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	<title>Erotismo &#8211; Seis Grados &#8211; Experiencias que nos conectan</title>
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	<title>Erotismo &#8211; Seis Grados &#8211; Experiencias que nos conectan</title>
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		<title>El espejo</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2018/11/el-espejo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 02 Nov 2018 12:40:50 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Collage]]></category>
		<category><![CDATA[Amor]]></category>
		<category><![CDATA[Cuerpo]]></category>
		<category><![CDATA[Erotismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Julio César Blanco Mendoza Su rostro es un delirio de perfección humana. Cada movimiento, gesto o mueca&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Julio César Blanco Mendoza</strong></p>
<p>Su rostro es un delirio de perfección humana. Cada movimiento, gesto o mueca que hace es magistralmente bien llevado. No expresa ordinariedad. Su piel se ha formado a través de los años con mucha consistencia, parece la firme dureza del mármol y a su vez tan blanda como la goma espuma.</p>
<p>Sus ojos, lo maravilloso de ellos -inmensamente bellos, intensos- es que tienen  una profundidad inusual. Prácticamente en sus ojos se describe su carácter, su ternura y determinación.</p>
<p>La intocable silueta que muestra, ese escultural cuerpo… ella al tocarse y rozarse lentamente estremece y acciona el volcán de pasión y deseos que lleva por dentro. Podría describir ese cuerpo y su contorno aún sin luz, lo conozco totalmente, cada lunar y cada variación que ha tenido.</p>
<p>A través de los años la he visto mejor y aumenta mi deseo por tenerla, pero sé muy bien que está destinada para otro menos para mí, sin embargo creo cada día que su cuerpo es mas mío que de ella, me pertenece aunque ella lo desconozca y aún así haga exhibiciones más audaces cada minuto o segundo de su vida, desangrando este deseo enorme y este torrente de pasión que arde y a su vez produce cada vez más dolor.</p>
<p>Ella sigue actuando de la misma manera cada vez que se acerca a mí, yo sólo soy su espejo, un elemento inanimado.</p>
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		<title>Humedad</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2018/10/humedad/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 18 Oct 2018 14:42:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Collage]]></category>
		<category><![CDATA[Amor]]></category>
		<category><![CDATA[Erotismo]]></category>
		<category><![CDATA[Marian Martínez Perdomo]]></category>
		<category><![CDATA[Pasión]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Marian Martínez Perdomo Afuera llueve, llueve como si quisieran enfriarnos. Dentro estamos tú y yo, solos. Clavas&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Marian Martínez Perdomo</strong></p>
<p>Afuera llueve, llueve como si quisieran enfriarnos. Dentro estamos tú y yo, solos. Clavas tu mirada en mí y yo me sonrojo. Así te quedas por un rato, sin hablar, mientras mi entrepierna se humedece. Te acercas. Tanto que siento tu respiración en mi cara. Mis latidos, aunque parezca imposible, se aceleran más. El calor que emana de tu cuerpo se mezcla con el del mío. Entonces sucede lo que durante muchas noches imaginé cuando jugaba con mis dedos a poseerte. Uno, dos, tres, cuatro y cinco. Como si fuese un piano cada uno de tus dedos se posan sobre mi hombro. Afuera estalla un trueno. Dentro estamos tú y yo, solos. Sigo frente a ti, quiero creer que soy la misma de hace minutos, pero no es así. Reclamo poseerte, sin embargo el poder de tu mirada me detiene. Mis ojos muestran el fuego de una chimenea que solo existe en mi interior. De mi sexo parece emanar la lluvia que cae afuera indetenible. Me torturas. No cedes. No hablas. Estás tan cerca que siento cómo bajo tu pantalón un bárbaro lucha por salir a conquistarme. No aguanto más y me pegó a tu boca. Respondes con la misma sed, esa que solo saciará nuestra saliva. Afuera estalla un rayo. Dentro estamos tú y yo, juntos.</p>
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		<title>La fiesta</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2018/08/la-fiesta/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[wmseisgrados]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 12 Aug 2018 18:29:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Collage]]></category>
		<category><![CDATA[Amor]]></category>
		<category><![CDATA[Erotismo]]></category>
		<category><![CDATA[Marian Martínez Perdomo]]></category>
		<category><![CDATA[Parejas]]></category>
		<category><![CDATA[Pasión]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Marian Martínez Perdomo Aquella noche todo era música, baile, alcohol y, en mi cabeza, poesía. Tú estabas&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Marian Martínez Perdomo</strong></p>
<p>Aquella noche todo era música, baile, alcohol y, en mi cabeza, poesía. Tú estabas allí, sentado desde un ángulo en el que observabas cómo el vestido se ajustaba a mi cintura. No te conocía, pero tus ojos me decían que querías ser un súper hombre para mirar cada centímetro de la piel que mi ropa cubría. Cuando ambos nos miramos no hubo chispa. Solo sonreí.</p>
<p>Después de varios minutos, te acercaste y con un gesto me invitaste a entrar juntos en una espiral de adrenalina. No hablamos. Bailamos. Una y otra vez. Todos los ritmos. Toda la noche. De pronto, ocurrió el cortocircuito. El sudor fue el combustible y nuestro primer beso la chispa. Todo se movió dentro de mí cuanto tu lengua invadió mi boca. La primera vez fue accidental, la segunda tímida, la tercera, la cuarta y la quinta fueron voraces. Ya no había pista, ni baile, ni personas. Solo nosotros, solo nuestras lenguas y una infinita sed.</p>
<p>Un calor asfixiante colmó el salón. El fuego se extendía por cada uno de mis poros y me obligaba a volver a ti en busca de más. Cada tanto, tomaba uno de tus labios entre mis dientes y les daba un ligero mordisco para incitarte a ir más allá. Antes de que el sol se posará sobre la ciudad, un mar de lava nos expulsó del salón directo a aquella cama a la que volvimos un sinnúmero de ocasiones. En ella más de una vez recordamos que estábamos vivos, que a pesar de la distancia no podían separarnos. En esa cama, una y otra vez, comprobamos que hay incendios que no pueden extinguirse.</p>
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		<title>Cuckolding: ¿Infidelidad o libertad sexual?</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2017/11/cuckolding-infidelidad-libertad-sexual/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 29 Nov 2017 01:51:33 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Collage]]></category>
		<category><![CDATA[Erotismo]]></category>
		<category><![CDATA[Poliamor]]></category>
		<category><![CDATA[swinging]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Esta peculiar modalidad es una variante más de los tan conocidos fetichismos. A estos chicos les gusta ver&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<header class="entry-header">
<h4 id="esta-peculiar-modalidad-es-una-variante-mas-de-los-tan-conocidos-fetichismos-a-estos-chicos-les-gusta-ver-o-imaginar-a-su-mujer-teniendo-sexo-con-otros" class="entry-headline h5">Esta peculiar modalidad es una variante más de los tan conocidos fetichismos. A estos chicos les gusta ver o imaginar a su mujer teniendo sexo con otros</h4>
</header>
<p><strong>Por Néstor Daniel Ramírez</strong></p>
<p>El <strong>Cuckolding</strong> es un fetiche que ha crecido muchísimo en los últimos meses y más parejas se unen a ella para duplicar su excitación. Este consiste en que <strong>una mujer, casada o en pareja, tenga relaciones sexuales con otro hombre y luego le cuente al detalle la experiencia que vivió a su novio o marido.</strong></p>
<p>Esta peculiar modalidad es una variante más de los tan conocidos<strong> fetichismos</strong>. A estos chicos les gusta ver o imaginar a su mujer teniendo sexo con otros, saber todo lo que hacen y cómo lo han disfrutado más.</p>
<p>El esposo usualmente es llamado <strong>“cuckold”</strong>, el otro hombre se define como el <strong>“bull”</strong>, mientras que la mujer, típicamente, es identificada como<strong> “la esposa sexy”</strong>, así no esté casada.</p>
<p>El Cuckolding no se puede definir como una<strong> infidelidad</strong>, ya que la pareja tiene conocimiento de estas relaciones. Y, si la mujer se encuentra sola con su bull, tampoco se tiene que comparar con el<strong> swinging (intercambio de parejas),</strong> porque son definiciones completamente diferentes.</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>El psicólogo <strong>David Ley</strong>, autor de <strong>“Esposas insaciables”</strong>, sostiene que <strong>“es esencial comprender que lo que podría ser humillante de imaginar a una esposa teniendo relaciones sexuales con otro hombre puede transformarse en algo que no es humillante en lo absoluto”</strong>. <strong>“Cuando un hombre heterosexual convencional se atreve a visualizar a su mujer violando sus votos maritales y, posiblemente, animándola a ello, está jugando un rol vital en lo que podríamos llamar una ‘doble transgresión’ de las normas sociales”</strong>, explicó.</p>
<p>La práctica de este fetiche se ha popularizado tanto que, en los últimos años, las búsquedas en Google se han duplicado. Los expertos aún no han podido definir cuáles son los motivos que incita a las parejas a indagar en aquello que normalmente haría <strong>“doler el corazón”.</strong></p>
<p>De acuerdo con el doctor <strong>Leon Seltzer</strong>, el Cuckolding es una manera en la que el hombre mantiene su <strong>poderío sobre la mujer</strong>, debido a que es él quien permite estos encuentros sexuales, lo que lo convertiría en el<strong> dominador</strong>. <strong>“Para estos hombres, garantizar a su esposa la libertad de expresar su sexualidad con otros varones, es una fuente considerable de excitación”</strong>, afirma Seltzer.</p>
<p>Sin embargo, otros lo toman como una forma de <strong>humillarse</strong>, ya que encuentran satisfacción con esta sensación. Hay algunos especialistas que consideran que esta excitación puede venir simplemente de algo que está <strong>mal visto por la sociedad</strong>. O sea, para la mayoría, ver a la pareja con otro resultaría humillante, pero para los cuckolds, es esta <strong>“humillación” la que resulta tremendamente erótica.</strong></p>
<p>En la actualidad, el fetiche despierta un gran interés en los <strong>profesionales de la psicología</strong>. Se preguntan qué lleva a los hombres a disfrutar de ver a sus parejas en una relación sexual con otro o que les cuenten tal experiencia. Las teorías más radicales hablan de una <strong>bisexualidad reprimida</strong>, mientras que otras dicen que estas personas se sienten orgullosas de tener a su lado a alguien <strong>libre</strong>, sexualmente hablando.</p>
<p><strong>Fuente: <a href="http://www.ultimasnoticias.com.ve/noticias/slider-inferior/cuckolding-infidelidad-o-libertad-sexual/">Últimas Noticias</a></strong></p>
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		<title>Miradas</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2017/11/miradas/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 14 Nov 2017 15:22:34 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Relatos]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Erotismo]]></category>
		<category><![CDATA[Masturbación]]></category>
		<category><![CDATA[Sexo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Luis Manuel Ruiz La mujer me observa con una mirada inconfundiblemente morbosa. Tendrá unos cincuenta años, lleva&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Luis Manuel Ruiz</strong></p>
<p>La mujer me observa con una mirada inconfundiblemente morbosa. Tendrá unos cincuenta años, lleva un vestido rojo de encajes y, excepto sus ojos, todo su rostro irradia seriedad. A su lado otra señora parece hablarle. Ella solo me mira.</p>
<p>-Vieja puta- pienso y sonrío. En mi entrepierna una erección para nada involuntaria lucha contra la mezclilla. Me agarro el bulto sin disimular demasiado. Puedo ver como se sonroja, pero no aparta la mirada, le gusta.</p>
<p>Siempre he tenido suerte con las ¨maduritas¨, sobre todo las intelectuales con pinta de recatadas. Mi desenfado las atrapa, las hace sentirse deseadas. Es por eso que cada día vengo al Museo de Bellas Artes, hay cientos de ellas aquí. Me siento en el banco y las observo pasar con sus carpetas y sus libros. Paso horas escogiendo mi objetivo, buscando el brillo exacto tras los espejuelos que revele el lívido reprimido.</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>Después, generalmente, me voy al baño y me masturbo unas tres veces. El baño del Museo siempre está vacío y huele a ambientador caro, parece que a los artistas les avergüenza mear, mejor para mí. Todavía recuerdo mis días por la Terminal de Trenes. La peste era insoportable y en ocasiones tenía que esperar a que otro terminara de hacer lo mismo. Pero aquí no. Este lugar es ideal, perfume, mujeres hermosas y hasta jabón, sí porque yo no soy ningún cochino de esos que andan por ahí embarrados de semen y quien sabe que otras cosas.</p>
<p>Aunque debo confesar que no siempre puedo aguantar los deseos. Un par de veces, cuando están a punto de cerrar y pasa la Señorita Martínez, creo que es la directora o algo así, me excito tanto que me la saco ahí mismo y me la agito lo más rápido posible para poder acabar antes que lleguen los de seguridad.</p>
<p>Después me tengo que perder unos días, me voy al malecón o a otro sitio en busca de mujeres a las que ¨disparar¨ un par de veces. Pero no es igual, no hay morbo, desde que descubrí a las cincuentonas, ninguna otra mujer me complace. Por suerte los guardias del museo cambian constantemente, creo que porque no les pagan bien, y en menos de una semana puedo volver.</p>
<p>Pero hoy ha sido diferente. Me había afeitado bien y perfumado. Llevaba una camisa a rayas que me habían regalado por destacado en el trabajo, estaba impecable. Iba buscando a la señorita Martínez, que no veo desde hace como un mes. Cuando pregunté por ella me dijeron que estaba en un evento en Madrid pero que regresaba el día cuatro, o sea ayer, para inaugurar no sé qué exposición de los Maestros Renacentistas españoles. Al principio me asusté. En este país eso de que ¨vuelve tal día¨ nunca se sabe con certeza, pero luego recordé que no es la primera vez que viaja y hasta ahora siempre ha vuelto. Así que continué con mi rutina normal en el baño del Museo en espera de su retorno.</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>Pero al entrar vi a la otra. Era imponente, rodeada por un halo de seducción que todos parecían ignorar. Estaba parada conversando con una amiga. Lo primero que me llamó la atención fue el vestido, demasiado antiguo, y sin embargo se veía tan normal que nadie reparaba en ello. Me acerqué un poco y descubrí que me miraba. Tenía unos ojos verdes provocadores, anhelantes. Me le acerqué más y empecé a tocarme por encima del pantalón. Esa piel, esos senos que se agolpan tras el corsé, el descaro de mirarme sobarme el pene sin apartar la vista, no pude más, me lo saqué y comencé a masturbarme frenéticamente, como nunca.</p>
<p>Tras de mí podía oír los gritos, la risa de un grupo de jóvenes. Vi a la señorita Martínez, como una demente, llamando a seguridad. Nada de esto me importaba. La mujer seguía mirándome con aquellos ojos lascivos, su amiga no parecía enterarse de lo que ocurría y yo estaba a un par de sacudidas de acabar.</p>
<p>Un golpe contundente en la parte de atrás de la cabeza me hizo desmayar, pero ya no importaba. El torrente seminal de tres días, que había estado guardando para la Directora del Museo, golpeó de lleno el retrato de Su Majestad Isabel I de España, La Católica, y salpicó un poco a la Duquesa Ana de Castellón, su amiga y confidente, ninguna se inmutó. Antes de la oscuridad, lo juro, pude ver una sonrisa de satisfacción en su rostro.</p>
<p><strong>Fuente:<a href="http://www.caimanbarbudo.cu/literatura/narrativa/2017/10/miradas/"> El Caimán Barbudo</a></strong></p>
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		<title>La tercera</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2017/05/la-tercera/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 31 May 2017 00:02:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Relatos]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Erotismo]]></category>
		<category><![CDATA[Jennifer Rolong Ibáñez]]></category>
		<category><![CDATA[Seducción]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Jennifer Rolong Ibañez Ahí estaba yo, sentado en esa silla con muchos cojines que cubrían gran parte&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Jennifer Rolong Ibañez</strong></p>
<p>Ahí estaba yo, sentado en esa silla con muchos cojines que cubrían gran parte de mi cuerpo; luz cálida, que buscaba transmitir una tranquilidad que yo no era capaz de encontrar; dulces aromas se percibían, leves, suaves, muy agradables; música ambiental con toques orientales queriendo mandarte directamente a la meditación. Cada cosa estaba puesta cuidadosamente para cada uno de los sentidos, cada cosa buscando descubrir que no era un ser inerte, cada aroma, cada sonido, cada juego de luces y objetos, buscando darme la paz que me fue imposible adoptar.</p>
<p>La llegada de seis mujeres interrumpió mis pensamientos (aunque ninguno fue nunca claro, fueron interrumpidos), la voz de una de ellas logró que levantara la mirada.</p>
<p>-Caballero, puede escoger a la que desee.</p>
<p>Vi al resto de ellas presentarse una a una sin decir ni media palabra, daban un paso al frente, inclinaban su rostro ante mi como señal de respeto, retrocedían el mismo paso y se retiraban sin darme la espalda. Quedé con la boca entreabierta, mirando un punto fijo, no podía creer lo que acababa de presenciar, no podía creer que mostraran ante mí un respeto que claramente no merecía.  Nuevamente la voz, de la misma mujer, me sacó de mis pensamientos.</p>
<p>-¿Ha hecho su elección?</p>
<p>-No lo tengo claro, creo que quisiera volver a verlas- dije con una leve sonrisa retorcida que se dibujó en mi rostro.</p>
<p>La mujer me devolvió la sonrisa y fue en busca de las otras cinco.</p>
<p>Volvieron ante mí e hicieron lo que parecía un ritual aprendido, repitiéndolo sin ningún cambio.</p>
<p>-¿Está listo para decidir?</p>
<p>-La tercera</p>
<p>&#8211; Buena decisión, en un momento estará con usted.</p>
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<p>Volví a mirar las figuras del piso, esculcando entre ellas las razones que me habían llevado a ese lugar. Coloqué la mano en mi boca como si quisiera evitar que saliera palabra alguna, con la otra juguetee con el poco cabello que me quedaba.</p>
<p>-Puede pasar por acá- exclamó una voz femenina que provenía de una habitación con poca luz</p>
<p>Levanté la mirada pero no tuve ninguna otra reacción.</p>
<p>Repitió de una manera dulce mientras sonreía. – puedes venir acá-.</p>
<p>Me levanté tambaleándome un poco, con paso torpe y dudoso avancé hasta ella. No caminé más de cinco metros, pero fueron eternos. Cerró la puerta, me sonrió falsamente y tuvo un derroche de amabilidad innecesaria.</p>
<p>-Puedes ponerte cómodo, dejar tus cosas en ese rincón.</p>
<p>Coloqué cuidadosamente mi maletín cargado de cosas inútiles en el lugar donde me fue indicado.</p>
<p>-¿Tomarás el masaje? – me preguntó sin ningún tipo de preámbulos ni adornos.</p>
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<p>Miré cada centímetro de la habitación con ganas de encontrar lo desconocido. Una mesa, un sofá, una cama, luces que intentaban dar un toque de misterio, dibujos en las paredes bastante sutiles, nuevos aromas, sombras, un ambiente enrarecido por las personas que imaginé habían ocupado mi lugar antes de mí.</p>
<p>Aflojé el nudo de mi corbata como si me impidiera respirar y toqué torpemente la barba de tres días que había sido incapaz de afeitarme.</p>
<p>&#8211; Sí, creo que sí-. Respondí tartamudeando y visiblemente nervioso</p>
<p>&#8211; Estás intranquilo. ¿Te pasa algo?</p>
<p>&#8211; No, solo creo que necesito el masaje.</p>
<p>Cruzamos un par de palabras, me pidió que me retirara la ropa y me recostara boca abajo en la extraña cama que se encontraba a mi lado. No pasó mucho tiempo cuando empecé a sentir sus manos en mi espalda, frotando suavemente aceites desconocidos, generando una sensación dolorosa pero agradable. Unos segundos después sentí el roce de sus pechos en mi espalda, su cuerpo desnudo tan cerca del mío, sus calientes manos paseando sin freno. Podía escuchar su respiración tranquila, pude escuchar mi corazón latir. – cuando quieras empezamos &#8211;  dijo con voz suave, casi un susurro. No pude pronunciar palabra, estaba medianamente paralizado, lleno de ideas, de pensamientos, de miedos. Continúo como si no hubiera mencionado nada, tocó mi cuerpo con más dedicación, hizo comentarios que no escuché, pero fingí hacerlo.</p>
<p>-¿Puedes girarte? &#8211; sin responder a su pregunta cumplí su petición, estaba ruborizado, sentía que mi cuerpo emanaba un calor insoportable.</p>
<p>Acercó su rostro al mío, su boca a mi oído &#8211; ¿Quieres que empecemos? – esta vez no pude ignora su interrogante. Tímidamente asentí sin emitir sonido. Inmediatamente cambió la manera de tocarme, llevó su boca a mi cuello, lo acarició con sus labios. Siguió explorando por mi cuerpo de maneras indescriptibles, poco a poco fue liberando mis instintos más básicos.</p>
<p>Ahí estuve, creando un lazo efímero, conectándome a alguien que no volvería a ver, uniendo mi alma a un ser desconocido.</p>
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		<title>Tu arte es la seducción</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2017/05/arte-la-seduccion/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 10 May 2017 02:45:19 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Eva Blanco Rangel]]></category>
		<category><![CDATA[Pareja]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Eva Blanco Rangel Tú me sabes seducir, me atrapas, me amarras. Todo tu cuerpo y tus ojos&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Eva Blanco Rangel</strong></p>
<p>Tú me sabes seducir, me atrapas, me amarras.</p>
<p>Todo tu cuerpo y tus ojos me hipnotizan, tus labios me hechizan, tus manos me raptan, tu cuerpo me capta.</p>
<p>Todo eso lo utilizas en mi contra para deducir mis puntos débiles y luego de cautivarme me demuestras tu verdadero arte.</p>
<p>Ese que diseñas en mis poros y pintas en mi cuerpo entero.</p>
<p>Cuerpo que erizas cuando tocas, cuerpo que exaltas con tus miradas,  cuerpo que desea un amanecer a tu lado con los rayos del sol tocándonos en plena mañana destinándonos a crecer.</p>
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