ltr">La contrariedad la encuentro al revisar mi bolsillo y darme cuenta que solo tengo veinte mil bolívares en efectivo, el pasaje a la fecha son tres mil bolívares y necesito al menos montarme en cuatro buses para ir y volver a mi destino. No importa si toca caminar más. Pues toca.</p>
<p dir="ltr">Caminando hasta la parada de autobús voy saludando amigos y vecinos, el paisaje de la ciudad se ha transformado aceleradamente, esos mismos que acabo de saludar han perdido peso. Se les nota demacrados por la dieta de Maduro. Desde el primero de marzo de 2018 el salario mínimo son 392.546 bolívares, y el ticket de alimentación 915.000 bolívares. ¿Cuánto costará un libro para la fecha? No lo sé, pero estoy por descubrirlo. Continuo caminando cuando faltan dos cuadras hacia la parada y veo la carnicería abierta, (tenía dos semanas con las puertas abajo), veo un letrero de cartulina, verde fosforescente, que me grita que cada vez mi poder adquisitivo es mucho menos, la sentencia: 900.000 bolívares un kilo un carne.</p>
<p dir="ltr">Hoy salir a la calle y movilizarse en transporte público parece el peor de los blockbusters americanos, comprar billetes al doble de su precio para usarlos por su valor real.</p>
<p><b><br />
</b><strong>2</strong></p>
<p dir="ltr">2016 parece tan lejano y a la vez no, -creo que soy el único de mis amigos que tenía tanto sin comprar un libro-, pero las palabras de cada uno de ellos no son alentadora.   “Coño desde octubre del año pasado”, “mira la verdad que hace mucho, la ultima vez fue en noviembre y estaba carisimo pero realmente lo quería”. Eso, el querer hundirte en las letras de alguien más, apropiarte de ellas, vivirlas y poder disfrutarlas te hace pagar un precio exorbitante que lleva a cuestionarte si mañana no desayunas o no almuerzas.</p>
<p dir="ltr">Recuerdo ese jueves que entré a Tecni Ciencia lo vi y no dudé. Lo agarré del mostrador -era el último que quedaba- y la cajera le preguntó a la encargada si había otro en el almacén. Silente negó con la cabeza. Por esta vez, había vencido.</p>
<p dir="ltr">Ese día después de salir contento con mi libro en las manos, decidí de manera expresa que no tenía lo suficiente para almorzar. Prefería esperar la cena.</p>
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<p dir="ltr">Mientras esperaba el bus en la parada vi una de las escenas más inéditas de mi vida en Venezuela. Creo que orbitan en mi cabeza imágenes de los trenes en la India abarrotados y con personas colgando de las ventanas. Hoy las avenidas y calles de las ciudades en el país escriben líneas dolorosas en la historia: personas viajan a modo de transporte público en las jaulas donde alguna vez transportaron cerdos y reses. Logré subirme en el primer autobús de los dos que necesito tomar para llegar a mi destino.</p>
<p dir="ltr"><strong>3</strong></p>
<p dir="ltr">Por fín llego a mi primera parada, la <a href="https://www.google.co.ve/maps/uv?hl=es-419&amp;pb=!1s0x8e87670d7bc80459:0xcbf7720a5a950975!2m22!2m2!1i80!2i80!3m1!2i20!16m16!1b1!2m2!1m1!1e1!2m2!1m1!1e3!2m2!1m1!1e5!2m2!1m1!1e4!2m2!1m1!1e6!3m1!7e115!4shttps://lh5.googleusercontent.com/p/AF1QipOW32Z4026EvMexpt_bUoFDrgw72MtrL30ueIF2%3Dw284-h160-k-no!5sPlaza+%22General+Pedro+Le%C3%B3n+Torres%22,+Carrera+19,+Barquisimeto,+Lara+-+Buscar+con+Google&amp;imagekey=!1e10!2sAF1QipOW32Z4026EvMexpt_bUoFDrgw72MtrL30ueIF2&amp;sa=X&amp;ved=0ahUKEwiiqd-pyMXaAhWKnFkKHec6AXcQoioIdzAO" target="_blank" rel="noopener" data-saferedirecturl="https://www.google.com/url?hl=es&amp;q=https://www.google.co.ve/maps/uv?hl%3Des-419%26pb%3D!1s0x8e87670d7bc80459:0xcbf7720a5a950975!2m22!2m2!1i80!2i80!3m1!2i20!16m16!1b1!2m2!1m1!1e1!2m2!1m1!1e3!2m2!1m1!1e5!2m2!1m1!1e4!2m2!1m1!1e6!3m1!7e115!4shttps://lh5.googleusercontent.com/p/AF1QipOW32Z4026EvMexpt_bUoFDrgw72MtrL30ueIF2%253Dw284-h160-k-no!5sPlaza%2B%2522General%2BPedro%2BLe%25C3%25B3n%2BTorres%2522,%2BCarrera%2B19,%2BBarquisimeto,%2BLara%2B-%2BBuscar%2Bcon%2BGoogle%26imagekey%3D!1e10!2sAF1QipOW32Z4026EvMexpt_bUoFDrgw72MtrL30ueIF2%26sa%3DX%26ved%3D0ahUKEwiiqd-pyMXaAhWKnFkKHec6AXcQoioIdzAO&amp;source=gmail&amp;ust=1524524271923000&amp;usg=AFQjCNFvmFYCuSsHnTMKhnL96KdVM_5i0g">Plaza de Los Libreros</a>, el bullicio de la calle no suena igual, la geografía de mi recuerdo no encaja con lo que veo, lo que solía ser un paredón de encuentro con la literatura, hoy es un lugar al que le robaron el duende. Ya no tiene chispa, paseo entre los puestos y veo los títulos,- cada vez es menor la variedad de libros que se encuentran-, y no puedo evitar el suspiro que viene detrás del recuerdo de mi último libro comprado allí.</p>
<p dir="ltr">Son muchas cosas las que acarrea esta remembranza; para ese entonces pude pagar el libro con el efectivo que me sobraba en mi billetera, con un solo billete pude comprar dos pequeños libros, uno de ellos lo recuerdo con claridad. <strong>De una a otra Venezuela,</strong> de <strong>Arturo Uslar Pietri</strong>, un ensayo escrito en el siglo pasado redactado por una de las plumas más brillantes que ha dado la patria. El mal trago vino cuando esas líneas las sentí como vivir en carne propia <strong>Crónica de una muerte anunciada</strong>  del Gabo, pero vivido en socialismo del siglo XXI.</p>
<p dir="ltr"><strong>4</strong></p>
<p dir="ltr">Montado en el segundo autobús para mi próximo destino, reflexiono sobre cómo cada vez se han reducido las opciones en donde comprar un libro en la ciudad, mi último paso por el Sambil de Barquisimeto me dejó con un sabor triste, es el mismo momento cuando pruebas tu postre favorito y ya no sabe igual, bueno así se siente que cierren las dos sucursales de las cadenas más grandes de librerías en el país.</p>
<p dir="ltr">Donde antes había una <strong>librería Nacho</strong> hoy hay una tienda de ropa, y después de batallar y mudarse dos veces de local, <strong>Tecni Ciencia</strong> desapareció de ese centro comercial, su espacio lo ocupa un salón de belleza. Pareciera que la belleza en este país vende más. El paisaje se desdibuja, encontrar las letras en el aguacero se me hace más difícil.</p>
<p dir="ltr">Un gobierno fallido y fracasado se ha encargado de cerrarle las puertas a la literatura, intentaron hacer su propio ensayo de librerías y de querer potenciar la cultura, al menos la de la desidia. Para la fecha en Barquisimeto las dos<strong> Librerías del Sur</strong> existentes cerraron, como quien nadie vino y nadie se fue, solo queda el cadáver. Está ahí impaciente y a la espera, de que alguna vez sus espacios sean llenados masivamente y corran aires de una nación distinta, una que lee y recuerda.</p>
<p dir="ltr"><strong>5</strong></p>
<p dir="ltr">Mi última parada es la <a href="https://www.instagram.com/libreriaelclip/" target="_blank" rel="noopener" data-saferedirecturl="https://www.google.com/url?hl=es&amp;q=https://www.instagram.com/libreriaelclip/&amp;source=gmail&amp;ust=1524524271924000&amp;usg=AFQjCNFfQwKDByuryeq957e6kI81ev4mZw">Librería el Clip</a> lugar mítico para los barquisimetanos amantes de la literatura, es de las únicas tiendas en la metrópolis crepuscular que mantiene su identidad a pesar de toda la desidia que vivimos hoy. Sus espacios aún se mantienen, aún existen los muebles donde se pueden sentar a leer los textos que se resguardan en esas cuatro paredes. Mientras me muevo entre los estantes veo un libro al fondo, justo en la parte baja se encuentra una “C” serif de color fucsia, lo reconozco, nos hemos visto la cara antes porque es el segundo tomo de <strong>70 Años de Crónicas de Venezuela</strong>.</p>
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<p dir="ltr">No pregunto el precio y lo llevó directo a la caja. Le confieso con emoción a la cajera que llevaba mucho tiempo buscándolo. Su respuesta sin mirarme a los ojos engloba mi realidad, su realidad y la de muchos otros tambien: “Que bueno, porque no creo que lleguen más”. A diario enfrentamos eso todos los venezolanos, el que algo no exista más y que si existe no podamos acceder a eso por no tener la capacidad de costearlo. A eso se transformó una nación completa, en un “no sé” gigante que se nos dibuja en la cara, en el televisor, en la cuenta de banco y en el total del mercado de la semana.</p>
<p>No queda más que pensar y abrazar la idea de que está prohibido olvidar cómo lo dijo una vez Rubén Blades <strong><em>“Cada nación depende del corazón de su gente. Y a un país que no se vende, nadie lo podrá comprar!  ¡No te olvides!”</em> </strong>En tiempos como estos el corazón nos dicta no olvidar, ajustar la razón y en mi caso nunca dejar de escribir. Ya llegará el momento en donde nos podamos leer en una libertad realmente tangible, no la que intenta escribir el poder.</p>
<p>Ese día entre la cajera y yo quedo entendido que la épica había sido concluida, esta vez el aguacero no me había ahogado. No sé si mañana libre de la misma forma.</p>
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		<title>La lectura: una llave mágica</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2018/04/la-lectura-una-llave-magica/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 22 Apr 2018 13:24:11 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Día Internacional del Libro 2018]]></category>
		<category><![CDATA[Educación]]></category>
		<category><![CDATA[Lectura]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Marian Martínez Perdomo]]></category>
		<category><![CDATA[Unesco]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Aún en un mundo plagado de desarrollos tecnológicos la desigualdad en el acceso a diversas herramientas corre y&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h4 id="aun-en-un-mundo-plagado-de-desarrollos-tecnologicos-la-desigualdad-en-el-acceso-a-diversas-herramientas-corre-y-se-extiende"><span style="color: #6e4d8b;">Aún en un mundo plagado de desarrollos tecnológicos la desigualdad en el acceso a diversas herramientas corre y se extiende</span></h4>
<p><strong>Por Marian Martínez Perdomo</strong></p>
<p>¿Cómo saber si se debe halar o empujar una puerta?, ¿A dónde irá ese bus que pasa por la calle de enfrente?, ¿Qué contiene ese producto que sostiene en sus manos?, ¿Qué dicen los periódicos? Para obtener todas estas respuestas con autonomía solo hay una vía: la lectura.</p>
<p>Y a ese mundo que ofrece un sinfín de experiencias lo ideal es entrar sin prejuicios. Leer, como se ha dicho muchas veces, permite viajar a través de la imaginación, conocer lugares, personajes, universos indescifrables&#8230; Pero hay algo más elemental: leer ayuda a sobrevivir y salva. Sí, salva del estafador, del manipulador, del dominante, del verdugo y, en el mejor de los casos, de la violencia.</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p><strong>En 2017, el Instituto de Estadística de la Unesco advirtió que 617 millones de niños y adolescentes no recibían los conocimientos mínimos en lectura y matemática.</strong> Un gran porcentaje de ellos estaba escolarizado, lo cual plantea la interrogante de qué se está enseñando en las escuelas.</p>
<p>Las cifras llaman a la reflexión. Aún en un mundo plagado de desarrollos tecnológicos la desigualdad en el acceso a diversas herramientas corre y se extiende. Muchas serán las puertas que esos niños no sabrán halar o empujar. Una de ellas quizás sea la del desarrollo.</p>
<p>El año pasado, <strong>la agencia Nop World presentó los resultados de un estudio sobre los países más lectores del mundo. Los asiáticos lideraron la lista.</strong> En primer lugar se ubicó la India con una población lectora que invertía 10.7 horas semanales en este hábito, le siguió Tailandia con 9.4 horas y de tercera China con 8. Venezuela mostró el mejor resultado de América Latina al ubicarse de 13 con 6.4 horas y Argentina se situó de 17.</p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-5246" src="http://www.seisgrados.com.ve/wp-content/uploads/2018/04/LIBRO-PELUCHE.jpg" alt="" width="1024" height="1024" srcset="https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/04/LIBRO-PELUCHE.jpg 1024w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/04/LIBRO-PELUCHE-150x150.jpg 150w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/04/LIBRO-PELUCHE-300x300.jpg 300w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/04/LIBRO-PELUCHE-768x768.jpg 768w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/04/LIBRO-PELUCHE-600x600.jpg 600w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></p>
<p>Varios países adelantan proyectos para promover la lectura, incluidas ferias del libro, pero eso no es suficiente mientras la pobreza siga obstruyendo el acceso oportuno a ello.</p>
<p>La Unesco concluyó en 2015 que los dispositivos móviles pueden ayudar a las personas a desarrollar, mantener y mejorar sus capacidades de lectoescritura. Esta nueva arista se traduce en oportunidades para quienes la adquisición de libros era un problema. Sin embargo, no basta la herramienta, también se requiere de motivación.</p>
<p>Leer un cuento a un niño puede significar un cambio y enseñarle las letras y fonemas otro paso más. Imagine que él pequeño está en una cueva, sumido en la oscuridad, y las letras que aprenda a descifrar son los escalones que lo ayudarán a llegar hasta la luz, crecer y avanzar.</p>
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		<title>Puente de las Fuerzas Armadas, refugio de libreros y lectores a pesar de la crisis</title>
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		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 21 Apr 2018 16:01:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónicas]]></category>
		<category><![CDATA[Caracas]]></category>
		<category><![CDATA[CCS]]></category>
		<category><![CDATA[Crisis]]></category>
		<category><![CDATA[Día Internacional del]]></category>
		<category><![CDATA[Día Internacional del Libro 2018]]></category>
		<category><![CDATA[Fuerzas Armadas]]></category>
		<category><![CDATA[Humberto Sánchez Amaya]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Libros usados]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En una de las vías más transitadas de Caracas, donde hace más de 30 años se ubican decenas&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h4 id="en-una-de-las-vias-mas-transitadas-de-caracas-donde-hace-mas-de-30-anos-se-ubican-decenas-de-vendedores-de-libros-usados-una-opcion-atractiva-para-conseguir-titulos-de-todo-tipo-desde-literatura-ha"><span style="color: #6e4d8b;">En una de las vías más transitadas de Caracas, donde hace más de 30 años se ubican decenas de vendedores de libros usados. Una opción atractiva para conseguir títulos de todo tipo, desde literatura hasta textos escolares. A pesar de la inflación, todavía es referencia en el ávido lector</span></h4>
<p><strong>Por Humberto Sánchez Amaya / @humbertosam</strong></p>
<p class="m_-6915516522632134382gmail-m_7191155544901868864m_4142856237707290788gmail-MsoNormalCxSpMiddle">El puente de la avenida Fuerzas Armadas no posee ningún atractivo arquitectónico. Si lo tuvo, está carcomido por la daga de los años, siempre cruenta en su avance cuando no hay quien contrarreste.</p>
<p class="m_-6915516522632134382gmail-m_7191155544901868864m_4142856237707290788gmail-MsoNormalCxSpMiddle">Sin embargo, debajo de la vía, que pasa por una de las zonas más neurálgicas de Caracas, en la que confluyen miles de personas atribuladas de obligaciones y pensamientos a pie o en vehículos, hay un punto de encuentro, una burbuja en la que el peatón se desconecta de la tribulación que genera todo al derredor. Cornetas, tubos de escapes envejecidos, motos rampantes, el humo asfixiante, el bus atestado, la tranquilidad olvidada, todo queda en otra dimensión.</p>
<p class="m_-6915516522632134382gmail-m_7191155544901868864m_4142856237707290788gmail-MsoNormalCxSpMiddle">Los libreros que durante más de 30 años han hecho de la zona una tradición son la distensión para lectores apasionados, estudiantes y caminantes desprevenidos que fortuitamente se encuentran con las decenas de kioscos que ofrecen toda clase de títulos, desde los clásicos de lectura obligatoria en el colegio, o aquellos en los que todo lector apasionado sabe que debe adentrarse.</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p class="m_-6915516522632134382gmail-m_7191155544901868864m_4142856237707290788gmail-MsoNormalCxSpMiddle">María Fernanda camina entre los kioscos. Es estudiante universitaria y aprovechó que hacía una diligencia por el centro de Caracas para ver qué encuentra en estos eclécticos anaqueles, en los que la <i><strong>Odisea</strong> </i>de Homero, puede estar al lado del <strong><i>Problemario</i> </strong>de E. Navarro y de un libro de estrategias para el ajedrez. Afirma ser lectora apasionada y esta tarde no busca nada preciso. Espera que el destino que favorece al curioso la lleve a un libro que valga la pena. No vive cerca, pero siempre procura venir, y más en estos tiempos, cuando los libros nuevos son cada vez más costosos en librerías.</p>
<p class="m_-6915516522632134382gmail-m_7191155544901868864m_4142856237707290788gmail-MsoNormalCxSpMiddle">La última vez se llevó <i><strong>El principito</strong>.</i> Claro, era un regalo. Alguien que se considere lector, a su edad, debe tener esa obra desde hace tiempo.  Ella busca los mejores precios. A pesar de la inflación, considera que el lugar todavía es un punto para encontrar obras a un bajo costo y debajo del puente de las Fuerzas Armadas, los precios varían. Es cuestión de revisar con minuciosidad. Por ejemplo, una edición de bolsillo de <i>Los tres mosqueteros </i>de Alexandre Dumas puede costar 20.000 bolívares, pero <i>It</i> de Stephen King, cuya reciente adaptación al cine fue estrenada el año pasado, vale 3 millones de bolívares.</p>
<p class="m_-6915516522632134382gmail-m_7191155544901868864m_4142856237707290788gmail-MsoNormalCxSpMiddle">King es uno de los autores más buscados, especialmente por los lectores jóvenes, ávidos de sagas de terror, suspenso o ciencia ficción, según varios de los libreros del lugar.</p>
<p class="m_-6915516522632134382gmail-m_7191155544901868864m_4142856237707290788gmail-MsoNormalCxSpMiddle">La crisis ha cambiado ciertas dinámicas. Si bien la diversidad de precios permite todavía que se mantenga el negocio, no siempre las transacciones son  convencionales. María Alexandra, así se presenta, tiene 3 años y medio debajo del puente. Es nueva, aunque su esposo sí ha estado al frente del puesto por más de 30 años. Antes, ella solo iba de paso. “Soy graduada en educación inicial. Por eso, este oficio no es del todo extraño para mí. Lo que más satisface es ver cómo una persona se va contenta con un libro. Ahora, también ha ocurrido que vienen personas que no tienen suficiente dinero. Antes, hacíamos trueques. Ellos traían algunos libros e intercambiábamos. Pero con todo lo que está pasando, he tenido que aceptar paquetes de arroz o pasta”, señala.</p>
<p class="m_-6915516522632134382gmail-m_7191155544901868864m_4142856237707290788gmail-MsoNormalCxSpMiddle">Rafael Medina también tiene más de 30 años como vendedor. Ofrece libros para todo tipo de intereses. Narrativa, técnicos, escolares, de recetas y demás. “La gente pregunta por todo. Ahora, sí te puedo decir que he notado que los jóvenes están leyendo más. Eso es interesante. Ahora, con respecto al negocio como tal, te puedo decir que hace 20 años venían personas de todas las clases, incluso de la clase media alta. Pero la inseguridad ha hecho que eso merme un poco. Igual, seguimos siendo la mejor opción de libros usados”, acota.</p>
<p class="m_-6915516522632134382gmail-m_7191155544901868864m_4142856237707290788gmail-MsoNormalCxSpMiddle">Varios libreros coinciden en que si bien la crisis ha hecho que el consumidor tenga urgencia en prioridades como alimentos y medicinas, todavía hay lectores que se mantienen leales a la voracidad  literaria. Y son precisamente ellos los que mantienen la actividad. También están los estudiantes y los padres que en temporada escolar buscan textos para el colegio.</p>
<p class="m_-6915516522632134382gmail-m_7191155544901868864m_4142856237707290788gmail-MsoNormalCxSpMiddle">La otra parte del negocio está en quienes se acercan hasta allá a vender libros usados que en casa ocupan espacio necesario para otros objetos. Muchas veces, el desespero hace que se salgan de joyas que los libreros de las Fuerzas Armadas identifican inmediatamente y compran sin chistar, pues el dueño desconoce, casi siempre, de lo que se desprende.</p>
<p class="m_-6915516522632134382gmail-m_7191155544901868864m_4142856237707290788gmail-MsoNormalCxSpMiddle">[the_ad id=&#8221;3726&#8243;]
<p>&nbsp;</p>
<p class="m_-6915516522632134382gmail-m_7191155544901868864m_4142856237707290788gmail-MsoNormalCxSpMiddle"><b>Libreros en el Congreso.</b> A Jorge Atencio lo conocen muchos. No solo lo saludan los demás libreros, sino también trabajadores y dueños de negocios cercanos. No es para menos; tiene más de 30 años ahí. Un viejo amigo le ofrece un trago y él acepta. Es miércoles en la tarde y la jornada culmina. Además, el día siguiente es feriado, así que no está demás la bebida que relaja.</p>
<p class="m_-6915516522632134382gmail-m_7191155544901868864m_4142856237707290788gmail-MsoNormalCxSpMiddle">Asegura, con mucho orgullo, ser fundador. Estuvo entre los primeros que ocuparon ese espacio entre las columnas del puente, un lugar que se convirtió en la venta de libros usados más importante de Caracas.</p>
<p class="m_-6915516522632134382gmail-m_7191155544901868864m_4142856237707290788gmail-MsoNormalCxSpMiddle">Es bonachón y está acostumbrado que le hagan preguntas. De hecho, recuerda las veces que otros reporteros han estado averiguando su oficio. “Una vez vinieron de otro país y pasearon por todo el lugar con sus cámaras mientras hablaban con la gente”, rememora sobre el interés que se mantiene intacto en una referencia de la ciudad.</p>
<p class="m_-6915516522632134382gmail-m_7191155544901868864m_4142856237707290788gmail-MsoNormalCxSpMiddle">No siempre han estado en esos predios. Atencio cuenta que a finales de los ochenta tenían sus puestos en la esquina de Padre Sierra, cerca de lo que entonces era conocido como el Congreso, ahora Asamblea Nacional. “Pero fue durante el gobierno de<strong> Jaime Lusinchi</strong> cuando decidieron mudarnos para este lugar. Decían que afeábamos el lugar y, siendo sincero, tenían razón. En esos años éramos 10 y ahora somos casi 100”.</p>
<p class="m_-6915516522632134382gmail-m_7191155544901868864m_4142856237707290788gmail-MsoNormalCxSpMiddle">En su puesto hay desde libros escolares hasta literatura clásica. “Vienen desde el ignorante hasta el intelectual a comprar. Unos piden clásicos y libros sobre filosofía, mientras los otros quieren llevarse <strong><i>La culpa es de la vaca</i></strong>”, comenta en broma. Cuando se le pregunta qué libro no debe faltar nunca, responde sin titubear: <strong><i>Doña Bárbara</i></strong>, clásico de la literatura venezolana que se ha vuelto difícil de hallar. De hecho, en la página web de Tecni Ciencia, advierten que no está disponible.</p>
<p class="m_-6915516522632134382gmail-m_7191155544901868864m_4142856237707290788gmail-MsoNormalCxSpMiddle">En el kiosco de Daniel Piñero no puede faltar el <strong><i>Álgebra</i></strong> de Baldor, el famoso libro que todo estudiante de bachillerato ha tenido en casa para aumentar las posibilidades de desentrañar los misterios de los números y las fórmulas. Y es así. Todo padre considera que sus páginas guiarán a los pequeños al entendimiento del fatigoso mundo de las matemáticas.</p>
<p class="m_-6915516522632134382gmail-m_7191155544901868864m_4142856237707290788gmail-MsoNormalCxSpMiddle">Desde los 19 años de edad es librero, y actualmente tiene 36. En su puesto tiene guindado el primer carnet que lo acreditaba como librero de las Fuerzas Armadas. El orgullo tiene su constancia en el negocio de Piñero. Anécdotas hay muchas, dice, pero su mente inmediatamente evoca las jocosas, un indicio de su personalidad. Recuerda a aquellos que preguntan por los libros de inglés de María Latorraca. “Es que nunca dicen su nombre bien. Lo más común es que pregunten por María La Cotorra”, dice antes de reírse.</p>

<a href='https://www.seisgradosblog.com/2018/04/puente-de-las-fuerzas-armadas-refugio-de-libreros-y-lectores-a-pesar-de-la-crisis/puente-fuerzas-armadas-1/'><img width="800" height="600" src="https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/04/puente-fuerzas-armadas-1.jpg" class="attachment-large size-large" alt="" srcset="https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/04/puente-fuerzas-armadas-1.jpg 800w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/04/puente-fuerzas-armadas-1-300x225.jpg 300w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/04/puente-fuerzas-armadas-1-768x576.jpg 768w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/04/puente-fuerzas-armadas-1-600x450.jpg 600w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /></a>
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<a href='https://www.seisgradosblog.com/2018/04/puente-de-las-fuerzas-armadas-refugio-de-libreros-y-lectores-a-pesar-de-la-crisis/puente-fuerzas-armadas-4/'><img width="800" height="600" src="https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/04/puente-fuerzas-armadas-4.jpg" class="attachment-large size-large" alt="" srcset="https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/04/puente-fuerzas-armadas-4.jpg 800w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/04/puente-fuerzas-armadas-4-300x225.jpg 300w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/04/puente-fuerzas-armadas-4-768x576.jpg 768w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/04/puente-fuerzas-armadas-4-600x450.jpg 600w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /></a>
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		<title>Libros que son como el vino</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2018/04/libros-que-son-como-el-vino/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 21 Apr 2018 15:49:06 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Agatha Christie]]></category>
		<category><![CDATA[Borges]]></category>
		<category><![CDATA[Día Internacional del Libro 2018]]></category>
		<category><![CDATA[Dostoyevski]]></category>
		<category><![CDATA[El Aleph]]></category>
		<category><![CDATA[Ivanna Méndez]]></category>
		<category><![CDATA[Kundera]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Libros clásicos]]></category>
		<category><![CDATA[Nabókov]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>De la literatura venezolana, un básico es Doña Bárbara, la obra maestra de Rómulo Gallegos. Su popularidad se&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h4 id="de-la-literatura-venezolana-un-basico-es-dona-barbara-la-obra-maestra-de-romulo-gallegos-su-popularidad-se-debio-no-solo-a-sus-bondades-literarias-sino-a-las-intenciones-de-su-autor-en-comunicar-y"><span style="color: #6e4d8b;">De la literatura venezolana, un básico es <strong>Doña Bárbara</strong>, la obra maestra de Rómulo Gallegos. Su popularidad se debió no solo a sus bondades literarias, sino a las intenciones de su autor en comunicar y concientizar sobre la realidad venezolana de aquellos tiempos del caudillismo</span></h4>
<p><strong>Por Ivanna Méndez</strong></p>
<p>Si bien las posibilidades de la literatura son infinitas y suelen ser los libros quienes eligen a sus lectores, algunas obras han marcado la historia como la conocemos. A la hora de hablar de grandes clásicos sería imposible no mencionar libros como <strong>Cien años de soledad</strong>, pues si bien otros prefieren otras obras de Gabriel García Márquez como Crónica de una muerte anunciada, El coronel no tiene quien le escriba o El amor en los tiempos del cólera esta obra se gana su puesto, no solo por haber inspirado a infinidad de escritores contemporáneos y haberlos encaminado por las vías de la escritura, sino por tener uno de los mejores y más memorables comienzos de la literatura hispanoamericana:</p>
<p><span style="color: #6e4d8b;"><em>“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”. </em></span></p>
<p>Otro autor latinoamericano esencial es Jorge Luis Borges, quien marcó un antes y un después en la literatura argentina. Sus libros ofrecen intensas experiencias de lectura e introducen al lector en un universo fantástico difícil de superar por otros autores. Existen distintas formas de acercarse al desafío que representa su literatura, sin embargo, el verdadero paradigma borgiano puede leerse en <strong>El Aleph</strong>. Un libro accesible y con una infinidad de temas. De los diecisiete cuentos, por supuesto uno de los más importantes es el que le da nombre al libro, en el que Borges utiliza sus usuales artificios para romper los límites entre la realidad y la ficción, llevándolos a otro nivel.</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>Otro acercamiento interesante a lo fantástico es <strong>Pedro Páramo</strong>, la única novela del escritor mexicano Juan Rulfo y que le ganó un lugar entre los grandes maestros de la narrativa del siglo XX. Considerada como una de las obras en español más importantes. Magia, misterios, mitos y espiritualidad son solo una parte de una historia que a la vez representa a un colectivo.</p>
<p>En cuanto a formas particulares de narrar, Julio Cortázar cambió la forma de hacer literatura con <strong>Rayuela</strong>. Libro que involucra al lector de una manera distinta, haciendo que este pueda ordenar la historia y por tanto ofrecer infinitas lecturas. Incorpora además otros elementos de interés como el uso del “glíglico” en uno de los capítulos.</p>
<p>De la literatura venezolana, un básico es <strong>Doña Bárbara</strong>, la obra maestra de Rómulo Gallegos. Su popularidad se debió no solo a sus bondades literarias, sino a las intenciones de su autor en comunicar y concientizar sobre la realidad venezolana de aquellos tiempos del caudillismo.</p>
<p><strong>El Túnel</strong> de Ernesto Sábato es otro libro que se aprecia, en este caso por la intensa psicología de su personaje principal. Un libro con diversas lecturas e interpretaciones, impecablemente narrado por el autor argentino, que habla sobre la violencia y la soledad.</p>
<p>Al introducirse en la literatura estadounidense, Ernest Hemingway es un autor que hay que leer. Su libro <strong>El viejo y el mar</strong> es una de las obras de ficción más importantes del siglo XX. Al igual que la obra de Sábato, se trata de una metáfora que va mucho más allá de la historia de un viejo pescador.</p>
<p>Entre los autores americanos se encuentra uno de los padres de la literatura de ciencia ficción: Ray Bradbury. El autor reúne en una sola novela <strong>Fahrenhet 451 </strong>todos los elementos del género, basado en la historia de una sociedad distópica esclavizada por la tecnología en la que la lectura está prohibida.</p>
<p>Antes de Agatha Christie y Conan Doyle existió otro autor que dio origen al género. Otro de los autores americanos de mayor renombre: Edgar Allan Poe, conocido por la influencia gótica en sus relatos cortos de terror y por supuesto por ser el padre de la literatura detectivesca.  Si bien llegó a escribir una novela La narración de Arthur Gordon Pym y también fue conocido por su poesía, no hay mejor manera de acercarse a su literatura que con su compilación <strong>Narraciones extraordinarias </strong>que reúne cuentos de diversos estilos, entre ellos el que es considerado el primero de su género: Los crímenes de la calle Morgue.</p>
<p>En cuanto a famosas distopías literarias es necesario incluir <strong>1984</strong> de George Orwell. Una obra crítica en cuanto a los estados totalitarios y que nunca pierde su vigencia. Si bien en su tiempo la novela del autor británico no pretendía ser una metáfora sino una descripción de los totalitarismos del siglo pasado, la novela introdujo conceptos como el Gran Hermano o la neolengua, que aún sirven como metáfora para muchas de las decisiones políticas de la actualidad.</p>
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<p>Dentro de la literatura rusa existen infinidad de autores de los cuales se debe hacer una profunda revisión. Sin embargo, cuando se trata de clásicos imposible no mencionar a León Tolstói. Sin bien la mayoría, suele mencionar <strong>Guerra y Paz</strong> como un imprescindible, este autor tiene en su haber otra obra considerada también la cúspide del realismo ruso:<strong> Ana Karenina</strong>. Admirada entre grandes como Dostoyevski y Nabókov. Esta obra, además de contar la historia de amores desgraciados y relatar las enfermizas pasiones del zarismo, cuenta con otro de los mejores inicios en cuanto a literatura universal se refiere:</p>
<p><span style="color: #6e4d8b;"><em>“Todas las felicidades se parecen, pero en cambio los infortunios tienen cada uno su fisonomía particular”.</em></span></p>
<p>Del escritor checo Milan Kundera, <strong>La insoportable levedad del ser</strong> es uno de esos libros que se han convertido en clásicos. Su obra publicada en 1984 y por muchos clasificada como una novela filosófica, aunque el autor insiste en colocarla más allá de los elementos filosóficos, psicológicos, históricos y políticos que la conforman, habla sobre las dudas existenciales de distintos personajes quienes conviven en la Praga de los años 60.</p>
<p>Sería un error no incluir al menos una de las obras del padre de “lo grotesco” Franz Kafka, autor de grandes clásicos como la sátira penal El proceso o <strong>La metamorfosis</strong>. Novela que cuenta la transformación de un hombre en un insecto como metáfora de la opresión del mundo moderno.</p>
<p>En <strong>El extranjero, </strong>Albert Camus logra plasmar con éxito el espíritu nihilista de la época, además de tener unas impactantes primeras líneas. El protagonista resulta el reflejo de una generación desesperanzada producto de la postguerra. <strong>La náusea</strong>, por su parte, fue la primera novela filosófica de Jean Paul Sartre. En esta el protagonista está inmerso en un mundo absurdo y solitario. Al igual que en la obra de Camus, Sartre insta a cuestionarse acerca de la existencia del ser humano y, en este caso, de su propósito. Todos, libros que trascendieron su época por lograr conseguir en cada generación una interpretación nueva. Como señaló Calvino: un clásico es aquel libro que nunca agota lo que tiene por decirnos.</p>
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		<title>Felicidad secreta</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2018/04/felicidad-secreta/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[wmseisgrados]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 20 Apr 2018 14:55:21 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Día Internacional del Libro 2018]]></category>
		<category><![CDATA[El Aleph]]></category>
		<category><![CDATA[Jorge Luis Borges]]></category>
		<category><![CDATA[Leer]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Iris Martínez Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Iris Martínez </strong></p>
<p style="text-align: right;"><em>Que otros se jacten de las páginas que han escrito; </em></p>
<p style="text-align: right;"><em>a mí me enorgullecen las que he leído</em></p>
<p style="text-align: right;">Jorge Luis Borges</p>
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<p>El día exacto no lo recuerdo pero la emoción que aquel hecho me produjo me ha acompañado toda la vida: Ya<em> sé leer, ya puedo leer, ¿verdad que leer es maravilloso? </em>Fueron esas las primeras frases que leí. Tendría yo unos seis años y cursaba el primer grado de educación primaria.</p>
<p>Por primera vez aquello no era una repetición de algo aprendido “de memoria” para decir la lección diaria.  Después de aquel mágico momento ya nada sería igual. A mis escasos seis años había aprendido a descifrar aquellos códigos, ¡qué hazaña! Sentía que había entrado en otra dimensión. Sin embargo, creo que casi nunca pensamos en lo extraordinario y lo importante que  es para nuestras vidas  el acto de leer, porque lo vemos como un proceso “natural”.</p>
<p>La emoción que sentí fue tan intensa que lo recuerdo vívidamente, fue mi momento ¡EUREKA!,  yo lo sentí así, lo viví así pero no recuerdo haberlo compartido, fue mi triunfo secreto. Comencé a leer todo lo que mis ojos veían y me invadía una felicidad indescriptible.</p>
<p>Muy temprano entendí su fin utilitario: podía leer direcciones, las listas de precios, los avisos de  las calles, las instrucciones en las medicinas, los periódicos y más tarde llegó la literatura que fue mi “salvación”  y la manera de superar esa etapa maravillosa y terrible que es la adolescencia.</p>
<p>Sufrí  amargamente leyendo <strong><em>Las penas del joven Werther</em></strong> y luego junto a <strong>Vallejo</strong> me adentré en el dolor de la existencia: … <em>hay golpes en la vida, tan fuerte, yo no sé. </em>Con Cortázar y su <em>Rayuela</em> infinita, recorrí las calles de Buenos Aires y de Paris. Desde entonces la noción de  lo otro se instaló en mi cabeza y comencé a buscar en cada cosa todos los lados posibles.</p>
<p>La educación formal insiste en presentarnos un mundo plano y convencional pero con Cortázar comenzamos a ver el derecho y el revés; el arriba y el abajo; comenzamos a descubrir el “otro lado” de eso que llamamos realidad. Este descubrimiento fue tan importante como haber aprendido a leer.</p>
<p>Con la lectura comenzó mi fascinación por las bibliotecas, para mí  son como catálogos de posibilidades infinitas de acceso a otros universos; a otros modos de pensar; a la posibilidad de construir y construirnos intelectualmente. Es la llave al acervo cultural documentado de la humanidad.</p>
<p>Leer, ciertamente, es adentrarse en otros mundos sin desplazarnos a ninguna parte física.  Algo de transgresor tiene este acto.  Y algo de alquimia también.</p>
<p>Desde que leí <strong><em>El Aleph</em></strong> de Borges he pensado que es una metáfora de la lectura. Aquel encuentro de Borges con la maravilla, en el sótano de la casa de su amada Beatriz en  la calle Garay se me antoja similar a la experiencia de leer: te sigues levantando a la misma hora, tus huesos siguen andando y desandando las mismas calles pero tienes la certeza de haber descubierto algo; por dentro sientes la primavera llegar; tu cabeza y tu corazón están viviendo y están vibrando impulsados por la maravilla. Algo mágico se gesta. Es tu felicidad secreta.</p>
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		<title>Aunque la crisis me joda, yo sigo leyendo</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2018/04/aunque-la-crisis-me-joda-yo-sigo-leyendo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[wmseisgrados]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 12 Apr 2018 19:08:45 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Crisis]]></category>
		<category><![CDATA[Día Internacional del Libro]]></category>
		<category><![CDATA[Día Internacional del Libro 2018]]></category>
		<category><![CDATA[Leer]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Malena Svetlana En palabras de Emily Dickinson, no hay nave voladora capaz de llegar tan lejos como&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Malena Svetlana</strong></p>
<p>En palabras de Emily Dickinson, no hay nave voladora capaz de llegar tan lejos como un libro. Esa fue precisamente la sensación que tuve la primera vez que leí a Gabriel García Márquez; un escritor lugar común, sí, es cierto, pero hay lugares comunes a los que llegamos porque son maravillosamente inevitables. Cien años de soledad, que tiene más de realidad que de ficción (es una compilación de mitos y cuentos de los pueblos del Caribe), me dejó una marca de fuego. Después vinieron otros autores, más profundos, más poéticos, y en un orden casi grotesco: Rulfo, Alejandra Pizarnik, Benedetti, Whitman,  Cortazar, Dostoievski, Roberto Bolaño, Virginia Woolf…</p>
<p>Sé que existen motivos científicos para que cualquier ser humano decida hacer de la lectura un hábito, sin embargo, el acto de leer conserva, desde tiempos antiguos, un atractivo irresistible, “una oferta imposible de rechazar”: placer. Sí, simplemente el placer por el placer. Leer nos adentra no solo al mundo que el autor ha planteado (a veces fascinante, a veces oscuro y complejo) sino que ese mundo, posiblemente diferente al propio, <em>des-estrecha</em> nuestra mente, la vuelve más creativa e imaginativa.</p>
<p>Paulo Freire tenía una visión de la lectura verdaderamente interesante. Para Freire, uno de los más importantes teóricos de la educación del siglo XX,  “el acto de leer no se agota en la descodificación pura de la palabra escrita o del lenguaje escrito, sino que se anticipa y se prolonga en la inteligencia del mundo”. Antes de llegar al texto hemos estado en un contexto. Lo olores, lo sabores, la percepción del dolor o el amor en un texto, por poner un ejemplo, es posible porque ya lo hemos experimentando en el mundo físico en el que vivimos. Es justo a lo que se refería Freire: “Lenguaje y realidad se vinculan anímicamente en la lectura”.</p>
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<p>El diccionario de la RAE, define magia como el “arte o ciencia oculta con que se pretende producir, valiéndose de ciertos actos o palabras, o con la intervención de seres imaginables, resultados contrarios a las leyes naturales”. Por tanto, magia y  lectura, son de algún modo, conceptos inseparables. Las emociones que produce un texto bien escrito son comprables a la ilusión que logra provocar en nosotros el mejor de los magos. En tanto, el escritor -puede decirse- es un mago de la palabra. La palabra es magia si está bien escrita.</p>
<p>En la Venezuela de hoy -crisis mediante- leer por el mero placer, leer buscando la magia, es un acto de resistencia. Y leer con sentido crítico (que no necesariamente excluye el placer), es decir, ejerciendo la reflexión, puede resultar ventajoso, en cuanto nos ayudaría a tomar distancias de las tragedias colectivas y personales, para luego reencontrarnos con éstas desde otra mirada, desde otra postura. No se trata de una evasiva, se trata de buscar distintas posibilidades de encuentro con el otro, con uno mismo. La reflexión, nos dice la investigadora chileno-venezolana, Pamela Astudillo, “es una acción que demanda tanta <strong>audacia</strong> como un <strong>deporte extremo</strong> (…) es como bajar desde la cima en una bicicleta montañera. Hay que estar presente, alerta, y hay que ser dúctil para adaptarse a todo aquello que salga por el camino para darse cuenta y fluir sin caer, o para caer y seguir”.</p>
<p>Lo más valioso que una crisis económica termina por aniquilar no son los bolsillos si no el espíritu. No acabo de descubrir la receta del agua tibia, pero sé que no está demás recordarlo. Sobrevivir requiere algo más que la fuerza física. Sigo leyendo, en medio de la crisis, mientras hago cola en el supermercado, en el banco, en la panadería o soporto el calor y los empujones en el metro de Caracas. Dónde hay desesperanza, puede haber reinvención. Y la lectura, que nos permite emociones profundas, es capaz de abrir puertas y ventanas, para que una luz nos atraviese.</p>
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