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	<title>Poesía &#8211; Seis Grados &#8211; Experiencias que nos conectan</title>
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	<title>Poesía &#8211; Seis Grados &#8211; Experiencias que nos conectan</title>
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		<title>En solitario con Rafael Cadenas</title>
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		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 22 Oct 2018 22:20:02 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Barquisimeto]]></category>
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		<category><![CDATA[premio Reina Sofía]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Blanca Hurtado Nederr * Tuve un encuentro con Rafael Cadenas, aunque él todavía no lo sabe. Fue&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Blanca Hurtado Nederr</strong></p>
<p>*</p>
<p>Tuve un encuentro con Rafael Cadenas, aunque él todavía no lo sabe. Fue el domingo 21 de febrero de 2016 en el Centro Cultural Chacao, Caracas.  Intelectuales, escritores, poetas y periodistas acudieron ese día al foro <em>Periodismo y Literatura: Lecciones de Gabriel García Márquez</em>. Como todos, Cadenas también estaba ahí: esperando para ingresar al Teatro Chacao.</p>
<p>Lo vi varias veces sin que lo notara. El poeta caminaba cabizbajo, como queriendo pasar desapercibido. Llevaba un saco marrón entreabierto; su apariencia no denotaba formalidad. Mantuvo pocas conversaciones, todas breves. Mientras, las afueras del Teatro Chacao estaban a punto de reventar.</p>
<p>Aquella primera y única impresión de Cadenas fue la de un hombre austero, cargado de mucha simplicidad; un venezolano que ha logrado cultivar, a través de la palabra, la desolación y, al mismo tiempo, la belleza. <em>Derrota</em> es su poema más célebre, ampliamente conocido en España y América Latina. <em>Intemperie, Falsas Maniobras, Memorial, Amante, Dichos, Gestiones y Contestaciones</em>, entre muchos otros, forman parte de obra poética.</p>
<p>**</p>
<p>Ensayista y profesor universitario reúne una vasta obra. Su pluma lo ha hecho merecedor de galardones nacionales e internacionales como el Premio Nacional de Literatura (1985); la Beca Guggenheim (1986); el Premio Internacional de Poesía Juan Antonio Pérez Bonalde, 1992; el Premio de Literatura en Lenguas Romances (2009); Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca (2015) el Premio Andrés Bello de la Academia Venezolana de la Lengua (2015); y el Premio de Literatura de la Feria del Libro de Caracas (2017). Este martes 23 de octubre lo espera un nuevo reconocimiento: el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, que por primera vez recibe un venezolano. Así, Cadenas se convertirá en el sucesor de la poeta nicaragüense Claribel Alegría, ganadora de la edición anterior.</p>
<p>Rafael Cadenas es hoy una de las voces poéticas más coherentes y sólidas de Hispanoamérica. El maestro ha traducido, además, -por afinidad con ellos- a escritores como David Herbert Lawrence y Walt Whitman, entre otros.</p>
<p>Nació en Barquisimeto, estado Lara, el 8 de abril de 1930. Siendo un adolescente publicó <em>Cantos Iniciales</em>, su primer poemario. Actualmente, tiene 88 años de edad y es considerado uno de los poetas más influyentes de los años sesenta en Venezuela. Militó en el Partido Comunista de Venezuela; permaneció en el  exilio por poco tiempo durante parte del gobierno de Marcos Pérez Jiménez. Su vida de exiliado transcurrió en Trinidad y al regresar a Caracas escribió Una Isla (1958), tiempo en el que se sumó al grupo de debate político y literario Tabla Redonda.</p>
<p>*</p>
<p>Entre las 526 butacas de las que dispone el Teatro Chacao, Cadenas escogió una. No recuerdo verlo acompañado, pero si callado, sigiloso.</p>
<p>Todo estaba listo para comenzar la charla. Los periodistas colombianos María Jimena Duzán, Alberto Salcedo Ramos y Jaime Abello Banfi se encontraban en el escenario. El homenajeado era el gran Gabriel García Márquez y ellos, los tres cronistas, pasaron casi una hora contando anécdotas y destacando el compromiso del Gabo con el quehacer periodístico.</p>
<p>Andrés Boersner, para entonces presidente de la Fundación para la Cultura Urbana, fue el encargado de presentar el libro Gabo Periodista, editado por esta fundación y la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano. En sus palabras también aprovechó para rendir tributo a Cadenas, quien estaba sentado -como si fuera invisible- en alguna de las 526 butacas del conocido teatro caraqueño.</p>
<p>El maestro Cadenas recibió aplausos, así como los que minutos más tarde volvían para Gabriel García Márquez. En honor al más universal de los colombianos se bautizaba Gabo Periodista. Y así, con el volar de los pétalos amarillos sobre varios de estos tomos, lo perdí de vista.</p>
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		<title>La fiesta</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2018/08/la-fiesta/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[wmseisgrados]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 12 Aug 2018 18:29:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Collage]]></category>
		<category><![CDATA[Amor]]></category>
		<category><![CDATA[Erotismo]]></category>
		<category><![CDATA[Marian Martínez Perdomo]]></category>
		<category><![CDATA[Parejas]]></category>
		<category><![CDATA[Pasión]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Marian Martínez Perdomo Aquella noche todo era música, baile, alcohol y, en mi cabeza, poesía. Tú estabas&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Marian Martínez Perdomo</strong></p>
<p>Aquella noche todo era música, baile, alcohol y, en mi cabeza, poesía. Tú estabas allí, sentado desde un ángulo en el que observabas cómo el vestido se ajustaba a mi cintura. No te conocía, pero tus ojos me decían que querías ser un súper hombre para mirar cada centímetro de la piel que mi ropa cubría. Cuando ambos nos miramos no hubo chispa. Solo sonreí.</p>
<p>Después de varios minutos, te acercaste y con un gesto me invitaste a entrar juntos en una espiral de adrenalina. No hablamos. Bailamos. Una y otra vez. Todos los ritmos. Toda la noche. De pronto, ocurrió el cortocircuito. El sudor fue el combustible y nuestro primer beso la chispa. Todo se movió dentro de mí cuanto tu lengua invadió mi boca. La primera vez fue accidental, la segunda tímida, la tercera, la cuarta y la quinta fueron voraces. Ya no había pista, ni baile, ni personas. Solo nosotros, solo nuestras lenguas y una infinita sed.</p>
<p>Un calor asfixiante colmó el salón. El fuego se extendía por cada uno de mis poros y me obligaba a volver a ti en busca de más. Cada tanto, tomaba uno de tus labios entre mis dientes y les daba un ligero mordisco para incitarte a ir más allá. Antes de que el sol se posará sobre la ciudad, un mar de lava nos expulsó del salón directo a aquella cama a la que volvimos un sinnúmero de ocasiones. En ella más de una vez recordamos que estábamos vivos, que a pesar de la distancia no podían separarnos. En esa cama, una y otra vez, comprobamos que hay incendios que no pueden extinguirse.</p>
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		<title>Terminales</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2018/05/terminales/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 01 May 2018 16:17:20 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Collage]]></category>
		<category><![CDATA[Despedida]]></category>
		<category><![CDATA[Existencialismo]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía]]></category>
		<category><![CDATA[Soledad]]></category>
		<category><![CDATA[Vida]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Jennifer Rolong Ibañez Aquí estoy, nuevamente sentado en las frías sillas de la terminal de buses. En&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Jennifer Rolong Ibañez</strong></p>
<p>Aquí estoy, nuevamente sentado en las frías sillas de la terminal de buses. En otra ciudad, pero la imagen siempre es la misma, siempre estática. Cambian, tal vez, algunos rostros, algunas voces, quizás algunos sonidos, pero la sensación es igual, siempre marchándome, con la cobardía que me acompaña, siempre evitando quedarme donde hubiera podido ser feliz.</p>
<p>He recorrido pueblos, ciudades, y lugares que ni siquiera aparecen en un mapa, huyendo de las sonrisas, de las alegrías, del amor, de la vida.</p>
<p>Hoy, en medio de la soledad, del frío absurdo de la noche, entendí que mi vida se fue. Se ha ido entre terminales.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Pañuelos del amor</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2018/04/panuelos-del-amor/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[wmseisgrados]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 13 Apr 2018 16:17:25 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Collage]]></category>
		<category><![CDATA[Amor]]></category>
		<category><![CDATA[Argentina]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Plaza de Mayo]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Pablo Falbi &#160; No hay olvido cuando la herida lastima un pueblo y la sangre se convierte&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Pablo Falbi</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No hay olvido cuando la herida lastima un pueblo</p>
<p>y la sangre se convierte en agua corriente,</p>
<p>agua que no deja de correr y está latente</p>
<p>en el recuerdo de aquellos que hoy son viento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un viento que sopla fuerte</p>
<p>y se hacer carne en esos pañuelos valientes,</p>
<p>blancos de justicia y lucha eterna,</p>
<p>sobrevivientes que avivan la llama</p>
<p>de la verdad y memoria de esos cuerpos ausentes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pañuelos que vuelan con amor como palomas</p>
<p>en busca de un nido robado por genocidas.</p>
<p>Son Hijos, Madres, Abuelas,</p>
<p>son corazones, almas, y lágrimas</p>
<p>que aún llenan un río de dolor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es justicia que entra en el inconsciente colectivo</p>
<p>y nos hace parte de una lucha que es propia,</p>
<p>que es carne y es nuestro motivo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El dolor es nuestro y el recuerdo también</p>
<p>Y no olvidar fortalece el lamento</p>
<p>de aquellos que ya no están.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ese viento que no deja de soplar</p>
<p>cada vez más fuerte, es motivo</p>
<p>de no olvidar ni perdonar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La plaza del Amor que supo ser del horror</p>
<p>hoy es de los pañuelos</p>
<p>que secan las lágrimas de una Nación.</p>
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			</item>
		<item>
		<title>Discurso de Paul Auster en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2017/12/discurso-paul-auster-la-feria-internacional-del-libro-guadalajara/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 01 Dec 2017 18:43:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Collage]]></category>
		<category><![CDATA[Auster]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Poe]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Los huesos de Poe Charla sobre los viajes de la poesía y su regreso final Paul Auster Traducción&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<div></div>
<h4 id="los-huesos-de-poe">Los huesos de Poe</h4>
<h5 id="charla-sobre-los-viajes-de-la-poesia-y-su-regreso-final">Charla sobre los viajes de la poesía y su regreso final</h5>
<h6 id="paul-auster">Paul Auster</h6>
<h6 id="traduccion-de-benito-gomez-ibanez">Traducción de Benito Gómez Ibáñez</h6>
<p>Siempre que pienso en <b>Edgar Allan Poe</b>, la primera imagen que me viene a la cabeza es la de la ceremonia inaugural de su tumba en Baltimore en 1875. <b>Poe</b> había muerto en 1849, veintiséis años antes, y como todo el mundo sabe, las circunstancias de su muerte fueron bastante horribles y misteriosas: los últimos y tristes años de su vida, que incluyeron el fallecimiento de su mujer, la finalización de su obra maestra, <b><i>Eureka</i></b>, más la desesperada y patética búsqueda de una nueva esposa —numerosas proposiciones a mujeres a todo lo largo de la Costa Este, todas ellas rechazadas— y luego un viaje a Richmond, en Virginia, el lugar donde había pasado la juventud, para dar una conferencia que fue bien acogida y que le sirvió de estímulo para empezar a pensar en instalarse en su ciudad natal, y por último, la extraña e inexplicable borrachera en Baltimore, donde murió en el arroyo a los cuarenta años. Todos esos hechos son bien conocidos, pero no tanto lo que ocurrió después. La tumba en la que enterraron a <b>Poe</b> permaneció sin nombre durante varios años. Finalmente, uno de sus primos, <b>Neilson Poe</b>, consiguió dinero para encargar una lápida; pero entonces, en uno de esos giros que el propio <b>Poe</b> podría haber imaginado, la lápida casi terminada quedó hecha añicos cuando un tren descarriló y cayó en el taller del marmolista que llevaba a cabo el trabajo.</p>
<p><b>Neilson</b> no podía pagar otra lápida, de modo que el pobre <b>Poe</b> languideció en su anónima fosa durante dos décadas más. A medio camino de ese purgatorio, un grupo de maestros de Baltimore empezó a recaudar dinero para una segunda lápida, y al cabo de diez largos años la losa quedó finalmente acabada. Para celebrar el acontecimiento —después de exhumar y volver a enterrar los restos de <b>Poe</b>—, se ofició una ceremonia en el instituto Western Female de Baltimore. Se invitó a los principales poetas norteamericanos de la época pero, uno por uno, todos acabaron declinando la invitación: <b>Longfellow</b>, <b>Holmes</b>, <b>Whittier</b> y otros cuyos nombres ya han pasado al olvido. Al final, sólo un poeta se dignó honrar con su presencia al instituto Western Female, el más grande de los poetas norteamericanos, según resultó, un hombre cuya reputación tal vez no fuera menos «peligrosa» que la de <b>Poe</b>: <b>Walt Whitman</b>, de Nueva Jersey.</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>Cinco años después, en 1880, <b>Whitman</b> escribió una breve reseña sobre <b>Poe</b> para un libro que finalmente se publicó con el título de <b><i>Specimen Days</i></b>. El capítulo, titulado «Importancia de <b>Edgar</b> <b>Poe</b>», incluye un fragmento de un artículo publicado en <b><i>The Washington Star</i></b> sobre la asistencia de <b>Whitman</b> a la ceremonia en memoria de <b>Poe</b> en noviembre de 1875: «Estando de visita en Washington por entonces, “el viejo canoso” se acercó a Baltimore, y aunque enfermo de parálisis, consintió en subir renqueando al estrado y sentarse en silencio, si bien se negó a pronunciar discurso alguno, alegando lo siguiente: “He sentido un fuerte impulso de acercarme para estar hoy aquí en memoria de <b>Poe</b>, y lo he obedecido, pero no he sentido el mínimo impulso de pronunciar un discurso que, mis queridos amigos, también debe ser obedecido”. En un círculo informal, sin embargo, durante una conversación después de la ceremonia, <b>Whitman</b> dijo: “Durante mucho tiempo, y hasta épocas recientes, he sentido desagrado por los escritos de <b>Poe</b>. Para la poesía, yo quería, y sigo queriendo, el brillo de un sol límpido, el soplo de aire fresco —la energía y la fuerza de la salud, no del delirio, ni siquiera entre las pasiones más tempestuosas—, siempre con el trasfondo de la moral eterna. Sin cumplir tales requisitos, el genio de <b>Poe</b> ha conquistado sin embargo un reconocimiento especial, y yo he llegado a admitirlo plenamente a mi vez, y a apreciarlo, a él también”».</p>
<p>Si <b>Whitman</b> fue el único poeta importante que asistió personalmente a la ceremonia, hubo otro que estuvo allí en espíritu —o al menos así es como lo recordaría años más tarde—, lo que viene a ser igual de importante, en mi opinión, si no más. Me refiero a <b>Stéphane Mallarmé</b> y a su exquisito poema, «La tumba de <b>Edgar</b> <b>Poe</b>». En realidad, el poema fue un encargo posterior a la ceremonia de Baltimore para un volumen conmemorativo de <b>Poe</b>, realizado por una tal <b>Sarah</b> <b>Whitman</b>, sin relación con <b>Walt</b>, sino más bien una de las novias de <b>Poe</b> de los últimos meses de su vida, que durante muchos años trabajó con diligencia para mantener viva la fama del poeta.</p>
<p>El poema de <b>Mallarmé</b>, que tradujo la propia señora <b>Whitman</b>, resultó ser la única contribución extranjera al volumen, y encuentro sumamente interesante que el colaborador hubiese sido <b>Mallarmé</b>, sin duda el poeta francés más importante de la época, y el único —junto con <b>Whitman</b>— que continúa ejerciendo cierta influencia en los poetas de hoy día.</p>
<h3 id="la-tumba-de-edgar-poe"><i>La tumba de <b>Edgar</b> <b>Poe</b></i></h3>
<p><i>Tal como al fin el tiempo lo transforma en sí mismo,<br />
el poeta despierta con su desnuda espada<br />
a su edad que no supo descubrir, espantada,<br />
que la muerte inundaba su extraña voz de abismo.</i></p>
<p>Vio la hidra del vulgo, con un vil paroxismo,<br />
que en él la antigua lengua nació purificada,<br />
creyendo que él bebía esa magia encantada<br />
en la onda vergonzosa de un oscuro exorcismo.</p>
<p>Si, hostiles a las nubes y al suelo que lo roe,<br />
bajorrelieve suyo no esculpe nuestra mente<br />
para adornar la tumba deslumbrante de <b>Poe</b>,</p>
<div><i>que, como bloque intacto de un cataclismo oscuro,<br />
este granito al menos detenga eternamente<br />
los negros vuelos que alce el Blasfemo futuro. </i>(Traducción de Mauricio Bacarisse)Pero ese poema no fue la única relación de <b>Mallarmé</b> con <b>Poe</b>. A partir de 1862, cuando sólo tenía veinte años, <b>Mallarmé</b> había empezado a traducir al francés los poemas de <b>Poe</b>; proyecto en el que seguiría trabajando hasta 1888. En 1883 se publicó por primera vez en francés «<i>La tumba de <b>Edgar</b> <b>Poe</b></i>» —como parte de un ensayo de <b>Verlaine</b> sobre <b>Mallarmé</b>— y fue entonces cuando <b>Mallarmé confundió</b> los hechos y escribió a <b>Verlaine</b> que el poema se había leído en la ceremonia de Baltimore en 1875. <b>Mallarmé</b>, hombre de lo más escrupuloso y honrado, no habría cometido tal error a propósito. La única explicación es que verdaderamente creía que así había sido; lo que sirve para poner de relieve la profundidad de su apego inconsciente a <b>Poe</b>.</p>
<p>Antes de <b>Mallarmé</b>, por supuesto, estaba <b>Baudelaire</b>, el gran poeta de la generación precedente, y más que ningún otro él fue el responsable de establecer la enorme fama de <b>Poe</b> en Francia, que continúa hasta nuestros días. Su primer ensayo (muy largo) sobre la vida y obra de <b>Poe</b> apareció en fecha tan temprana como 1852, y como la mayoría de ustedes probablemente sabrá, se encargó de la considerable tarea de traducir al francés todos los relatos de <b>Poe</b>.</p>
<p>La atracción de <b>Baudelaire</b> por <b>Poe</b> era algo más que una simple admiración literaria: <b>Poe</b> constituía para él una figura enteramente heroica, el más puro ejemplo de escritor contemporáneo, el escritor como paria, el genio enfrentado a las restricciones de su propia sociedad. Del ensayo de 1852:</p>
<p>«La vida de <b>Edgar</b> <b>Poe</b> fue una tragedia lamentable… Los diversos documentos que acabo de leer me inducen a pensar que para <b>Poe</b> Estados Unidos era una espaciosa jaula, un gran empresa de contabilidad, y que durante toda su vida hizo denodados esfuerzos para escapar de la influencia de esa atmósfera hostil.»</p>
<p>Opiniones como esa condujeron en Estados Unidos a la creciente sensación de que <b>Poe</b> no era realmente un escritor norteamericano, sino un autor francés que escribía en inglés. Al fin y al cabo, la mayor parte de sus célebres cuentos se desarrollaba en un entorno europeo, y sus famosos relatos detectivescos, «Los crímenes de la calle Morgue», «La carta robada», ocurren en París y su protagonista es francés, <b>Auguste Dupin</b>. En cierto modo <b>Poe</b> no encajaba en los esquemas concebidos por los historiadores de la literatura sobre los comienzos de la literatura norteamericana. Carecía de relación con el pasado del Nuevo Mundo legendario, tal como la tenía <b>Washington Irving</b>, por ejemplo (el Holandés de Nueva York), ni con el pasado colonial, tal como la tenía <b>Nathaniel Hawthorne</b> (los puritanos de Nueva Inglaterra); y por encima y por debajo de todo, simplemente no era lo bastante optimista para satisfacer los gustos norteamericanos. En 1925, sin embargo, apenas cincuenta años después de la ceremonia de Baltimore, <b>William Carlos Williams</b> — otro autor de Nueva Jersey, y quizá el poeta más conscientemente «norteamericano» desde <b>Whitman</b>— decía lo siguiente sobre <b>Poe</b> en su libro <i>En la raíz de América</i>:</p>
<p>«<b>Poe</b> no fue un “fallo de la naturaleza”, “un descubrimiento a ojos de los franceses”, maduro pero inexplicable, como hemos tratado de calificarlo en nuestro atolondramiento, sino un genio íntimamente conformado por su tiempo y su ámbito. Por guardar las apariencias le hemos dado fama de loco a un escritor a cuyo rigor clásico no hemos sabido escapar de otro modo…</p>
<p>»Es el Nuevo Mundo, o para sustituir ese término por otro mejor, es una <i>nueva localidad</i> lo que se afirma en <b>Poe</b>; es Norteamérica, el primer gran estallido de expresión del genio del lugar en su nuevo despertar.</p>
<p>»Por primera vez en Norteamérica, <b>Poe</b> concita la sensación de que la literatura es <i>seria</i>, que no es cuestión de cortesía sino de verdad.»</p>
</div>
<div></div>
<div></div>
<div class="separator"><a href="https://4.bp.blogspot.com/-4v25ZIHjBCA/WhxiRM7rQwI/AAAAAAAANFQ/Z6OzpGCRXGkuMWhMtjgk5EEg-doxtf2XwCLcBGAs/s1600/Paul-Auster-Edu-Bayer-Seix-Barral-2.jpg"><img src="https://4.bp.blogspot.com/-4v25ZIHjBCA/WhxiRM7rQwI/AAAAAAAANFQ/Z6OzpGCRXGkuMWhMtjgk5EEg-doxtf2XwCLcBGAs/s1600/Paul-Auster-Edu-Bayer-Seix-Barral-2.jpg" border="0" data-original-height="700" data-original-width="700" /></a></div>
<div></div>
<div>
<blockquote class="tr_bq"><p>Cuando un poeta busca inspiración en un creador de otro país, es porque busca algo que de inmediato no encuentra disponible en su propia lengua o literatura, porque pretende liberarse de los confines de su propia cultura; pero siempre, en definitiva, para hacerlo suyo, para llevarlo de vuelta a su propio lugar</p></blockquote>
<p><b>Williams</b> continúa hablando largo y tendido sobre la crítica literaria de <b>Poe</b>, las recensiones y artículos que el esforzado autor escribió a lo largo de su breve existencia en relación con los libros norteamericanos recién publicados —un ataque tras otro contra la mediocridad que encontraba por todas partes—, su lucha por definir lo que sería una inconfundible literatura norteamericana, independiente de los modelos ingleses y europeos. En ese sentido —y tal vez en ese único sentido— se parece a <b>Whitman</b>: un escritor norteamericano que trata de encontrar una base sólida para afrontar la escritura desde un enfoque puramente norteamericano.</p>
<p>«Por tanto, <b>Poe</b> debe sufrir en razón de su originalidad —prosigue <b>Williams</b>—. Crea algo que sea nuevo, aunque esté hecho con pino de tu propio jardín, y nadie sabrá lo que has hecho. Y eso porque no tiene <i>nombre</i>. Ésa es la causa de la falta de reconocimiento de <b>Poe</b>. Era americano. El asombroso, inconcebible fruto de su localidad. Lo miraban boquiabiertos, y él, a ellos, atónito. Después con odio mutuo: él con repugnancia, ellos con recelo. Sólo lo que tienes delante de las narices parece inexplicable.</p>
<p>»Ahí emerge <b>Poe</b>: en modo alguno el escritor estrafalario, aislado, la curiosa figura literaria. Por el contrario, en él está anclada la literatura norteamericana, sólo en él, en tierra firme.»</p>
<p>Para entonces ya estamos en el siglo xx, y es interesante observar que los tres contemporáneos de <b>Williams</b> más distinguidos —<b>Eliot</b>, <b>Pound</b> y <b>Stevens</b>— se dirigieron a los franceses en busca de inspiración. Aproximadamente al mismo tiempo que <b>Paul Valéry</b>, discípulo de <b>Mallarmé</b>, basaba su teoría de la poesía en una interpretación del «principio poético» de <b>Poe</b> (un ensayo que con toda probabilidad se escribió para gastar una broma), <b>Eliot</b>, <b>Pound</b> y <b>Stevens</b> se encontraban inmersos en la poesía de <b>Baudelaire</b>, <b>Rimbaud</b>, <b>Mallarmé</b>, <b>Laforgue</b> y otros poetas franceses de las postrimerías del siglo xix. Y en ese mismo momento tenemos a otro importante poeta francés, <b>Valéry Larbaud</b>, en quien <b>Whitman</b> ejerció una influencia tan abrumadora que no sólo tradujo <i>Hojas de hierba</i> sino que acabó esforzándose por crear poesía en francés que se correspondiera directamente con el tono expansivo y las florituras lingüísticas que se encuentran en la obra del poeta americano. En otras palabras, en cada país los poetas buscaban nuevas ideas al otro lado del mar. <b>Eliot</b>: «La clase de poesía que necesitaba, para aprender a usar mi propia voz, no existía para nada en Inglaterra, y sólo se encontraba en Francia». Pound: «Prácticamente todo el desarrollo del arte de versificar inglés se ha logrado mediante apropiaciones del francés». Stevens: «Francés e inglés constituyen una sola lengua».</p>
<p>Cuando un poeta busca inspiración en un creador de otro país, es porque busca algo que de inmediato no encuentra disponible en su propia lengua o literatura, porque pretende liberarse de los confines de su propia cultura; pero siempre, en definitiva, para hacerlo suyo, para llevarlo de vuelta a su propio lugar. La imitación servil no puede producir nada de interés, pero todo artista original siempre ha de estar alerta a lo que hacen otros artistas (nadie puede trabajar en el vacío), puesto que lo importante es utilizar la propia inspiración en otra obra <i>para los propios fines</i>; lo que significa que, en primer lugar, ha de tenerse una finalidad. La relación <b>Whitman</b>&#8211;<b>Larbaud</b> es ilustrativa. <b>Larbaud</b> escribió que quería inventar un poeta —él mismo— «que fuera sensible a la diversidad de razas, pueblos y países; que encontrara lo exótico en todas partes; que fuese ingenioso e internacional; que, en una palabra, fuera capaz de escribir como <b>Whitman</b> pero con una vena ligera, además de aportar esa nota de irresponsabilidad cómica y gozosa que falta en <b>Whitman</b>». <b>Larbaud</b> esperaba inspiración de <b>Whitman</b>, sí, pero también rechazaba aquellos aspectos de su obra que no le parecían relevantes: y el resultado fue totalmente original, completamente francés, íntegramente <b>Labrad</b>.</p>
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<div class="separator"><a href="https://4.bp.blogspot.com/-E6JCGSobyl0/WhxiU1ZER3I/AAAAAAAANFU/-Ok5Iu776WQ15h2ccuY3k3b7ONZexWNqwCLcBGAs/s1600/Paul-Auster-Edu-Bayer-Seix-Barral-3.jpg"><img src="https://4.bp.blogspot.com/-E6JCGSobyl0/WhxiU1ZER3I/AAAAAAAANFU/-Ok5Iu776WQ15h2ccuY3k3b7ONZexWNqwCLcBGAs/s1600/Paul-Auster-Edu-Bayer-Seix-Barral-3.jpg" border="0" data-original-height="524" data-original-width="700" /></a></div>
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<blockquote class="tr_bq"><p><b>Apollinaire</b> fue el primer poeta verdaderamente moderno en Francia, el primero en asumir las maravillas y contradicciones del siglo xx, en sentirse perfectamente a gusto en un mundo de automóviles, aeroplanos y ciudades colosales</p></blockquote>
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<p>Si la fibra y el espíritu de muchos de los mejores poetas franceses de principios del siglo xx —<b>Larbaud</b>, <b>Apollinaire</b>, <b>Cendrars</b>— pueden considerarse como una respuesta transatlántica a <b>Whitman</b>, igualmente cierto es que esos mismos poetas tienen mucho que ver con la fibra y el espíritu que se desarrollaron en ciertas vetas de la poesía norteamericana en la década de 1950, en especial en la obra de los poetas que componían lo que se conoce como escuela neoyorquina, <b>John Ashbery</b> y <b>Frank O’Hara</b> —ambos francófilos—entre ellos…</p>
<p>Pienso a veces que el alma de <b>Guillaume Apollinaire</b> cruzó volando el océano al morir en 1918, y después de pasarse siete años en busca de alguien en quien renacer, finalmente se decidió a habitar la mente y el cuerpo de <b>Frank O’Hara</b>. Los paralelismos entre ambos poetas son extraordinarios, incluso asombrosos. No sólo por la exuberancia que se encuentra en su obra, su armonía con la época en que vivieron, su sensibilidad urbana, la libertad estilística de sus creaciones poéticas, sino también porque ambos vivieron y escribieron entre pintores, los pintores radicales de su tiempo (<b>Apollinaire</b>, los cubistas; <b>O’Hara</b>, los expresionistas abstractos), y porque los dos murieron tan horrible, tan tremendamente jóvenes —Apollinaire a los treinta y ocho, <b>O’Hara</b> a los cuarenta—, como si almas como esas simplemente se consumieran por arder con demasiado brillo, con demasiada intensidad para que se les hubiera concedido una vida larga en la tierra.</p>
</div>
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<blockquote class="tr_bq"><p>Todos los poetas son de un sitio, de una lengua, de una cultura. Pero si el cometido de la poesía es contemplar el mundo con otros ojos, volver a examinar y descubrir las cosas frente a las que todo el mundo pasa de largo sin darse cuenta, parece lógico entonces que el «sitio» del poeta resulte muchas veces desconocido para el resto de nosotros</p></blockquote>
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<p><b>Apollinaire</b> fue el primer poeta verdaderamente moderno en Francia, el primero en asumir las maravillas y contradicciones del siglo xx, en sentirse perfectamente a gusto en un mundo de automóviles, aeroplanos y ciudades colosales. <b>Samuel Beckett</b> tradujo «Zona» al inglés en 1950, véanse los primeros versos:</p>
<p><i>Al final te cansas de este mundo antiguo<br />
</i></p>
</div>
<div><i>El rebaño de puentes bala esta mañana oh pastora Eiffel<br />
</i></div>
<div><i>Te hartas de vivir en la antigüedad griega y romana<br />
</i></div>
<div><i><i>Hasta los automóviles parecen antiguos aquí<br />
Sólo la religión sigue joven la religión<br />
tan simple como los hangares de Port-Aviation</i></i>Solo en Europa no eres antiguo oh Cristianismo<br />
El europeo más moderno es usted Papa Pío X<br />
Y a ti a quien observan ventanas la vergüenza te impide<br />
Entrar en una iglesia y confesarte esta mañana<br />
Lees octavillas catálogos carteles que cantan bien altoHe ahí la poesía esta mañana y para la prosa están los diarios<br />
Están los fascículos a 25 céntimos llenos de aventuras policiacas<br />
Retratos de grandes hombres y mil títulos diversos</p>
<p>He visto esta mañana una preciosa calle cuyo nombre he olvidado<br />
Nueva y reluciente clarín del sol<br />
Cuatro veces al día del lunes por la mañana al sábado por la tarde Pasan directores obreros y bellas taquimecanógrafas</p>
</div>
<div><i>Y tres veces por la mañana gime la sirena<br />
Una campana rabiosa ladra a mediodía<br />
Las inscripciones de muros y letreros<br />
Las placas los anuncios chillan como loros<br />
Me encanta la gracia de esta calle industrial<br />
de París entre la calle Aumont-Thiéville y la avenida des Ternes </i>Cuarenta años más tarde, en un poema titulado «A Step Away from Them« («A un paso de ellos»), <b>O’Hara</b> describe un paseo que da por el centro de Manhattan a la hora de comer, cavilando sobre la gente que ve y oye al pasar, evocando espléndidamente la mezcolanza de las calles y aceras de Nueva York, pensando en sus amigos muertos hace poco, sucesivamente dichoso y nostálgico, enteramente sensible a lo que lo rodea, y entonces, de improviso, el poema concluye con estos versos: «Un vaso de zumo de papaya / y vuelta al trabajo. Llevo el corazón / en el bolsillo, es <i>Poemas</i> de <b>Pierre Reverdy</b>».<b>Reverdy</b>: el contemporáneo, tan admirado, de <b>Apollinaire</b>; como si en el último verso <b>O’Hara</b> nos dijera: <b>Reverdy</b> está conmigo, su obra me ha ayudado a ver todas las cosas que estoy viendo, y sin su ejemplo no sería capaz de saber dónde estoy.</p>
<p>Todos los poetas son de un sitio, de una lengua, de una cultura. Pero si el cometido de la poesía es contemplar el mundo con otros ojos, volver a examinar y descubrir las cosas frente a las que todo el mundo pasa de largo sin darse cuenta, parece lógico entonces que el «sitio» del poeta resulte muchas veces desconocido para el resto de nosotros. Se pone a mirar esa pared de ladrillo, esa montaña o esa flor y medita sobre ello más que nosotros, de modo que, cuando nos lo cuenta, hay buenas posibilidades de que nos sorprenda, de que nos diga cosas en las que no hemos pensado hasta oír sus palabras, y por tanto esas palabras pueden parecernos extrañas. Para entenderlas puede que tengamos que escuchar por segunda vez. Puede que por centésima vez —o durante cien años— antes de que comprendamos lo que está diciendo.</p>
<p>Lo que nos lleva de vuelta a <b>Poe</b>: el infortunado, incomprendido Edgar Allan <b>Poe</b>, el hombre que no encajó en Norteamérica, pero norteamericano de todas formas. Y más profundamente americano que los poetas que se negaron a asistir en 1875 a la ceremonia celebrada en su memoria: Longfellow y Whittier, a quienes años antes había calificado justamente de imitadores y farsantes. Tuvieron que ser los franceses quienes rescataran a <b>Poe</b> de la oscuridad. Pero desde entonces hemos sido capaces de reclamarlo como nuestro.</p>
<p><b>Poe</b> y <b>Whitman</b>, dos escritores sumamente diferentes, pero ambos intrínsecamente norteamericanos, y es significativo, en mi opinión, que el propio <b>Whitman</b> pudiera finalmente reconocerlo hacia el final de su vida. ¿Qué quiero decir con norteamericano? Un escritor que está directamente comprometido con la cuestión misma de Norteamérica. En la primera mitad del siglo xix, eso significaba encarar la novedad del país, su enorme tamaño, el frenesí materialista que impulsaba a sus ciudadanos, pero también la idea de Norteamérica, el sueño utópico de que en cierto modo estaba destinada a convertirse en un segundo Edén. <b>Whitman</b>, desde luego, trata todo eso en su obra, mientras que <b>Poe</b> lo rehúye, horrorizado por la falta de tradición del país, su vulgaridad, su entusiasmo por dar siempre la última palabra al dinero. Sin embargo, nadie que no fuese norteamericano podría haber escrito la obra de <b>Poe</b>, lo mismo que <b>Baudelaire</b> y <b>Mallarmé</b> —dos colosos igualmente enamorados de <b>Poe</b>— no podrían haber sido de otro sitio que no fuera Francia.</p>
<p>Allí, el problema era precisamente el contrario de lo que prevalecía en Norteamérica: demasiada tradición, demasiado pasado, demasiados monumentos que saturaban el presente, sin regiones inhabitadas ni espacios en los que perderse, en los que reinventarse. Empezando por <b>Baudelaire</b>, la historia de la poesía francesa ha sido de corrosión, un intento de desgastar esos monumentos y despejar un espacio nuevo en el que respirar. Creo que por eso sentía <b>Baudelaire</b> tanto entusiasmo por <b>Poe</b>: porque estaba enfrentado con su territorio. Pero también por eso atrajo <b>Whitman</b> a tantos poetas franceses de épocas más tardías: porque los inició en el mito del aire libre…</p>
<h6 id="foto-de-paul-auster-edu-bayer">Foto de Paul Auster © Edu Bayer</h6>
<p><a href="http://www.librosyletras.com/2017/11/discurso-de-paul-auster-en-la-apertura.html"><strong>Fuente: Libros y Letras</strong></a></p>
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		<title>Arte en galería</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2017/10/arte-en-galeria/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 13 Oct 2017 18:34:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Aída Osobampo]]></category>
		<category><![CDATA[Arte]]></category>
		<category><![CDATA[Artista]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Aida Osobampo / @aida.osobampo A veces me parece haber vivido muchas vidas. Tengo tantas cicatrices en el&#8230;</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Aida Osobampo / @aida.osobampo</strong></p>
<p>A veces me parece haber vivido muchas vidas. Tengo tantas cicatrices en el alma que hacer de ellas un museo no parece mala idea. Las imagino como arte en galería, colgando de un pequeño clavo sobre una pared blanca contando su propia historia. “Miren esta de cuando perdí la inocencia”. “Aquí les presento esta otra de cuando en plena miel se me rompió la ilusión”. Y así en silencio y contemplación recorrer la sala como quien atestigua una vida. ¿No les suena conocido este relato? ¿Quién podría, por más que lo intentara, componer un saco remendado?</p>
<p>Así vivimos, remendando sacos, sanando heridas y contemplando cicatrices. Así vivimos, contando historias, imaginando cuentos y escribiendo fábulas.</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>Mientras relato lo que mis memorias no pudieron hablar y mientras sobre el papel dibujo lo que mis ojos no se atrevieron a contar se consume la luz de mi existencia y las paredes blancas pierden su pureza. Qué es el arte sino el resultado del incansable intento y de la absurda necesidad de entender la vida misma. Qué es el artista sino el intérprete de sueños. Y qué es el poeta sino el amante perverso de las letras.</p>
<p>No me digas que comprendes lo que has visto. Un espectador es sólo eso; un corrompido juicio, esclavo de pre-concepciones. El espectador clama por tener la libertad de un ave mientras construye su jaula y recoge plumas del pavimento para tejer atrapasueños que coloca sobre su cabecera. El espectador no quiere alas, quiere plumas.</p>
<p>Sólo se vive una vez si tu talento es observar, pero mis cicatrices dicen que mi alma es inmortal.</p>
<p><a href="http://tiraflechasblog.wordpress.com" target="_blank" rel="noopener noreferrer" data-saferedirecturl="https://www.google.com/url?hl=es&amp;q=http://tiraflechasblog.wordpress.com&amp;source=gmail&amp;ust=1508001026145000&amp;usg=AFQjCNEyFNjfMBnM82fBZcm1MWaKKS4SJA">tiraflechasblog.wordpress.com</a></p>
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		<item>
		<title>Consejos para escribir poesía</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2017/04/consejos-escribir-poesia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 24 Apr 2017 04:04:55 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Poetas]]></category>
		<category><![CDATA[Rayner Valdés]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Rayner Valdés Romero La poesía a veces puede interpretarse y a veces no, a veces es abstracta&#8230;</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Rayner Valdés Romero</strong></p>
<p>La poesía a veces puede interpretarse y a veces no, a veces es abstracta o en prosa, y otras veces es como la ciencia: medida, calculada, enlazada verso a verso con mucho cuidado, o simplemente, con métrica.</p>
<p>La poesía no solo es arte, sino que se le considera el sexto arte. El buen poeta, no es el más romántico, ni el más erótico, ni el más sarcástico, ni el más intelectual o el que utiliza más palabras rebuscadas, pero sí el que plasma lo que siente en cada poema.<br />
Un poeta siente cada palabra que escribe. Se inspira recordando cosas del pasado o imaginando cosas que aun están por llegar, con sonidos y canciones, con sabores y olores.</p>
<p>Un poeta se vale de sus cinco sentidos.  Aquí te presento algunos hábitos con técnicas de modelaje de la PNL para ser un poeta:</p>
<p>1. Trota o camina solo, y sin música, durante la noche o madrugada. La soledad, el movimiento y el cambio continuo de ambiente te llevarán a hacer introspección, a cuestionarte o cuestionar cosas, a ser un filosofo empírico y de la filosofía a la poesía no hay mucho que recorrer.</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>2. Cocina tu propia comida y haz recetas nuevas cada vez que te sea posible.<br />
El trabajo manual, te hará más humilde y sensible, si es que aún no lo eres. Lo más aceptado, durante miles de años, es que las mujeres sean las que cocinen y los hombres nos hemos acostumbramos a eso, hasta el punto en que, habiendo alcanzado la mayoría de edad, todavía no saben preparar ningún plato. Cocinar no solo va a exigirte aprender una nueva destreza, sino que va a ponerte en el lugar de esas millones de personas, en su mayoría mujeres, que lo han hecho y lo siguen haciendo. Desarrollarás tu sentido del gusto y olfato.</p>
<p>3. Lee algunos poemas diariamente, no importa si tienen métrica o son en prosa.<br />
Ampliaras tu léxico y descubrirás que la poesía tiene muchas formas: cuartetos, serventesios, décimas, sonetos, haikus, tankas, quintillas, versos libres, etc.</p>
<p>4. Sacia tu curiosidad. Aprende cosas nuevas, ve películas biográficas, descubre nuevas canciones, asiste a nuevos sitios, aprende un poco de todo lo que te llame la atención: medicina, deportes, geografía, historia, matemática, moda, electrónica, agricultura, etc. Con el tiempo, aumentará el numero de palabras que conoces y cada vez se te hará más fácil encontrar analogías o comparaciones para tus poemas.</p>
<p>Además de lo anterior, un buen poeta sabe apreciar el silencio y reposar en la soledad. Cuando el poeta escribe, lo deja todo, como si no hubiese mañana, y tenga sentido o no, cada poema es una pieza invaluable.</p>
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			</item>
		<item>
		<title>10:17</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2016/11/1017/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 17 Nov 2016 14:52:42 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Poesía]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<guid isPermaLink="false">http://www.seisgradosblog.com/?p=2318</guid>

					<description><![CDATA[<p>Por Jaz Álvarez / @sanduichitos &#160; cerré mis ojos y juré no abrirlos juré dejar las llaves puestas&#8230;</p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://www.seisgradosblog.com/2016/11/1017/">10:17</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://www.seisgradosblog.com">Seis Grados - Experiencias que nos conectan</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por <span class="gD">Jaz Álvarez / @sanduichitos</span></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>cerré mis ojos y juré no abrirlos</p>
<p>juré dejar las llaves puestas en el cerrojo</p>
<p>juré dejar de crear imágenes sensoriales</p>
<p>para extraños en sitios ajenos a mí</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>conté los minutos y las horas</p>
<p>el mar susurró y sonaba como tu voz</p>
<p>conté los minutos y las horas</p>
<p>sin darme cuenta corté mi muñeca</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>aún cuando mi sangre brille</p>
<p>en el reflejo de un vidrio cristalino</p>
<p>aún cuando mis ojeras se conviertan</p>
<p>en algo más que una porción de mi cara</p>
<p>aún cuando me canse de esperar</p>
<p>aún cuando deje mi cuerpo junto a tu luz</p>
<p style="text-align: left;">                                                                                 aún así</p>
<p style="text-align: left;">habrá un instante de reminiscencia</p>
<p style="text-align: left;">de nuestras miradas cruzándose</p>
<p style="text-align: left;">nuestros labios</p>
<p style="text-align: left;">                                añorándose</p>
<p style="text-align: left;">nuestras uñas</p>
<p style="text-align: left;">                               carcomiéndose</p>
<p style="text-align: left;">en una esencia de ternura</p>
<p style="text-align: left;">que sólo tú y yo sabremos</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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			</item>
		<item>
		<title>Pérdida</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2016/11/perdida/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 15 Nov 2016 01:46:14 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Relatos]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Jaz Álvarez / @sanduichitos ¿Qué tan difícil puede resultar volver a la rutina? Esto era algo que&#8230;</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por <span class="gD">Jaz Álvarez / @sanduichitos</span></strong></p>
<p>¿Qué tan difícil puede resultar volver a la rutina? Esto era algo que Daniela no podía entender. Cada vez que recordaba lo que había pasado el septiembre pasado dejaba de pensar claramente. La ropa estaba limpia, los platos estaban en su sitio, cada cosa en su lugar, la casa limpia. ¿Qué era lo que le molestaba a Daniela? Probablemente el pensamiento de que cada día de estar cansada de fingir que no podía reconocer que la distancia de hoy era más que la del día anterior. Que una de sus mayores debilidades se estaba apoderando de ella y era el pensamiento de que nada de lo que vivió anteriormente se podría repetir, que probablemente estaba en la cúspide de su vida y su muerte.</p>
<p>Daniela no podía fingir estar conforme con su situación actual, no desde lo que pasó con Jorge. La única forma en la que Daniela podía mantenerse ocupada era bebiendo vino y haciendo invitaciones inconscientes a los recuerdos de Jorge. Jorge era un hombre excepcional que Daniela por siempre recordará. Pero, ¿De qué vale recordar muertos? Daniela siempre pensó que en el momento en el que Jorge desapareció, empezó a formar parte de su constelación favorita, y por un buen período de tiempo, se lo creyó.</p>
<p>Daniela era amante del vino y el jazz mientras Jorge era amante del rock y la cerveza, según Jorge, eso era los que los unía tanto. Sus diferencias eran un método de supervivencia para ambos, tratando de hacer que el otro se sintiese cómodo. Durante un tiempo Daniela dejó de creer en fuerzas superiores y recurría a las estrellas, siempre decía que éramos polvo de estrellas y por más que lo negáramos, de ahí venimos y hacia allá íbamos.</p>
<p>Daniela nunca había contemplado la vida como lo era, como algo valioso digno de resguardar. Jorge desapareció y Daniela se le unió ¿Era esto parte de la rutina? Simplemente eran amantes que buscaban un escape de la realidad que les quebraba el nervio y les martillaba la cabeza, pero no hay nada poético sobre el suicidio. No hay nada poético en morir como un mártir del amor, haciendo de la muerte y la tragedia algo romántico y exasperante para ambos. La muerte de Jorge hizo que Daniela perdiera su perspectiva, porque no entendía que no estaban ahí para ser sino para sentir. Ahora son polvo de estrellas como alguna vez lo fueron, volviendo al inicio.</p>
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]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Salvaje</title>
		<link>https://www.seisgradosblog.com/2016/11/salvaje/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[MCM]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 04 Nov 2016 16:34:31 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Collage]]></category>
		<category><![CDATA[Hombres]]></category>
		<category><![CDATA[Laura Peña Betancourt]]></category>
		<category><![CDATA[Locura]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía]]></category>
		<guid isPermaLink="false">http://www.seisgradosblog.com/?p=1922</guid>

					<description><![CDATA[<p>Por Laura Peña Betancourt Moriré creyendo que la esencia de los hombres me enloquece, que son animales mustios&#8230;</p>
<p>La entrada <a rel="nofollow" href="https://www.seisgradosblog.com/2016/11/salvaje/">Salvaje</a> se publicó primero en <a rel="nofollow" href="https://www.seisgradosblog.com">Seis Grados - Experiencias que nos conectan</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por</strong> <strong>Laura Peña Betancourt</strong></p>
<p>Moriré creyendo que la esencia de los hombres me enloquece,</p>
<p>que son animales mustios y que no piensan a veces.<span id="more-495"></span></p>
<p>Moriré creyendo que no sería Laura sin la existencia de locos que me hacen vivir la vida a su antojo.</p>
<p>Moriré con la esperanza de que el hombre nunca se vuelva humano porque así me gusta. Así, salvaje.</p>
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