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	<title>Periodismo &#8211; Seis Grados &#8211; Experiencias que nos conectan</title>
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	<title>Periodismo &#8211; Seis Grados &#8211; Experiencias que nos conectan</title>
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		<title>El eterno regreso de Adriana Herrera o la historia de su Mapa Reverso</title>
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		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 19 Jul 2018 23:11:34 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Adriana Herrera]]></category>
		<category><![CDATA[Periodismo]]></category>
		<category><![CDATA[Retazos de Viaje]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>¿Por qué viajan quienes viajan? ¿Qué les sucede en sus recorridos? ¿Qué hay detrás de la foto que&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h4 id="por-que-viajan-quienes-viajan-que-les-sucede-en-sus-recorridos-que-hay-detras-de-la-foto-que-publican-en-instagram-todo-es-muy-divertido-sienten-miedo-estan-fe"><span style="color: #6e4d8b;">¿Por qué viajan quienes viajan? ¿Qué les sucede en sus recorridos? ¿Qué hay detrás de la foto que publican en Instagram? ¿Todo es muy divertido? ¿Sienten miedo? ¿Están felices siempre? ¿Extrañan la casa? ¿Por qué regresan? ¿Qué es todo eso que arbitrariamente dejan por fuera de sus crónicas? Desde su experiencia personal, la periodista de viajes Adriana Herrera —una nómada que va por el mundo sola, tomando fotos y llenando libretas— ha respondido a esas preguntas. Lo hizo a largo del relato tan íntimo que es su primer libro, <strong>Mapa Reverso [Retazos de viaje]</strong></span></h4>
<p><strong>Por Erick Lezama Aranguren</strong></p>
<p>Primero escapó de la vida tan común que llevaba. Adriana Herrera —periodista, nacida en Caracas en 1981— se levantaba muy temprano, iba a la oficina en la cual trabajaba como editora y ocho —o más— horas después regresaba, cansada, a casa; tomaba una ducha, leía las páginas de algún libro y dormía tarde. Rutina. A cada tanto, le tocaba viajar por trabajo. En las dos o tres semanas de vacaciones que tenía al año, viajaba por placer. Pero salvo esos momentos, todo era rutina. Y las rutinas atrapan. Son asfixiantes. Sobre todo para algunos seres que se sienten libres. Un día de 2010 —era domingo por la tarde— Adriana tomó un taxi. A fuera llovía a cántaros y Caracas estaba atascada en un tráfico demencial. Quizá la idea le daba vueltas en la cabeza desde hace mucho, pero fue en ese instante, sintiéndose prisionera, cuando decidió que ya no más. Basta, se dijo. Voy a viajar, se prometió. A viajar y a escribir: a vivir de eso.</p>
<p>Llena de dudas (y de coraje), le hizo caso a su intuición. Renunció al trabajo. Después de cumplir un preaviso largo, de tres meses, buscó compañía para sus recorridos; pero no encontró a nadie dispuesto a tamaña osadía. “Cada quien va caminando por la ciudad, atado a su ritmo y a sus propias querencias”, entendería después. Entonces se atrevió a hacerlo sola, a su tempo: caminando despacio, siempre con una cámara y varias libretas en la maleta.  El plan más temprano que tarde comenzó a funcionar. Viajaba y escribía. Abrió un blog (<a href="https://viajaelmundo.com/" target="_blank" rel="noopener">viajaelmundo.com</a>) y publicaba crónicas en National Geographic Traveler Latinomaérica, en Estampas (revista dominical del diario El Universal de Venezuela) y en medios de España, Colombia y Costa Rica.</p>
<figure id="attachment_5721" aria-describedby="caption-attachment-5721" style="width: 620px" class="wp-caption aligncenter"><img class="size-full wp-image-5721" src="http://www.seisgrados.com.ve/wp-content/uploads/2018/07/adriana.png" alt="" width="620" height="436" srcset="https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/07/adriana.png 620w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/07/adriana-300x211.png 300w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/07/adriana-600x422.png 600w" sizes="(max-width: 620px) 100vw, 620px" /><figcaption id="caption-attachment-5721" class="wp-caption-text">Foto tomada de viajaelmundo.com</figcaption></figure>
<p>Pero Adriana anotaba en esos cuadernos más que datos periodísticos. Miedos, tristezas, euforias, sabores, olores, preguntas, dudas, algunas certezas, contradicciones, el silencio transformado en palabras, descripciones, relatos íntimos, disertaciones, anécdotas, curiosidades. Escribía en aviones, en trenes, en barcos, en un hotel, en un hostal y al llegar a casa. Y garabateaba ilustraciones de lo que tenía ante la vista: una ciudad, una calle, un bosque, el mar. Todo cabía en esas hojas. Eran los trazos de un mapa que delineaba una historia en la que ella era la protagonista. Tantos viajes eran uno solo: uno que iba hacia su mundo interior.</p>
<p>Pero ella no se percataba. Y lanzaba esas libretas en su escritorio, o en alguna gaveta, o en un rincón: las olvidaba, jamás las abría.</p>
<p>Debía pasar el tiempo.</p>
<p>El tiempo que produce distancia.</p>
<p>La distancia que permite ver mejor.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>*</strong></p>
<p>En 2014, Adriana hizo un recorrido de tres meses por Europa. Meses después de volver, un día cualquiera de ese año, ocurrió una catástrofe: el disco duro de su computadora estalló y esa explosión borró el registro de sus últimos tres años de viajes.</p>
<p>Entonces, en un arrebato de nostalgia y melancolía, corrió a desempolvar aquellas libretas, como quien busca una lámpara cuando se descubre rodeado de oscuridad. Necesitaba una guía para armar un archivo mental de todo lo que había perdido, y pensó que aquellas líneas podían ayudarla. La experiencia de releerse fue reveladora. Por fin vio, nítidamente, un arco dramático, un hilo narrativo, a ella misma como personaje.  Era lo que faltaba para que se le ocurriera la idea de que eso debía convertirse en un libro: en su primer libro.</p>
<p>Y lo hizo.</p>
<p>Se autopublicó poco más de dos años después. Un día antes de mandar a diseño el material, en enero de 2017, redactó en Caracas el último texto del trabajo, en el cual evoca el episodio: “Esas libretas que había relegado a la parte más oscura de mi suerte de oficina, ahora tenían una voz que insistía en contarme cosas. Y es ahí cuando me detengo a pensar que a todos nos pasa: identificarnos con las emociones, me refiero. Volver sobre nuestros pasos para descubrir detalles que no sabíamos y así, seguir trazando rutas que nos conduzcan, al fin, hacia eso que anhelamos. Viajar, para mí, es un acto de (re)conocimiento cada vez”.</p>
<p>En la introducción también dio pistas de ese aprendizaje: “Los viajeros vamos narrando el viaje como quien subsiste. Anotamos detalles que creemos que podemos olvidar después. Cerramos los ojos para rememorar atardeceres, olores, una canción, la textura de algunas paredes, un sabor en particular y entonces escribimos porque intentamos hacer nuestra esa realidad que nos arropa y es ahí cando el viaje se cuela en la existencia de quien intenta contarlo, anulando todo aquello que dábamos por cierto, para dejarnos en un limbo en el que no estamos seguros de si vale más lo fijado en el papel o la simple sensación de recordar lo vivido (…) El viaje no es solo lo que se ve, sino también lo que sucede mientras se observa. Se viaja por dentro y por fuera como un acto de rebeldía, al que muchas veces nos resistimos. Escribimos para seguir viajando en la relectura (…)”.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>*</strong></p>
<p>La bitácora es tan larga como desordenada. Cronologías que se rompen, líneas que se cruzan, una y otra vez. Idas y vueltas. (Re)encuentros. Siempre regresos.</p>
<p>Medellín, Los Roques, un tren que va de Basel a Zurich, un vuelo de Madrid a Caracas. Caracas —de nuevo—. Madrid, un vuelo de Malta a Madrid, Edimburgo, un tren que va desde Ásterdam a Colonia (en Alemania), un vuelo de Madrid a Nueva York. Canaima. Chicago (o quizá, New Orleans), Dublin y Wicklow, Zurich. Caracas —otra vez—. Río de Janeiro. Caracas —una vez más—.  Una noche y un amanecer a orillas del Río Caura, Malta, Trieweiler, Los Roques, Dublin, New Orleans, Memphis, New Orleans. Caracas —como siempre—.  Paraguaipoa. Grecia, como una barajita faltante.</p>
<p>Y Caracas, la de los regresos.</p>
<p>Adriana vive Caracas.</p>
<p>Si se asoma en su ventana, ve el Ávila, las guacamayas volando, el atardecer. Escucha los gritos de los niños jugando en un parque de diversiones y el escándalo de esta urbe frenética. “Yo sé, vivo en una de las ciudades más violentas del mundo, pero es donde me gusta vivir. Insisto en conseguir su belleza, cada día. Y sé que no estoy sola. Caracas es Caracas, mi ciudad”, escribió recientemente en su cuenta de Instagram, <a href="https://www.instagram.com/viajaelmundo/" target="_blank" rel="noopener">@viajaelmundo</a>. No hace tanto volvió de un recorrido por la India. Llegó cargada con tanto incienso y especias como historias por contar. Como ya es costumbre en ella, pospuso por días o semanas el ritual melacólico de desempacar; tanto que la ropa le quedó oliendo a Cardamomo. “Y entonces yo era India mientras caminaba en Caracas, con sus aromas pegados al cuerpo (…) Los viajes siguen sucediendo aunque ya estemos muy quietos”, reflexionó en otro post.</p>
<figure id="attachment_5719" aria-describedby="caption-attachment-5719" style="width: 620px" class="wp-caption aligncenter"><img class="size-full wp-image-5719" src="http://www.seisgrados.com.ve/wp-content/uploads/2018/07/kerala_munnar_mujer.jpg" alt="" width="620" height="372" srcset="https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/07/kerala_munnar_mujer.jpg 620w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/07/kerala_munnar_mujer-300x180.jpg 300w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/07/kerala_munnar_mujer-600x360.jpg 600w" sizes="(max-width: 620px) 100vw, 620px" /><figcaption id="caption-attachment-5719" class="wp-caption-text">Foto Adriana Herrera</figcaption></figure>
<p>Desde Caracas, Adriana ha estado enviando su Mapa Reverso [Retazos de viajes], autografiado, a muchas partes del mundo. Acaba de mandar varios a Canadá, Holanda, Italia, Colombia y Estados Unidos, como parte de una campaña humanitaria que denominó #ViajeSolidario: quien comprara el libro estaría contribuyendo con un comedor de Alimenta la Solidaridad —iniciativa que empodera a comunidades desfavorecidas— en el que se comen 60 niños. Eso la mantuvo ocupada. Pero ya la campaña finalizó y está por empezar a otro viaje corto: a Morrocoy, un paraíso playero en el occidente venezolano.</p>
<p>Antes irse —para volver— recuerda que todo comenzó estando peleada consigo misma.</p>
<p><strong>¿Por qué no habías vuelto a releer tus libretas? ¿Acaso querías olvidar lo vivido?</strong></p>
<p>Yo cuando me fui a Europa en 2014, lo hice porque quería escribir. No sé qué. Pero había pensado que, para poder escribir bien, tenía que irme lejos. Me llevé seis libretas y ni siquiera llené la tercera.  Pasé todo el viaje peleando conmigo misma por lo que estaba apuntando. No me sentía conforme; sentía que lo que estaba ahí no era bueno. Tenía ese conflicto conmigo misma y quizá por eso no releía. No me daba curiosidad. Entonces sucedió lo de mi computadora y al volver a esas líneas me di cuenta que había una historia contada de otra manera, que había un personaje — que era yo— peleando consigo misma. Le vi la parte interesante y salió lo que salió.</p>
<p><strong>Lo que salió fue una autopublicación, ese método de publicación que todavía no es común en Venezuela. ¿Se te hizo difícil? ¿Pensaste en desistir y volver a abandonar esos retazos de tus viajes? </strong></p>
<p>Desde el principio, Willy Mckey, que fue mi editor, y yo, queríamos que fuera una autopublicación. Estábamos conscientes de que era un libro distinto, y que posiblemente a las editoriales no les haría guiño de buenas a primeras. Sabíamos que iban a decir que me estaba autopublicando porque me habían rechazado en otro sitio. Y no, hacerlo así fue una decisión. A mitad de camino, sí, hubo un pequeño viraje: Willy lo presentó en una editorial. El “no” que nos dieron nos empujó más hacia la autopublicación, con la certeza de que estábamos haciendo las cosas bien. Fue difícil porque al hacerlo de ese modo, todos los gastos corrieron por mi cuenta. Los presupuestos, en medio de esta hiperinflación, no se mantenían por más de tres días. Diseño, corrección, y, el gasto mayor, el de imprenta. Fueron momentos muy complicados. Pero vacié mis ahorros y aposté. No hubo nada que me hiciera desistir. Mientras más difícil todo, más me empeñaba en que había que hacerlo. Era una luz en mi propio camino. Esperé terminar un trabajo grande que estaba haciendo, y apenas me lo pagaron, todo el trabajo se resumió en una semana: pude imprimir.</p>
<p><strong>A fin de cuentas, ¿por qué crees que esos relatos íntimos que conforman este viaje tan personal puede interesarles a otros?, ¿cuál era tu propósito al convertirlos en un libro?</strong></p>
<p>Creo que era un libro que tenía que escribir, que respondía a mis emociones. Pienso que a través de mis emociones y de la manera en la que vivo el viaje, la gente se puede identificar con lo que sea que ellos hagan. ¿Por qué convertirlo en libro? Porque esas cosas que conté ahí son las que nosotros los viajeros decidimos de buenas a primeras no contar. Es como el Instagram: todo el mundo muestra la foto del paisaje, de la palmera y el mar, pero no de lo que le costó llegar hasta allá. Era darle un toque de certeza a la manera en la que yo entiendo el viaje. Decir: “Todas estas cosas pasan, y pasan más seguido de lo que alguien se pueda imaginar”. Dejarlo por escrito es una forma de sentar un precedente, de preguntar por qué no contarlo, por qué no ir en consonancia con lo que sentimos, con lo que vivimos. Porque detrás de cada viaje se oculta un viaje interno. No estoy descubriendo el agua tibia. Solo decidí que tenía que contarlo y me hacía bien.</p>
<p><strong>Queda claro que tu relación con la palabra escrita va más allá del ejercicio periodístico. Da la impresión de que la escritura es una pulsión natural en ti. Por ese conflicto existencial que vivías, ¿te identificas con el dicho que dice &#8220;odio escribir, pero amo haber escrito”? </strong></p>
<p>Había olvidado ese dicho, pero creo que es muy cierto. Odié todo lo que escribí, pero qué bueno que lo escribí. Digo siempre que mi blog es como mi laboratorio: mi lugar para experimentar. Seguramente allí hay aciertos y desaciertos: algunos textos buenos, otros malos. Pero me inquieta la escritura, me inquietan las historias. Así que como yo viajo, me gusta explorar también a través de la palabra. Estoy en ese camino de intentar hacerlo bien, o medianamente bien. Quiero acercarme a ese ideal de hacer las cosas lo mejor posible. Es lo que intento, cada día.  Es un constante aprendizaje.</p>
<p><strong>Tenías muy claro el concepto editorial de este trabajo. Pero era muy fácil perder el foco y torcer la idea hacia un producto más comercial: que se pareciera más a un libro convencional de viajes. ¿Por qué te empeñaste en hacerlo así? </strong></p>
<p>No, la verdad es que no era fácil perder el foco. Por lo que dices: tenía sumamente claro el concepto del libro. Yo consumo mucha literatura de viajes, en inglés, en español, de distintas nacionalidades, y todos siguen como una misma línea. No es que no te vas a encontrar un libro como el que yo he hecho. No quería que fuera un libro común, así que no había manera de hacer un libro común. Entonces me arriesgué diciendo: yo me estoy autopublicando, esta es mi propuesta y creo firmemente en esto. Pensé: si la gente no lo entiende, bueno, quizá con el tiempo lo van a entender.</p>
<p><strong>Admites desde la primera página que en el libro hay cierto desorden. ¿Por qué? ¿Qué querías decir con esa estructura?</strong></p>
<p>Sí, yo planteaba una bitácora desordenada. Si te das cuenta, el libro está dividido en tres capítulos: el camino (retazos cuando me movía de un lado a otro), el viaje (que son las crónicas) y luego el delirio (cosas que se me ocurrieron en cualquier parte). Si bien comencé en el 2010, vas leyendo cronológicamente, pero en cada capítulo se rompe la línea. Y te digo, yo quería que fuera un poco más desordenado; respondía a una idea que yo tenía en la cabeza y que solo yo podía entender. Pero ahí entró la labor del editor: Willy me hizo ver que tampoco podía forzar al lector a entender tamaño desorden. Me gusta como quedó. Porque es una manera de que cada quien construya el libro a su manera. No quería aburrir, porque yo a veces me aburro leyendo, aunque me guste mucho como escriba el autor.</p>
<p><strong> Has hecho muchos otros viajes. Seguramente tenías muchas otras anotaciones en tus libretas. ¿Cómo seleccionaste lo que está allí? ¿Qué querías contar haciendo énfasis en esos puntos específicos de un viaje que es más grande? </strong></p>
<p>Yo siempre escribo; tengo muchas libretas llenas, escribo un montón. Nosotros establecimos un período, que eran 5 años de viajes: finales de 2010, finales de 2016. Era necesario ese límite de tiempo. Así que lo que estaba por fuera de ese lapso, lo excluíamos.  La primera labor que hice fue releer como 11 libretas. Por sugerencia del editor, fui clasificándolos: todos los textos que fueron escritos en Caracas, los que hice en avión, en barco, en otro país, en tren. Dentro de esa separación, iba armando la línea emocional que quería que se sintiera, ese conflicto emocional conmigo misma; entre irme y quedarme; entre escribir o no escribir; las situaciones más inusuales que me pasaban. Los miedos, las tristezas, la soledad, el reencuentro. E iba decantando. Clasificamos esos tres capítulos al final de todo: queríamos un orden dentro de nuestro desorden.</p>
<p><strong>En el libro dices que viajando te has encontrado con una cara amable del mundo: que la gente es no es tan mala. ¿Te tomó mucho tiempo —y muchos kilómetros y muchas millas— llegar a esa conclusión?</strong></p>
<p>Es que en eso he creído siempre. Cuando decido viajar sola y me consigo a gente amable dispuesta a darme la mano, confirmé eso. En cierto momento, en 2012 o 2013, me aburrió un poco que vieran en mi forma de viajar un acto de heroísmo. ¿Por qué me creían valiente? Yo solo estaba haciendo lo que me gusta: es mi profesión y mi pasión. Me molestaba esa reverencia. Después entendí que todo el mundo lo veía como yo. Me puede pasar algo, sí; pero no salgo pensando en eso. La única manera que te des cuenta que el mundo no es tan malo, es saliendo y disfrutándolo al máximo.</p>
<figure id="attachment_5722" aria-describedby="caption-attachment-5722" style="width: 1280px" class="wp-caption aligncenter"><img class="size-full wp-image-5722" src="http://www.seisgrados.com.ve/wp-content/uploads/2018/07/adrianaherrera.jpg" alt="" width="1280" height="720" srcset="https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/07/adrianaherrera.jpg 1280w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/07/adrianaherrera-300x169.jpg 300w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/07/adrianaherrera-768x432.jpg 768w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/07/adrianaherrera-1024x576.jpg 1024w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2018/07/adrianaherrera-600x338.jpg 600w" sizes="(max-width: 1280px) 100vw, 1280px" /><figcaption id="caption-attachment-5722" class="wp-caption-text">Foto tomada de viajaelmundo.com</figcaption></figure>
<p><strong>Te han preguntado mucho si te sientes atrapada aquí en tu país y que por qué insistes en volver cuando tanta gente se está yendo.  ¿Cuál es tu respuesta? </strong></p>
<p>Que no me siento atrapada. Que me puedo ir cuando quiera. Que me quedo por muchas razones: porque aquí están mis afectos, mi familia; porque creo que tengo las herramientas y las ganas de reconstruir y aportar algo y espero que siga haciendo así. Ojalá no tenga que tragarme las palabras y que mi propio país no me termine echando. Yo me resisto a esas veces en las que siento que el país me está empujando. Es confuso cuando me preguntan por qué vuelvo. Es muy antipática esa pregunta. Trato en lo posible de buscar bellezas dentro del caos. Confío en que esta tormenta va a pasar; pero mientras, uno tiene que aferrarse con fuerza a lo que tiene más a mano, y lo que uno tiene más a mano son los afectos. Eso es lo que te da fuerza para seguir.</p>
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		<title>Mienten las mentiras: los falsos positivos del periodismo</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2017/11/mienten-las-mentiras-los-falsos-positivos-del-periodismo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 21 Nov 2017 18:18:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Reportajes]]></category>
		<category><![CDATA[Eduardo Galeano]]></category>
		<category><![CDATA[García Márquez]]></category>
		<category><![CDATA[Periodismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Si un periodista tuviese que escoger entre ética y estética, tendría que privilegiar lo primero. Sin embargo, algunos&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h5 id="si-un-periodista-tuviese-que-escoger-entre-etica-y-estetica-tendria-que-privilegiar-lo-primero-sin-embargo-algunos-deciden-ignorar-deliberadamente-esa-maxima-estos-son-algunos-de-los-casos-mas-atr">Si un periodista tuviese que escoger entre ética y estética, tendría que privilegiar lo primero. Sin embargo, algunos deciden ignorar deliberadamente esa máxima. Estos son algunos de los casos más atroces –que con el tiempo resultan incluso risibles– de grandes fraudes periodísticos.</h5>
<p><strong>Por Por </strong><span class="author-link"><strong>Alejandro Gómez Dugand* / <a href="http://www.revistaarcadia.com/impresa/periodismo/articulo/mentiras-los-grandes-fraudes-de-periodistas--periodismo/66212">Revista Arcadia</a></strong> </span></p>
<p>Si esta nota fuera sobre los mejores primeros párrafos del periodismo, tendríamos que hablar de “Hack Heaven”, una nota publicada por <a href="http://www.revistaarcadia.com/libros/articulo/periodistas-mentirosos/29246" target="_blank" rel="noopener">Stephen Glass</a> en la revista <em>The New Republic</em> en 1998. En esos primeros párrafos, Ian Restil grita iracundo desde una esquina de la mesa. Dice que quiere un convertible. Un viaje a Disney. El primer ejemplar del cómic de los <em>Hombres X</em>. Una suscripción vitalicia a <em><a href="http://www.revistaarcadia.com/libros/articulo/playboy-hugh-hefner-sexo-pornotopias-beatriz-preciado-literatura/51354" target="_blank" rel="noopener">Playboy</a> </em>y a <em>Penthouse</em>. “<em>Show me the money</em>!”, grita Ian Restil, “<em>Show me the money</em>!”.</p>
<p>Restil, de apenas 15 años, está negociando con ejecutivos de Jukt Micronics, una empresa que el malcriado Restil –pero no por eso menos talentoso– logró <a href="http://www.revistaarcadia.com/noticias/hacker/1015" target="_blank" rel="noopener"><em>hackear</em></a>. Ian había publicado los salarios de los empleados de la empresa junto a fotografías de desnudos y un mensaje, cuando menos, arrogante: “<em>The Big bad bionic boy has been here, baby</em>” (El gran maloso niño biónico estuvo acá, baby). Los ejecutivos le ofrecen disculpas al muchachito por interrumpirlo: “Podemos conseguir más dinero”, le dicen. “Así, podrá comprarse el cómic y cuando tenga, digamos, edad suficiente, el carro y las revistas pornográficas”.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Restil tiene a los ejecutivos acorralados. Los ingenieros de Jukt Micronics, “una importante empresa de <em>software</em>”, no se explicaban cómo este adolescente había vulnerado la seguridad de la empresa. La decisión de Jukt era clara: antes de perseguir a Restil, debían contratarlo como asesor de seguridad electrónica. Glass explica cómo esta escena no es para nada disparatada. En su nota cita a<em> Computer Inside</em>, un boletín para<em> hackers</em> que aseguraba que al menos 900 <em>hackers</em> habían sido contratados en los últimos cuatro años para asesorar sobre temas de seguridad a empresas que ellos mismos habían infiltrado.</p>
<p>Las grandes historias del periodismo están hechas con escenas como esa: escenas con personajes tan inusuales como verosímiles y que apelan a los grandes tópicos de la literatura: Restil, el pequeño David que lucha contra el gigante Goliath. En la Biblia, David derriba al gigante de una pedrada.</p>
<p>El problema es que nada de esto ocurrió en el mundo real. Como lo descubriría Adam Penenberg, del equipo digital de la revista <em>Forbes</em>, Ian Restil nunca existió. Ni Jukt. Ni sus ejecutivos. Ni el niño pataletudo en la esquina de la mesa, ni los abogados arrodillados: todo fue una ficción creada de Stephen Glass, presentada como periodismo. “El artículo –escribió Penenberg en mayo de 1998– era un completo y absoluto fraude perpetrado por uno de los editores asociados (de <em>The New Republic</em>), Stephen Glass, de 25 años”.</p>
<p>Hoy hablamos tanto de<a href="http://www.revistaarcadia.com/agenda/articulo/trump-dispara-las-ventas-de-1984-de-george-orwell/61781" target="_blank" rel="noopener"><em> fake news</em></a> que el término parece ya un eufemismo peligroso: un saco demasiado grande en el que cabe la historia de Frida Sofía, la falsa víctima del terremoto de México del 19 de septiembre, la foto trucada de los tiburones navegando una carretera de Houston luego del huracán Harvey y las cadenas de WhatsApp en las que “expertos” anónimos aseguran que Colombia se convertirá en Venezuela. Parece que el torrente de noticias que no lo son exige un nuevo ejercicio de taxonomía que nos permita diferenciar su intención: una cosa es una foto falsa creada para conseguir viralidad y otra muy diferente es<a href="http://www.revistaarcadia.com/contenidos-editoriales/feria-del-libro-bogota-2017/articulo/postverdad-mentiras-politicas-y-soluciones/63395" target="_blank" rel="noopener"> la campaña de desinformación que emprendió</a> el Centro Democrático, tal como lo confesó Juan Carlos Vélez, en tiempos del plebiscito. <em>Fake news, failed new, fabricated news</em>… El asunto es que dentro de esas muchas palabras que en inglés son con “f”, y que pueden describir cierto “periodismo” de hoy, existe una contundente: <em>fiction</em>. Hablar de ficción en periodismo es plantear de entrada una paradoja irresoluble. En el oficio de contar la realidad, la ficción es el mayor de los pecados. Y sin embargo, la historia de Glass no puede ser descrita de otra manera. No es manipulación de la información, ni una edición mal intencionada: la de Glass es una historia inventada de cabo a rabo: para usar una “f” más, fabulaciones enmascaradas de periodismo.</p>
<p>El episodio de Hack Heaven fue un duro golpe para la prestigiosa <em>The New Republic</em>, un triunfo sin precedentes para el equipo digital de <em>Forbes</em> y el final definitivo de Glass, quien durante los siguientes 20 años tuvo que retractarse de muchas otras notas que firmó como reportero.</p>
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<h4 id="la-historia-perfecta"><strong>La historia perfecta</strong></h4>
<p>Acá es cuando la intención es importante. Glass ha dicho en varias ocasiones que lo que lo llevó a mentir era poder contar la “historia perfecta”, una suerte de santo grial al que todo reportero quiere llegar: historias que no admiten dudas, de personajes redondos, con anécdotas imposibles de olvidar. El problema es que el periodismo se parece a la vida, y la vida es todo menos perfecta. Al final, el periodismo es una batalla entre la ética y la estética en la que la primera siempre debe ganar.</p>
<p>Glass no es el único, ni el más grave, ni el más famoso. En 1980, Janet Cooke publicó “Jimmy’s World” en<em> The Washington Post</em>, una desgarradora historia sobre un niño de ocho años adicto a la heroína. En la nota, Cooke muestra a Jimmy –un niño precoz, de ojos café y marcas de jeringa en la “piel tersa de bebé de su brazo moreno”–. El niño vive con su mamá y su padrastro, personajes que bien podrían ser la mezcla perfecta de los relatos de <a href="http://www.revistaarcadia.com/agenda/articulo/centenario-de-el-nacimiento-de-roald-dahl/48589" target="_blank" rel="noopener">Roald Dahl</a> e Irvine Welsh. Ron, el padrastro, o alguno de sus clientes son los encargados de inyectar a Jimmy “hundiendo la aguja en el brazo huesudo y enviando al niño de cuarto grado a un gesto hipnótico”. Jimmy, nos dice Cooke, es adicto desde los 5.</p>
<p>La historia perfecta, claro, pero también una historia de ficción: no existió Jimmy, ni su padrastro, ni su madre. Todos fueron producto de la mente (¿y el talento?) de Janet Cooke. Pero lo que hace relevante el fraude es que, a pesar de que muchos de sus colegas en la redacción tenían dudas, los editores del <em>Post</em> no solo decidieron apoyar a su redactora, sino además nominarla al <a href="http://www.revistaarcadia.com/noticias/premio-pulitzer/1507" target="_blank" rel="noopener">Premio Pulitzer</a>. Cooke ganó el que tal vez sea el premio más prestigioso del periodismo, pero dos días después de recibirlo se vio obligada a devolverlo. En una rueda de prensa, Robert Woodward –editor del<em> Post</em>– reconoció el error de su diario: “Me la creí, la publicamos (&#8230;). Es una historia brillante, falsa y fraudulenta como es”.</p>
<h4 id="la-imaginacion-como-recurso"><strong>La imaginación como recurso</strong></h4>
<p>Cabe mencionar al colombiano José Alejandro Castaño, ganador del premio iberoamericano de periodismo Rey de España, entre muchos otros. Castaño ha escrito para <em>El Malpensante</em>, <em>Semana</em>, <em>SoHo</em> y para esta misma revista, entre muchos –muchos– otros medios. Castaño fue una voz importante del periodismo nacional a comienzos de este siglo. Pero algunas de sus notas empezaron a generar dudas. En una describe cómo en un domingo de 2002 en el que se jugó un clásico futbolístico en Medellín ocurrieron siete milagros: un asmático se curó, un parapléjico brincó de su silla, un enfermo dejó la cama, una pareja voló por la ventana para caer encima de un vendedor ambulante sin que ninguno resultara herido.</p>
<p>Al día siguiente, Castaño publicó una nota en la que aseguraba que al <a href="http://www.revistaarcadia.com/noticias/articulo/dario-jaramillo-agudelo-deportivo-independiente-medellin-futbol-rey-de-corazones/49264" target="_blank" rel="noopener">DIM</a>, equipo ganador del clásico, lo había recibido una corte de cinco prostitutas que, bajo un sol incandescente, gritaban “¡Los queremos, muchachos, gracias por devolvernos el alma y la alegría!”. Sin embargo, se prendieron las alarmas de las licencias periodísticas. Algunos reporteros que iban en el carro con Castaño aseguraron que esa escena jamás había ocurrido. Una publicación de <em>El Malpensante</em> y otra de <em>La Silla Vacía</em> dijeron lo que aparentemente ya decían varios en el gremio: Castaño inventaba personajes, escenas y datos para escribir sus “historias perfectas”.</p>
<p>Laura García, periodista colombiana, escribió un larguísimo blog en <em>SoHo</em> en el que salió en defensa del cronista paisa, y el mismo Castaño trató de salvar su carrera en un texto en el que escribió una frase que parece incriminarlo: “(La) imaginación es (un) recurso periodístico”.</p>
<h4 id="respuestas-no-pedidas"><strong>Respuestas no pedidas</strong></h4>
<p>En el panteón de los periodistas de la ficción encontramos subgéneros. Están quienes, como Glass y Cooke, deciden entrevistar a personajes que no existen y describir escenas que jamás ocurrieron. Pero también están otros, cuando menos más valientes, que se atrevieron a publicar entrevistas a personas reales con quienes nunca conversaron. Uno de los casos más elocuentes es el del cronista argentino Nahuel Maciel, cuya historia quedó recogida en una crónica fabulosa –que no fabulada– publicada en<em> Gatopardo</em> por Eliezer Budasoff y titulada “El hombre que se convirtió en espejo”.</p>
<p>Maciel se hizo famoso en los noventa por publicar entrevistas muy extensas con personajes como <a href="http://www.revistaarcadia.com/noticias/mario-vargas-llosa/1246" target="_blank" rel="noopener">Mario Vargas Llosa</a>, Carl Sagan, <a href="http://www.revistaarcadia.com/noticias/umberto-eco/497" target="_blank" rel="noopener">Umberto Eco</a>, Juan Carlos Onetti y <a href="http://www.revistaarcadia.com/noticias/gabriel-garcia-marquez/4" target="_blank" rel="noopener">Gabriel García Márquez</a> sin haber hablado con ellos. No solo eso: las conversaciones imaginarias entre Maciel y García Márquez llegaron a convertirse en un libro que se publicó en 1992. Así describió Budasoff el episodio: “(El) joven Nahuel Maciel presentó en la Feria del Libro de Buenos Aires <em>Elogio de la utopía</em>, una recopilación de conversaciones con García Márquez que no eran reales, prologada por un texto del escritor uruguayo<a href="http://www.revistaarcadia.com/periodismo-cultural---revista-arcadia/articulo/cosas-para-llevar-ultimo-poema-eduardo-galeano-edicion-128/48990" target="_blank" rel="noopener"> Eduardo Galeano</a> que Galeano nunca escribió, con un prefacio a cada capítulo plagiado, palabra por palabra, de un libro del sacerdote argentino Mamerto Menapace, a cuyos textos solo les había cambiado la palabra ‘Dios’ por ‘Utopía’”.</p>
<p>Las entrevistas que no ocurrieron son un género cultivado por los fabuladores del periodismo. En junio de este año el diario chileno <em>La Tercera</em> tuvo que reconocer que varias entrevistas publicadas por una de sus reporteras, Ximena Marín Lazaeta, habían sido o bien inventadas o plagiadas de otros medios. Marín había firmado una entrevista con Álvaro Uribe y con el español José Luis Rodríguez Zapatero sin haber hablado con ninguno.</p>
<p>También el periodista <a href="http://www.revistaarcadia.com/noticias/martin-caparros/69" target="_blank" rel="noopener">Martín Caparrós</a> fue, en 2013, víctima de la fabulación. “Maestro! Un periodista? ecuatoriano q intentó hablar conmigo y no me encontró, igual publica su entrevista (sic)”, anunció Caparrós en un trino que incluía un <em>link</em> a una nota del <em>Expreso</em> firmada por Rubén Darío Buitrón. “Sacó algunas frases de 1 nota q escribí para el NYTimes, otras de 1 entrevista radial, y otras de su imaginación calenturienta (sic)”.</p>
<p>Pero no solo con palabras se miente. Este año el ilustrador peruano Cristhian Hova tuvo que disculparse públicamente luego de haber asegurado que tres de sus ilustraciones habían sido portada de <em>The New Yorker</em>. Una de ellas, en la que Trump se balancea sobre una máquina de juegos en forma de carrito, aparecía en una nota de la revista <em>Somos</em> que tomó por sorpresa al periodista Diego Salazar: “¿Cómo es posible que un artista peruano haya publicado no una, sino varias veces en <em>The New Yorker</em> y no nos hayamos dado cuenta?”. En una nota publicada en el portal clasesdeperiodismo.com, Salazar cuenta paso a paso cómo descubrió las mentiras de Hova, quien no solo no había publicado en la revista, sino que además había plagiado una ilustración de Barry Blitt.</p>
<h4 id="periodismo-magico"><strong>¿Periodismo mágico?</strong></h4>
<p>Si esta nota fuera sobre los mejores primeros párrafos del periodismo, estaríamos obligados a hablar de <em>Caracas sin agua</em>, una nota de Gabriel García Márquez publicada en 1958. En esos primeros párrafos, García Márquez narra cómo el ingeniero alemán Samuel Burkart se afeita en un <em>penthouse</em> de la capital venezolana, asediada por esos días por una fuerte sequía. Ante la escasez, Burkart se ve obligado a ser recursivo y valerse de otro líquido para podar su barba: “Burkart compró una lata de jugo de naranja y se decidió por una botella de limonada para afeitarse. Solo cuando fue a hacerlo descubrió que la limonada corta el jabón y no produce espuma. De manera que declaró definitivamente el estado de emergencia y se afeitó con jugo de duraznos”. Por supuesto, los párrafos iniciales de <em>Caracas sin agua</em> son tan maravillosos como inventados. Nunca existió Burkart más allá de la imaginación de García Márquez.</p>
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<p>Son muchos los casos en los que se pueden encontrar exageraciones y mentiras en los reportajes de García Márquez. En una nota publicada por Néfer Muñoz en 2014 en <em>BBC Mundo</em> se habla, por ejemplo, de una ocasión –en 1954– en la que Gabo viajó a Quibdó a cubrir una protesta “multitudinaria”. Al llegar, García Márquez y el fotógrafo descubren que el tal paro no existió y que Primo Guerrero, corresponsal de El<em> Espectador</em>, había inventado la protesta. Obstinado en no regresar con las manos vacías a Bogotá, el mismo García Márquez se puso en la tarea de convocar a las multitudes para poder tomar las fotos y sacar la nota. <em>El Espectador</em> publicó la nota con el título <em>Historia íntima de una manifestación de 400 horas</em>. En ella, escribió Muñoz, “García Márquez asegura que la protesta duró 13 días, ‘nueve de los cuales estuvo lloviendo implacablemente’”. García Márquez, autor de una cita que aparece y reaparece toda vez que se habla de ética periodística: “En el oficio de reportero se puede decir lo que se quiera con dos condiciones: que se haga de forma creíble y que el periodista sepa en su conciencia que lo que escribe es verdad. Quien cede a la tentación y miente, aunque sea sobre el color de los ojos, pierde”.</p>
<p><sup>*Literato y periodista. Director de <em>Cerosetenta</em>.</sup></p>
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<p><strong>Fuente: <span class="author-link"><a href="http://www.revistaarcadia.com/impresa/periodismo/articulo/mentiras-los-grandes-fraudes-de-periodistas--periodismo/66212">Revista Arcadia</a></span></strong></p>
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		<title>Gay Talese, el arte de citar hasta el plagio</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2017/11/gay-talese-arte-citar-plagio/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 07 Nov 2017 09:15:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Periodismo]]></category>
		<category><![CDATA[Talese]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Gilberto Padilla / El Estornudo.com En cierto modo, la literatura y el periodismo son como un marido&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Gilberto Padilla / <a href="https://www.revistaelestornudo.com/gay-talese-arte-citar-plagio/">El Estornudo.com</a></strong></p>
<p>En cierto modo, la literatura y el periodismo son como un marido y una esposa que después de quinientos años de asesoramiento matrimonial siguen sin conocerse. Él todavía sueña con Abella Anderson y ella sigue esperando a Rocco Siffredi, al tiempo que discuten sobre a quién le toca sacar la basura.</p>
<p>Pensaba en todo esto mientras leía <em>El motel del voyeur</em> (Alfaguara, 2016), de Gay Talese, un libro que nos hace creer que el oficio del periodista consiste en cortar y pegar. No es broma: prepárense para una catarata de páginas entrecomilladas. Más del ochenta por ciento del libro está totalmente sodomizado.</p>
<p>La cita es para Gay Talese como para Hamlet agarrar la calavera.</p>
<p>Que si <em>The New York Times</em>, que si <em>Publishers Weekly</em>, que si Elvira Lindo en <em>El País</em>, que si “Una de las mayores glorias del periodismo contemporáneo… Mito del oficio”, etc. Casi una decena de <em>blurbs</em> escoltan la segunda edición de <em>El motel del voyeur</em> que bajé de internet la semana pasada. Y esto, a sabiendas de que las comillas aparecen más veces en este reportaje que en el <em>Tratado de urología</em> de Francisco Díaz de Alcalá (1588).</p>
<p>Como ven, la cosa está entre todos esos pececitos famosos y yo. Aunque, en realidad, cuando tu libro vende medio millón de ejemplares —y Steven Spielberg compra los derechos para el cine— importa poco lo que diga un crítico de <em>El Estornudo</em>.</p>
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<p>Si hay una historia comienza con una carta (entrecomillada): “Querido señor Talese: […] Desde hace años soy el propietario de un pequeño motel de veintiuna unidades situado en el área metropolitana de Denver […]. Compré este motel para satisfacer mis tendencias de <em>voyeur</em> y mi irresistible interés por todas las fases de la vida de la gente […], y para responder a la antiquísima pregunta de cómo la gente se comporta sexualmente en la intimidad de su dormitorio. […] He llevado un diario escrupuloso de la mayoría de los individuos que he observado, compilando interesantes estadísticas sobre cada uno […]. De momento no puedo revelar mi identidad a causa de mi negocio, pero se la revelaré cuando me asegure que esta información será completamente confidencial”.</p>
<p>El remitente —por razones legales tuvimos que esperar casi cuatro décadas para conocerlo— se llama Gerald Foos y es, después del Alfred Kinsey, el mayor rascabuchador de la historia de los Estados Unidos.</p>
<p>Ya sabíamos de gente que utilizaba la investigación como coartada para cometer crímenes. Issei Sagawa descuartizando a una estudiante de La Sorbona como preparación para escribir <em>En la niebla</em>. En entrevistas posteriores, dijo que se sorprendió al comprobar que la carne humana era “suave y sin olor”, como el atún, y que la grasa tenía un color semejante al maíz. Pete Townsend visitando páginas de pornografía infantil a fin de escribir sobre los abusos que sufrió siendo niño. Pero lo de Gerald Foos es otra cosa: entre los años 60 y 90, rascabuchar a través de una falsa rejilla de ventilación a miles de clientes que nunca se dieron cuenta de que los observaba, fue su único pasatiempo. Ninguna otra ambición irreflexiva empañó su existencia; Foos no es un personaje de Balzac.</p>
<p>En una de sus escapadas voyeurísticas, su primera esposa le preguntó: “¿Tomas nota de lo que ves?”. A lo que él respondió: “Nunca se me ha ocurrido”. “Pues a lo mejor deberías”, dijo ella. Con las mujeres siempre ocurre lo mismo: o te importan un bledo o te dan miedo.</p>
<p>“Tras observar a muchos sujetos, mi estudio concluye que las mujeres tienen tendencia a masturbarse más por depresión que otra cosa”, escribe en una de las entradas de su <em>Diario de un voyeur</em>.</p>
<p>El grueso del volumen abunda en anotaciones carnosas: “Todavía no he observado a ninguna lesbiana que utilice un consolador. Creo que el consolador es una fantasía porno masculina”. Otra: “Definitivamente existe una correlación entre los sujetos que quieren las luces apagadas durante la actividad sexual y su perfil. Por lo general se trata de sujetos de zonas rurales; gente inculta; minorías; sujetos más viejos; sujetos de influencia sureña: todos estos suelen tener relaciones sexuales a oscuras”. Hay más: “Los individuos varían por cómo se sientan en el retrete”. Y un teorema irrefutable: “No puedes mear en línea recta si tienes una erección”.</p>
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<p>Un diario —lo sabe Gerald Foos— no tiene que ser un flujo constante de <em>bla bla bla</em>. No hay que agarrar al lector de las orejas y hacerle tragar todos y cada uno de los momentos. En cambio, un diario puede ser una sucesión de detalles sabrosos, olorosos, táctiles. Ejemplo al azar: “La llegada de la cámara Polaroid ha tenido una enorme influencia en la vida de ciertos individuos […], he presenciado cómo sujetos de todas clases y condiciones utilizaban la cámara para registrar su actividad sexual, obedeciendo más al deseo sexual del hombre que al de la mujer”. Otro: “El sexo oral entre huéspedes heterosexuales pasó del apenas 12% a un 44%, quizá provocado por el estreno de la película pornográfica <em>Garganta profunda</em> en el verano de 1972”.</p>
<p>Más que un periodista, Talese parece el traductor de Gerald Foos. El fantasma en el libro. Si Jef Koons o Ai Weiwei no se mancharon las manos construyendo sus propias obras, sino que —a la manera de un arquitecto que no coloca los ladrillos de los edificios que diseña— contrataron a varios artesanos para que las hicieran, ¿por qué no podría Gay Talese publicar el diario de otro? Tal vez el periodismo contemporáneo sea eso: pasar de la primera a la tercera persona del singular.</p>
<p>Hay un riguroso término literario, acuñado quizás por Edmund Husserl y la fenomenología alemana, que define a la perfección <em>El motel de voyeur</em>: descaro. En un mundo perfecto o, por lo menos, más justo, <em>El motel del voyeur</em> sería un libro firmado por Gerald Foos, con prólogo de Gay Talese. Pero ya sabemos que el viejo periodista es como un cantante pop: con tres acordes se hace un canto a sí mismo.</p>
<p>Sin embargo, el libro tiene problemas de credibilidad. Como esas viejas ilustraciones de <em>Alicia en el País de las Maravillas</em>, donde Alicia se come la tarta que dice “Cómeme” y crece hasta que el brazo le sobresale por la puerta delantera, así Talese se embuchó la historia completa de Gerald Foos, casi sin olfatear. Los sabuesos del <em>Washington Post</em> encuentran una lista considerable de grietas en los hechos. ¿La más grave? Resulta que Foos vendió el hotel Manor House, en 1980, a un tal Earl Ballard del que no sabemos absolutamente nada después de la última página del libro. El escándalo, por supuesto, se desata con fuerza. Comienza la ola de rumores. Talese es crucificado en público. Se escuchan algunas de sus pataletas: “Yo no voy a promocionar mi libro”. Acto seguido se retracta. Todo genera un enorme debate: qué es un periodista, qué es lo que lo define, hasta qué punto está dispuesto a llegar por una historia. Alguien saca a colación el nombre de un famoso reportero gringo que al postularse al premio Pulitzer hizo peligrar la vida de sus informantes.</p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-3269" src="https://2piuven2pq749qo771k912m1-wpengine.netdna-ssl.com/wp-content/uploads/2017/09/portada-libro-motel.jpg" sizes="(max-width: 572px) 100vw, 572px" srcset="https://2piuven2pq749qo771k912m1-wpengine.netdna-ssl.com/wp-content/uploads/2017/09/portada-libro-motel.jpg 572w, https://2piuven2pq749qo771k912m1-wpengine.netdna-ssl.com/wp-content/uploads/2017/09/portada-libro-motel-512x243.jpg 512w" alt="portada libro motel" width="572" height="272" /></p>
<p>El caso es una comedia de situación. “Quiero dejarlo claro”, declara el escritor al <em>Post</em>, “no he desautorizado el libro y tampoco lo va a hacer mi editorial. Si hay detalles que corregir en adelante, lo haremos”.</p>
<p>Un periodista afirma que Talese no está en sus cabales: de qué otra forma podría ser cómplice de espionaje y hasta de la omisión de un asesinato a la autoridades. Otra voz suelta un rumor que dice que el autor ha recibido la llamada solidaria de un periodista y escritor italiano acusado de haber inventado casi la totalidad de sus fuentes en el mundo del narco. En el rumor se dice que el italiano le sugiere a Talese que no se preocupe, que todos están celosos, que lo único que importa son las historias. Alguien afirma que se trata de una megamaniobra publicitaria de la editorial. (En la propaganda, se sabe, predomina un idioma torcido: Francia no venció a Brasil en la final del Mundial de Fútbol de 1998, sino que Adidas venció a Nike.)</p>
<p>Por supuesto, la historia no termina ahí: en una universidad yanqui a un estudiante de posgrado se le ocurre seguir el caso como tesis doctoral. El estudiante lee la obra completa de Talese, la analiza una y otra vez como si de una crónica policial se tratara. Por supuesto, descubre cosas: una infinidad de pasajes que son asombrosamente parecidos a otros textos, otras latitudes, otros ámbitos. Ya pasó antes con Roberto Saviano. La historia de la literatura está llena de calcos, pero el periodismo debería ser otra cosa, piensa el estudiante. Lee reescrituras de Scott Fitzgerald, John O`Hara, William Faulkner, entre muchos. Algunos fragmentos están transfigurados, otros son idénticos. Todos funcionan. Pareciera que a pesar del cut &amp; paste y del ocultamiento de la data, el periodista gringo hizo de esos textos su propia voz, volviéndolos indistinguibles del grueso de su obra. Obviamente, el estudiante de posgrado no sabe qué hacer. Ahí está “Pierre Menard, autor del Quijote” de Borges, para enredarlo todo aún más.</p>
<p>Pienso en esto mientras despacho una novelita de Ira Levin titulada <em>La astilla</em>. Allí, Peter Henderson, el propietario de un edificio de Manhattan, la “astilla” del título, confiesa a Kay Norris, una editora neoyorkina, su gran debilidad por el voyeurismo, y que vigila a los inquilinos del edificio a través de un intrincado sistema creado por él. Donde dice Peter Henderson lean Gerald Foos.</p>
<p>Un ave amarilla aletea junto a mi rostro.</p>
<p><strong>Fuente: <a href="https://www.revistaelestornudo.com/gay-talese-arte-citar-plagio/"><strong>El Estornudo.com</strong></a></strong></p>
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		<title>5 cronistas latinoamericanos que debes leer</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2017/04/5-cronistas-latinoamericanos-que-debes-leer/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 11 Apr 2017 00:18:55 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Collage]]></category>
		<category><![CDATA[Carlos Manuel Álvarez]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Gabriela Wiener]]></category>
		<category><![CDATA[Leila Guerriero]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Periodismo]]></category>
		<category><![CDATA[Salcedo Ramos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Más allá de Gabriel García Màrquez, la crónica ha ido creciendo en Latinoamérica de una manera abismal. Los&#8230;</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Más allá de Gabriel García Màrquez, la crónica ha ido creciendo en Latinoamérica de una manera abismal. Los medios y libros digitales han hecho que estas historias lleguen con más alcance a los periodistas y lectores sin importar en qué país del continente están. Los siguiente periodistas o personajes han profundizado y destacado en esta categoría. Por eso te recomendaremos los libros más representativos de ellos que debes anotar obligatoriamente en tu lista.</p>
<p><strong>Leila Guerriero</strong>. (Junín, Argentina, 1967, <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Leila_Guerriero" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Bio</a>). Ganadora del premio Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano por <em>“El rastro en los huesos</em>”, una crónica que sigue los pasos del Equipo Argentino de Antropología Forense que identifica los restos de desaparecidos en la dictadura militar. Estudió turismo, pero su vida la ha dedicado al periodismo.</p>
<p>Sus trabajos figuran en diversos medios como La Nación y Rolling Stone, de Argentina; El País y Vanity Fair, de España; El Malpensante y SoHo, de Colombia; Paula y El Mercurio, de Chile, entre otros. Además, es editora para América Latina de la revista mexicana Gatopardo.</p>
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<p>Ha escrito cinco libros:</p>
<p><em>Los suicidas del fin del mundo</em> (Tusquets, 2005) Crónica de un pueblo patagónico sobre una oleada de suicidios en un pueblo petrolero en los años noventa. Puedes adquirirlo en el siguiente <a href="https://amzn.to/2PcCUIQ" target="_blank" rel="noopener noreferrer">link</a></p>
<p><em>Frutos extraños</em> (Aguilar, 2009): Compilación de sus crónicas de 2001 a 2008. Puedes adquirirlo en el siguiente <a href="https://amzn.to/2JQuyB3" target="_blank" rel="noopener noreferrer">link</a>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Plano americano</em> (udp, 2013): veintiún perfiles de artistas y escritores. Puedes adquirirlo en el siguiente <a href="https://www.amazon.es/Plano-americano-BIBLIOTECA-MEMORIA-Guerriero/dp/8433908006/ref=as_li_ss_tl?s=books&amp;ie=UTF8&amp;qid=1538667954&amp;sr=1-1&amp;keywords=plano+americano+leila&amp;linkCode=sl1&amp;tag=gradosseis-21&amp;linkId=4e800a6603357b48953e2cc885e64b88&amp;language=es_ES">link</a></p>
<p><em>Una historia sencilla</em> (Anagrama, 2013): una crónica que cuenta la historia de Rodolfo González Alcántara, un bailarín entrañable que compite en el Festival de Malambo de Laborde. Puedes adquirirlo en el siguiente <a href="https://amzn.to/2Dqt4Nm" target="_blank" rel="noopener noreferrer">link</a>.</p>
<p><em>Zona de obras</em> (Anagrama, 2015): compila sus intervenciones teóricas y críticas sobre el oficio del periodista. Puedes adquirirlo en el siguiente <a href="https://amzn.to/2yWcVeJ" target="_blank" rel="noopener noreferrer">link</a>.</p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-2835" src="http://52.179.127.84/wp-content/uploads/2017/04/Salcedo-Ramos.jpg" alt="" width="848" height="480" srcset="https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2017/04/Salcedo-Ramos.jpg 848w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2017/04/Salcedo-Ramos-300x170.jpg 300w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2017/04/Salcedo-Ramos-768x435.jpg 768w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2017/04/Salcedo-Ramos-600x340.jpg 600w" sizes="(max-width: 848px) 100vw, 848px" /></p>
<p><strong>Alberto Salcedo Ramos</strong>. (Barranquilla, Colombia, 1963, <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Alberto_Salcedo_Ramos" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Bio</a>). Comunicador social, de la Universidad Autónoma del Caribe. Sus crónicas han aparecido en diversas revistas, tales como SoHo y El Malpensante (Colombia), Gatopardo y Hoja por hoja (México), Etiqueta Negra (Perú), Ecos (Alemania), Courrier International (Francia) e Internazionale (Italia), entre otras.</p>
<p>Es maestro permanente de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), fundada por Gabriel García Márquez, y de varias maestrías de periodismo, como la del diario La Nación (en Buenos Aires) y la Universidad de los Andes. Ha dictado talleres de crónica en varios países.</p>
<p>Salcedo ha ganado, entre otras distinciones, el Premio Internacional de Periodismo Rey de España, el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar (cinco veces), el Premio al Mejor Libro de Periodismo del Año (otorgado por la Cámara Colombiana del Libro) y el Premio al Mejor Documental en la II Jornada Iberoamericana de Televisión, celebrada en Cuba.</p>
<p>Libros publicados:</p>
<p><em>Diez juglares en su patio</em>, 1991, en coautoría con Jorge García Usta.<br />
<em>Los golpes de la esperanza</em>, 1994.<br />
<em>De un hombre obligado a levantarse con el pie derecho y otras crónicas</em>, 1999. Puedes adquirirlo en el siguiente <a href="https://amzn.to/2yVVb2X" target="_blank" rel="noopener noreferrer">link</a>.<br />
<em>El Oro y la Oscuridad. La vida gloriosa y trágica de Kid Pambelé</em>, 2005. Puedes adquirirlo en el siguiente <a href="https://amzn.to/2PLQ3YV" target="_blank" rel="noopener noreferrer">link</a>.<br />
<em>La eterna parranda. Crónicas 1997-2011</em>, 2011. Puedes adquirirlo en el siguiente <a href="https://amzn.to/2Dr3LLg" target="_blank" rel="noopener noreferrer">link</a>.<br />
<em>Botellas de naúfrago</em>, 2015. Puedes adquirirlo en el siguiente <a href="https://amzn.to/2yU2x7m" target="_blank" rel="noopener noreferrer">link</a>.<br />
<em>Los ángeles de Lupe Pintor. Crónicas</em>. Almadía, México, 2015.<br />
<em>Viaje al Macondo real y otras crónicas</em>. Pepitas de Calabaza, España, 2016. Puedes adquirirlo en el siguiente <a href="https://amzn.to/2yV2gRE" target="_blank" rel="noopener noreferrer">link</a>.</p>
<p><img class="aligncenter size-large wp-image-2836" src="http://52.179.127.84/wp-content/uploads/2017/04/julio-villanueva-chang-1024x640.jpg" alt="" width="1000" height="625" srcset="https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2017/04/julio-villanueva-chang-1024x640.jpg 1024w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2017/04/julio-villanueva-chang-300x188.jpg 300w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2017/04/julio-villanueva-chang-768x480.jpg 768w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2017/04/julio-villanueva-chang-240x150.jpg 240w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2017/04/julio-villanueva-chang-600x375.jpg 600w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2017/04/julio-villanueva-chang.jpg 1280w" sizes="(max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /></p>
<p><strong>Julio Villanueva Chang</strong>. (Lima, Perú, 1967, <a href="https://fundaciongabo.org/es/comunidad/perfil/julio-villanueva-chang" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Bio</a>). Editor fundador de Etiqueta Negra. Premio de Crónicas de la Sociedad Interamericana de Prensa. Maestro de la Fundación García Márquez para el Nuevo Periodismo. Miembro del Comité Consultivo de Radioambulante. Ha publicado, entre otros libros, De Cerca Nadie Es Normal, una antología de sus perfiles. Nació en Perú y vive en Lima como si estuviese de visita.“Cada vez me interesan menos el periodismo y la literatura. Lo que quiero es conmover y transmitir experiencias”, dice.</p>
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<p>Considera que la crónica no es tanto un estilo de narrar, sino de mirar la realidad, un intento de darle sentido al caos traduciéndolo a una historia”.</p>
<p>Entre sus libros se encuentra:</p>
<p><strong><em>Elogios criminales</em></strong> (Planeta, 2009) que reúne siete textos de no-ficción que dan a conocer a personajes como Apolinar Salcedo Caicedo, quien fue Alcalde de Cali, pero sería destituido por la Procuraduría General de la Nación de Colombia; y a Juan Diego Flórez, un tenor lírico peruano, quien es considerado por la crítica el mejor representante del repertorio rossiniano.</p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-2837" src="http://52.179.127.84/wp-content/uploads/2017/04/Gabriela-Wiener.jpg" alt="" width="980" height="653" srcset="https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2017/04/Gabriela-Wiener.jpg 980w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2017/04/Gabriela-Wiener-300x200.jpg 300w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2017/04/Gabriela-Wiener-768x512.jpg 768w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2017/04/Gabriela-Wiener-600x400.jpg 600w" sizes="(max-width: 980px) 100vw, 980px" /></p>
<p><strong>Gabriela Wiener</strong> (Lima, 1975, <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Gabriela_Wiener" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Bio</a>). Es una periodista gonzo. También poeta. Ella es la protagonista de sus historias, que hablan de los pliegues recónditos del sexo, de las aproximaciones a la muerte, de los nueve meses con alguien dentro. También de la relación con su marido y de la relación con su mujer, o sea, del &#8220;poliamor&#8221;. O, como dice su hija, de la vida en &#8220;tripareja&#8221;.</p>
<p>Estudió Lingüística y Literatura en la Universidad Católica de Lima, y un máster en Cultura histórica y Comunicaciones en Barcelona. Trabajó en el diario El Comercio. Fue miembro del consejo de redacción de la desaparecida revista Lateral. Colabora con una larga serie de medios, como Etiqueta Negra, El País o La Vanguardia.</p>
<p>Algunas de sus obras:</p>
<p><em>Sexografías</em> (2008). Puedes adquirirlo en el siguiente <a href="https://amzn.to/2yUFXeM" target="_blank" rel="noopener noreferrer">link</a>.</p>
<p><em>Nueve lunas</em> (2009). Puedes adquirirlo en el siguiente <a href="https://amzn.to/2SPIH5j" target="_blank" rel="noopener noreferrer">link</a>.</p>
<p><em>Llamada perdida</em> (2014). Puedes adquirirlo en el siguiente <a href="https://amzn.to/2yV5YKO" target="_blank" rel="noopener noreferrer">link</a>.</p>
<p><em>Ejercicios para el endurecimiento del espíritu</em> (2014). Puedes adquirirlo en el siguiente <a href="https://amzn.to/2DoYT9p" target="_blank" rel="noopener noreferrer">link</a>.</p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-2838" src="http://52.179.127.84/wp-content/uploads/2017/04/Carlos-Manuel-Alvarez.jpg" alt="" width="580" height="416" srcset="https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2017/04/Carlos-Manuel-Alvarez.jpg 580w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2017/04/Carlos-Manuel-Alvarez-300x215.jpg 300w" sizes="(max-width: 580px) 100vw, 580px" /></p>
<p><strong>Carlos Manuel Álvarez</strong>. (Matanzas, Cuba, 1989, <a href="https://en.wikipedia.org/wiki/Carlos_Manuel_%C3%81lvarez" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Bio</a>). Periodista graduado en La Universidad de La Habana.Fundador de La Revista <a href="http://elestornudo.org/">El Estornudo</a>.  Fue columnista de OnCuba. Actualmente colaborador de BBC Mundo y The New York Times. Ha escrito en revistas como El Malpensante y Gatopardo.</p>
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<p>Se dice de él que es “bebedor de absenta. Grafitero del Word. Nada encuentra más exquisito que los manjares de la carestía: los caramelos de la bodega, los espaguetis recalentados, la pizza de cinco pesos. Leyó un Hamlet apócrifo más impactante que el original de Shakeaspeare, con frases como esta, que repite como un mantra: “la hora de la sangre ha de llegar, o yo no valgo nada.” Cree solo en dos cosas: la audacia de los primeros bates y la soledad del center field”.</p>
<p>Ha publicado los libros:</p>
<p><em>La tarde de los sucesos definitivos (2013)</em>.</p>
<p><a href="https://elpais.com/cultura/2017/06/28/actualidad/1498682657_068680.html"><em>La Tribu. Retratos de Cuba</em>, una recopilación de crónicas (2017).</a></p>
<p><em>Los caídos</em> (2018).</p>
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		<title>¿Periodismo o literatura?</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2017/04/periodismo-o-literatura/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 03 Apr 2017 00:19:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Capote]]></category>
		<category><![CDATA[Clodovaldo Hernández]]></category>
		<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Licitra]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Periodismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Cristina Martínez La relación entre la literatura y el periodismo resulta, de algún modo, polémica. Ciertos autores&#8230;</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Cristina Martínez</strong></p>
<p>La relación entre la literatura y el periodismo resulta, de algún modo, polémica. Ciertos autores buscan diferencias entre estos dos oficios a fin de demostrar que son mundos totalmente distintos. Para confirmar que el escritor es un artista y el periodista un artesano. Sin embargo, otros han logrado –teniendo como base el género crónica– demostrar lo opuesto: que entre literatura y periodismo las fronteras se diluyen.</p>
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<p>Los antecedentes más remotos de la crónica pueda que se encuentren en los juglares de la Edad Media, artistas que iban de pueblo en pueblo cantando poemas y contando relatos muy parecidos a lo que hoy conocemos como noticia, pero en este lado del mundo fueron los colonizadores quienes, para dar parte a sus reyes, empezaron a narrar nuestra historia (estos se conocen como los Cronistas de Indias). “Aquellos cronistas relataron no sólo lo que vieron y escucharon, sino también lo que sintieron, comieron, olieron, percibieron y tocaron”, explica Angulo Daneri.</p>
<p>Aunque el cronista aborda hechos reales, también aprovecha, por cuestiones estéticas, técnicas de la literatura para elaborar su texto. Un ejemplo de ello es <em>A sangre Fría</em>, de Truman Capote, libro que narra el asesinato de la familia Clutter, ocurrido en 1959 en Kansas, EEUU. Para escribir esta crónica Capote hizo un exhaustivo trabajo de campo durante siete años. El resultado fue una extensa crónica que terminó siendo una novela de No Ficción.</p>
<p>Para aquellos que opinan que los periodistas/cronistas que no incursionan el terreno de la ficción son escritores inacabados, Josefina Licitra comenta: “La crónica no es la antesala de la novela de ficción. Hay quienes piensan que es un paso intermedio para llegar a la novela de ficción. Yo no lo veo así. Si en algún momento me surge una novela de ficción será fantástico, pero no estoy aspirando ni me estoy entrenando para hacer una novela”.</p>
<p>Clodovaldo Hernández, quien acaba de lanzar su libro <em>Reinventario</em>, dice: “Yo creía que la diferencia entre literatura y periodismo era la realidad. Pensaba que el lenguaje actuaba de maneras distintas. Luego de tantos años de faena periodística uno comienza a darse cuenta de que la realidad y la ficción a veces se solapan, se confunden”.</p>
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<p>El periodista que hace crónica toma prestado de la literatura, por empirismo o academicismo, el estilo poético, la soltura de la prosa, las metáforas, las ironías, el clímax, etcétera, pero sabe que no puede exagerar en su dosis de ficción (el dato falso no es una licencia que el cronista pueda darse). El relato, aunque atractivo, tiene que ser verosímil, minucioso, detallado.</p>
<p>Por su parte, el escritor de ficción toma su materia prima de la realidad para inventar las tramas, para recrear sus personajes. He aquí el punto de encuentro más fehaciente de estos dos oficios: literatura y periodismo. Lo que separa uno del otro ya no es la técnica, la ficción o la realidad, sino aparentemente la mala escritura, pero ya sabemos que mala escritura hay de un lado y del otro.</p>
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		<title>El lector, esa rara especie</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2016/12/el-lector-esa-rara-especie/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 03 Dec 2016 18:11:17 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Medios]]></category>
		<category><![CDATA[Periodismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Cristina Martínez Algunos editores de medios siguen pensando que el hecho comunicacional se produce cuando se emite&#8230;</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Cristina Martínez</strong></p>
<p>Algunos editores de medios siguen pensando que el hecho comunicacional se produce cuando se emite el mensaje y que lo que ocurre una vez emitido el mensaje es un asunto de tercer plano. Existen también los que anticipan, con aires de sabiduría, las reacciones del público. Esa -tristemente- es la mirada lineal de la comunicación. Hay ciertas cosas que a los editores les cuesta comprender, una de ellas es que el lector siempre puede elegir actuar frente a lo que lee del modo que mejor le parezca. Las variantes son muchas y ninguna está bajo control.</p>
<p>Martín Caparrós, periodista argentino, explica que “la información tal como existe consiste en decirle a muchísima gente qué le pasa a muy poca: la que tiene poder”. El modo en que se transmite la información está construido para que no haya lugar a duda sobre aquello que se cuenta. El lector debe asumirlo como una verdad (esa es la sustancia abyecta que está de fondo). En eso radica la clásica estructura del género Noticia: convencer al lector que donde el periodista no opina está presente la objetividad (en este género no se permite opinar, ni recrear, ni usar adjetivos, la información es transmitida respondiendo las preguntas: cuándo, dónde, cómo, quién, cómo y por qué). Una prosa bastante pobre, impersonal. Un corsé.</p>
<p>No se trata de enseñar la receta del agua tibia, pero debo hacer énfasis en que la subjetividad no se expresa exclusivamente a través de la opinión. También se encuentra en los temas que alguien ha decidido trabajar, en la distribución de los contenidos, en el acto de elegir a quién consultar, incluso, en lo que se ignora. Hay un orden en todo medio de comunicación (como en todas las cosas), que ha sido pensado con fines determinados.</p>
<p>En la noticia también se aplica algo que los expertos llaman “pirámide invertida”, que se fundamenta en que se debe escribir de lo más a lo menos importante, ya que se presume que el lector es tan flojo que abandonará la lectura en cuestión de segundos. “Esa rara especie del lector que no lee”, apunta Caparrós.</p>
<p>En los últimos años, lamentablemente, esta idea se ha radicalizado; la prensa 2.0 emite información en cápsulas. Información –a estas alturas- ya no para lectores flojos, sino para lectores tontos.</p>
<p>Se ven casos en que los editores, intentando estandarizar la comunicación, aseguran no poder abordar ciertos temas porque “el público no está preparado para eso”. Periodistas, comunicadores, escribidores y afines escupiendo frases absurdas como: “no se puede decir tal cosa, pues hay que evitar herir al pueblo”.</p>
<p>Han olvidado -o probablemente nunca lo aprendieron- que la comunicación es un modo de convivir (funciona en espiral), y que una vez piensan que lo saben todo sobre ella están matando cualquier posibilidad de comprender al otro.</p>
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		<item>
		<title>Los profanadores</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2016/11/los-profanadores/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 18 Nov 2016 12:54:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Periodismo]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por María Cristina Martínez Me asombran las imprecisiones del periodismo actual. Quiero decir, me asombra el modo en&#8230;</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por María Cristina Martínez</strong></p>
<p>Me asombran las imprecisiones del periodismo actual. Quiero decir, me asombra el modo en que algunos periodistas hablan y escriben sobre ciertos temas de los que no tienen ninguna base. No voy a decir más de lo que he dicho en ocasiones anteriores sobre la falta de fuentes serias, uso de datos, referencias, etcétera. No se trata de impartir una clase mediante un escueto artículo. Hay gente, en este oficio, que hace un trabajo admirable y esa es una razón suficiente para no hablar de los periodistas como si fuesen una legión con pensamiento homogéneo.</p>
<p>En un foro realizado en Caracas, una periodista de un reconocido medio impreso dijo que al papel –como soporte de prensa– le quedaba “más o menos unos cincuenta años” de existencia, porque “el impacto ambiental es muy fuerte” para seguir sosteniendo periódicos y libros en físico. Habló de la tala de arbolitos (así en diminutivo y con un tono sentimental) como motivo principal para migrar definitivamente a las plataformas digitales.</p>
<p>O sea, según su percepción –aunque la expone como la conclusión de largas noches de estudio–, la migración al mundo digital pasa esencialmente por un tema ecológico y no por un nuevo modelo de negocio. Esa, no hay duda, es una manera ingenua de mirar el mundo porque, entre otras cosas, la fabricación de aparatos electrónicos también lleva implícito un agresivo impacto ambiental (ya me imagino a los dueños de la industria cultural con las pupilas insomnes por no poder superar el dilema de matar arbolitos o hacer crecer sus cuentas bancarias).</p>
<p>En el libro Blanco Nocturno, de Ricardo Piglia, un comisario le dice a un periodista: “Ya se que ustedes escriben con el firme propósito de informarse después”. Esa afirmación es un clavo que te atraviesa una mano. Es igual que decirle a un político (es solo un ejemplo) que no pierda su tiempo jactándose de militar en el Pensamiento Crítico. Que nunca el Pensamiento Crítico ha consistido en hablar mal de sus adversarios ni tampoco en insultar y menoscabar cada cosa que le desagrade.</p>
<p>Digo que es igual porque, en teoría, el político –al admitir tal asunto– tendría que abandonar ese discurso pendenciero y ramplón. Olvidarse, al menos parcialmente, de esa recurrida posición de farsante. En cuanto al periodista, deduzco tendría que cambiar su manera de investigar y contar los hechos. Ambas situaciones producen dolor y exigen sacrificio. Pero ya se sabe, hay políticos y periodistas que los une la misma causa: la profanación de su propio templo.</p>
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			</item>
		<item>
		<title>Periodismo de valentía</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2016/11/periodismo-de-valentia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 11 Nov 2016 16:33:30 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónicas]]></category>
		<category><![CDATA[Asesinatos]]></category>
		<category><![CDATA[Caracas]]></category>
		<category><![CDATA[Delincuencia]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Morgue]]></category>
		<category><![CDATA[Periodismo]]></category>
		<category><![CDATA[Venezuela]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Moisés Alejandro Rojas Sufia El periodismo es la profesión que te lleva a enfrentar más retos. Se&#8230;</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Moisés Alejandro Rojas Sufia</strong></p>
<p>El periodismo es la profesión que te lleva a enfrentar más retos. Se debe tener la capacidad de encararlos. Superar miedos hasta encontrar la noticia;  noticia que toda una nación espera diariamente, a través  de noticieros, radio, diarios (tradicionales y digitales) y demás medios de comunicación. El periodista se convierte en un servidor público, en la voz de los más necesitados. Es la persona que tiene la verdad de los acontecimientos, por eso debe preparase para superar cualquier obstáculo.</p>
<p>Tengo veinte años, estudio Comunicación Social, carrera  que me apasiona. A diario salgo a la calle con la más clara convicción: graduarme de periodista. Afortunadamente soy de las pocas personas que encontró su misión de vida.  Entre mis cátedras de estudio me toca asumir un nuevo reto; como asignación soy enviado a cubrir la fuente de sucesos en la Morgue de Bello Monte.</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>Lunes 20 de junio de 2016.  Suena la alarma a las seis de la mañana,  despierto  para  alistarme y realizar la asignación en la morgue<strong>.</strong>  El día amane frío y nublado. Mientras  preparo el desayuno, en la radio se anuncia tráfico fuerte en la ciudad. Ocho de la mañana es la hora prevista para el encuentro con mis  compañeros en el centro comercial El Recreo, ahí  buscaremos el autobús que nos llevará a nuestro destino.</p>
<blockquote><p>&#8220;Un paño blanco que tiene entre sus manos lo lleva a su boca para tapar el dolor&#8221;</p></blockquote>
<p>Como de costumbre voy atrasado. La lluvia hace más lento el tránsito. Insistentemente miro mi reloj, las horas  pasaban rápido;  los minutos se convierten en segundos. Mi celular empieza a vibrar, pero sé que no puedo contestar; estoy  en la calle, puede ser peligroso sacar el teléfono en la vía.  Un delincuente  se encuentra como lobo casando a su presa, me puede ver,  robarme el teléfono y  si le da la gana quitarme la vida.</p>
<p>Impaciente me bajo del bus, y decido llegar caminando al lugar donde mis compañeros de clases estarían esperando. 8:40 de la mañana, todos reunidos abordamos el autobús que nos llevará a la Morgue de Bello Monte.</p>
<p>En el camino, observo como una familia está desconsolada llorando, sé que allí está la noticia y debo averiguar qué ocurrió.  Al llegar, caminamos hacia la parte donde estaban periodistas, fotógrafos y policías. Me  toca asumir un nuevo reto, enfrentar una de las fuentes más difíciles de cubrir;  fuente que algunos profesionales  de la comunicación no se atreven trabajar.</p>
<figure id="attachment_2165" aria-describedby="caption-attachment-2165" style="width: 812px" class="wp-caption alignnone"><img class="size-full wp-image-2165" src="http://52.179.127.84/wp-content/uploads/2016/11/PeriodismoValen.jpg" alt="Fotografía Eilyn Diaz Romero" width="812" height="577" srcset="https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2016/11/PeriodismoValen.jpg 812w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2016/11/PeriodismoValen-300x213.jpg 300w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2016/11/PeriodismoValen-768x546.jpg 768w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2016/11/PeriodismoValen-600x426.jpg 600w" sizes="(max-width: 812px) 100vw, 812px" /><figcaption id="caption-attachment-2165" class="wp-caption-text"><strong>Fotografía Eilyn Diaz Romero</strong></figcaption></figure>
<p>La brisa fría, un silencio extraño, olores putrefactos son parte del ambiente. Como  novato debo cumplir con mi asignación. Me acerco a un grupo de reporteros que se encuentran entrevistando a un familiar afectado.  ”No me graben &#8221; dice la cuñada del occiso.</p>
<p>Así es, los medios audiovisuales apagan sus cámaras y deciden escuchar el testimonio de la mujer. Se le nota nerviosa; con un cigarrillo en la mano, tiembla, y asegura que a su cuñado lo habían matado en un enfrentamiento y en el camino a la morgue destrozaron el cuerpo. La mujer pide respuestas a las autoridades competentes.</p>
<p><strong>Familias desconsoladas</strong></p>
<p>A lo lejos observo  a las personas que venían en el autobús.  Le comento  a una de mis compañeras que debemos dirigirnos a ese lugar porque algo ha ocurrido. Así  lo hicemos. Al llegar sitio, le pedimos a la señora que nos conceda un testimonio para poder cumplir con el cometido.</p>
<p>La mujer con voz baja nos dice “me mataron a mi hijo&#8221;. Las lágrimas cayeron como lluvia en invierno. Veo que se quebranta. Un paño blanco que tiene entre sus manos lo lleva a su boca para tapar el dolor. En ese momento, con lápiz y libreta en mano, me quedo sin palabras. Es la primera vez que ejerzo mi profesión, y entiendo que ser periodista es una labor admirable, de fuerza y valentía. Tener que entrevistar a una madre que ha perdido a su hijo,  es sin duda alguna,  un gran desafío.</p>
<p>&#8220;Él  iba en su moto y le dieron un tiro, luego fue trasladado al Hospital Pérez Carreño y falleció&#8221;, relata la señora, asegurando que su hijo era bueno y no merecía morir. La madre espera que le entreguen el cuerpo de su hijo para poder darle cristiana sepultura.</p>
<p>Hicimos el  trabajo, pero sigo impactado de ver  tantas personas sufriendo por la pérdida de un ser querido. Cierrro mi libreta con la información recaudada, miro a lo lejos a una familia destrozada- vestidos de negro, caras que muestran dolor e injusticia- . Camino lentamente hacia ellos (puedo escuchar mis pasos; tiemblo, sudo frío, pero el instinto periodístico sigue ahí).  Ahora se la razón de tanto sufrimiento. Luego escucho a una compañera decir “ ya nos vamos, tenemos las noticias.&#8221;</p>
<p>Ser periodista va más allá de tener un micrófono en la mano, una libreta o una grabadora, hay que  ser humano; conectar con las personas, cumplir con tu trabajo porque tienes un equipo esperando para que envíes  la noticia. Ser periodista es saber que estas del lado de la verdad, que en ocasiones  entrarás a los lugares más difíciles de acceso, arriesgando tu vida. Ser periodista es trabajar con pasión sin importar hora, ni fecha . Ser periodista es la mejor profesión que he podido elegir.</p>
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		<title>“El reportero que no investiga es como el atleta que no entrena”</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2016/11/el-reportero-que-no-investiga-es-como-el-atleta-que-no-entrena/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 10 Nov 2016 20:31:47 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Colombia]]></category>
		<category><![CDATA[Cuba]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Dylan]]></category>
		<category><![CDATA[Periodismo]]></category>
		<category><![CDATA[Salcedo Ramos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Darío Alejandro Escobar Alberto Salcedo Ramos es, junto a Leila Guerriero, Alejandro Almazán o Martín Caparrós, uno de&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Darío Alejandro Escobar</strong></p>
<p>Alberto Salcedo Ramos es, junto a Leila Guerriero, Alejandro Almazán o Martín Caparrós, uno de los autores más leídos de la crónica latinoamericana en los últimos años por los estudiantes de la Facultad de Comunicación de la Universidad de la Habana. Los mismos estudiantes que, graduados o no, se han lanzado a escribir y a fundar, para intentar ser consecuentes con una poética que intenta escapar al efectismo sensiblero de la crónica dominante en el periodismo cubano actual.</p>
<p>Después de leer a Salcedo Ramos queda la sensación de que cualquiera de estas historias nos pasan por el lado todos los días y no siempre sabemos verlas y aprovecharlas. Incluso, a veces las aprovechamos y nos quedamos en la epidermis del primer ángulo que se presenta. Hay una maestría en contar una historia compleja y lograr que se lea de manera sencilla y quede al alcance de las impresiones humanas más potentes.</p>
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<p>Eso no lo logra todo el mundo, tiene que ser alguien con el talento y oficio de este periodista colombiano que ha sido ganador del Premio Ortega y Gasset de Periodismo por su crónica <em>La travesía de Wikdi</em>, cinco veces del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar y Premio de la Cámara Colombiana del Libro al Mejor Libro de Periodismo del Año por <em>De un hombre obligado a levantarse con el pie derecho y otras crónicas</em>. Con estas credenciales cualquiera pudiera pensar que es una persona inaccesible, pero es todo lo contrario, este maestro de periodistas accedió inmediatamente a contestar las preguntas de El Caimán Barbudo por la vía rápida de este pasillo electrónico que es internet.</p>
<p><strong>-¿Qué lecturas, autores, influyeron en Alberto Salcedo Ramos cuando era niño y adolescente?</strong></p>
<p>En la infancia y en la adolescencia leí poco porque crecí en la casa de un abuelo ganadero e iletrado que no sentía aprecio por los libros. En mi casa sólo había los libros de texto que pedían en el colegio. Empecé a leer literatura durante los años de la escuela secundaria. Quedé enganchado con <em>Hamlet</em> y con <em>Crimen y castigo</em>, pero me aburrió <em>Cien años de soledad</em>, porque me extravié en ese montón de nombres repetidos. Llegué tarde a la lectura, digo, pero desde entonces no he querido ser otra cosa que lector. Escribir es la literatura convertida en un oficio que suele ser tortuoso. Leer, en cambio, es algo más libre y placentero. Incluso te digo algo: lo que disfruto no es escribir sino leer, tiempo después, lo que escribí, y hacerlo como si lo hubiera escrito otro”.</p>
<p><strong>-¿Qué importancia usted le concede a haber nacido en una ciudad caribeña como es Barranquilla?</strong></p>
<p>El Caribe determinó, en parte, mi relación con las palabras. He dicho que además de vigilar su precisión, me preocupo por juntarlas con una cierta armonía. Si expresan la idea con exactitud pero no tienen consonancia entre sí, están mal puestas. En el Caribe necesitamos que lo que decimos, de manera oral o por escrito, suene bien. El Caribe también me impone sus atmósferas, sus colores, su ruidaje, sus tambores, sus maracas, sus mitos. En el Caribe el mar no es, simplemente, paisaje, sino una especie de líquido amniótico que no abandonamos jamás, así vivamos lejos, en una ciudad sin océano y sin costa. En el Caribe la palabra se paladea, se regodea en sí misma. Luego están los temas: somos más de Tánatos que de Eros, pero eso no quiere decir que no seamos propensos a la melancolía.</p>
<p><strong>-¿Cuán importante es para usted la investigación, el reporterismo,</strong> <strong>en una crónica?</strong></p>
<p>A mí no me interesa un periodismo narrativo flojo en su investigación, así esté escrito con gran calidad estilística. Quiero un balance entre la forma y el fondo. Yo he dicho que el reportero que no investiga es como el atleta que no entrena: luce mal. Los datos deben ser completos, oportunos, veraces, contrastados y, sobre todo, reveladores.</p>
<p><strong>-¿Ha leído periodismo narrativo cubano?</strong> <strong>¿Conoce Cuba?</strong></p>
<p>Bueno, el periodismo narrativo no nació ayer. En Cuba ha habido cultores notables, que van desde Martí hasta Carlos Manuel Álvarez, pasando por Leonardo Padura. Recientemente he descubierto a una muchacha que me parece portentosa, Mónica Baró. No conozco la tradición de ustedes tanto como quisiera, pero me he maravillado con varios de los narradores que he conocido. Por</p>
<figure id="attachment_2094" aria-describedby="caption-attachment-2094" style="width: 300px" class="wp-caption alignright"><img class="wp-image-2094 size-medium" src="http://52.179.127.84/wp-content/uploads/2016/11/CARLOS-MANUEL-300x215.jpg" alt="Carlos M. Álvarez, periodista cubano" width="300" height="215" srcset="https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2016/11/CARLOS-MANUEL-300x215.jpg 300w, https://www.seisgradosblog.com/wp-content/uploads/2016/11/CARLOS-MANUEL.jpg 580w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /><figcaption id="caption-attachment-2094" class="wp-caption-text">Carlos M. Álvarez, periodista cubano</figcaption></figure>
<p>otra parte, sí he ido a Cuba, y volveré en enero de 2017. Estoy escribiendo una crónica cubana pero prefiero no hablar de eso sino esperar a que salga. Casi no me gusta revelar en qué ando trabajando”.</p>
<p><strong>-¿Qué impresión le causa que lo llamen en algunos círculos el sucesor de Gabriel García Márquez?</strong></p>
<p>Creo que es simplemente una exageración y un elogio facilista y sin sentido. Sinceramente, no me gusta. Considero que Gabo es el brujo mayor de las letras hispanoamericanas, junto con Borges. Jamás incurriría en la ridiculez de compararme con semejante genio.</p>
<p><strong>-Alguna vez usted ha dicho algo así como que quería, o haría falta, escribir crónicas desde el poder, desde los pasillos del poder. ¿Ya está trabajando en alguna?</strong></p>
<p>El periodismo permite ejercer una veeduría sobre los poderes públicos y sobre los gobernantes, en general. Yo he dicho que la crónica no puede ser eternamente un género para contar historias periféricas sobre seres excluidos. Hay que atreverse a meter la lupa bajo las alfombras de quienes rigen nuestros destinos. De nuevo te digo que prefiero no hablar mucho de los temas en que ando trabajando”.</p>
<p><strong>-¿Cómo valora el otorgamiento del Nobel a Svletana Alexievich? ¿Y a Bob Dylan?</strong></p>
<p>Creo que la Academia Sueca ha querido enviar en los últimos dos años el mensaje de que la literatura no es patrimonio exclusivo de los autores de ficción. El Premio Nobel casi siempre desata polémicas. La gente suele fijarse más en las injusticias de la Academia Sueca que en sus aciertos. Por ejemplo, hay mucha gente rabiosa porque le dieron el premio a Dylan y no a Borges. A mí también me parece injusto que no se lo hayan dado a Borges, pero no me molesta en absoluto que se lo hayan otorgado a Dylan. Ahora bien: es cierto que las letras de Dylan, al ser fijadas en un papel, al quedar huérfanas de su voz gangosa y de su fondo musical, no parecen tan sólidas. Pero aun así creo que Bob Dylan es un cantor lúcido y profundo que ha dejado una huella en nuestra época. En todo caso, quizá lo mejor que se ha dicho sobre este tema sea lo que dijo un fulano desconocido en Twitter: Dylan debería aceptar el honor del premio y luego donar el dinero correspondiente a las víctimas de la música de Ricardo Arjona.</p>
<p><strong>Contenido original de <a href="http://www.caimanbarbudo.cu/">El Caimán Barbudo</a></strong></p>
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		<title>Adormecidos</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2016/11/adormecidos/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 10 Nov 2016 13:35:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Periodismo]]></category>
		<category><![CDATA[Venezuela]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Marian Martínez Perdomo Uno estudia para ser periodista. Desde que uno está en la universidad siente el&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Marian Martínez Perdomo</strong></p>
<p>Uno estudia para ser periodista. Desde que uno está en la universidad siente el vértigo ante una nueva historia. Cada vez que en el aula uno escucha sobre la vida de grandes autores y, luego, en la soledad lee un reportaje o una crónica de esas que dejan marca, uno se siente lleno de vigor, de ganas de comerse el mundo. Así como cuando niños se acercaba la hora de ir a jugar, después de hacer los deberes, y uno apelaba a toda su energía para hacer de esos momentos los mejores. Eran minutos de encuentro con lo nuevo, de descubrimientos. Y eso ocurre cuando uno va a ejercer el oficio y le toca mirar, escuchar y sentir para luego narrar. <span id="more-959"></span></p>
<p>Uno va con una idea, una línea que marca la pauta y regresa- por fortuna-  lleno de voces, de sentires, de olores, de testimonios. Toca luego analizar lo recopilado; sopesarlo, contrastarlo, imprimirle un poco de nuestra voz y construir con ello las historias. Pero luego se encuentra uno con la rutina y la inmediatez. Dos grandes enemigos que terminan por mecanizar la mente del periodista. Entonces se apagan la luces en la sala, el sonido de los dedos en el teclado se ralentiza y, poco a poco, se diluye el periodista para dar paso al transcriptor- reproductor de declaraciones.</p>
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<p>Así el sistema – custodiado por indecentes jefes, indecentes editores- apunta al adormecimiento de unos profesionales cuya consigna debería ser valentía, pasión y “ojos frescos y bien abiertos”. Al ser repetidores de lo que dicen los poderosos, poco se quiere ir a la calle a preguntar, a escuchar, a acercarse al otro. Y las alarmas se encienden cuando uno se da cuenta que esa fibra, esa guía que nos mantenía alerta, curiosos, se está extinguiendo. Cuando el estado inerme en el que nos encontramos no nos permite arriesgar el pellejo por algo, aunque sea una causa mínima, porque primero hay que garantizar “estabilidad”.</p>
<p>Esa misma “estabilidad” que va matando el olfato periodístico, que nos lleva a las mazmorras de las oficinas. Entonces sales un día y te das cuenta que hay que tomar decisiones porque, como dijo Soledad Gallego-Díaz, “el periodismo ha servido a la democracia y a la sociedad y sigue siendo vital para su sostenimiento. Sobre todo en estas épocas de incertidumbre”.</p>
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